El dólar perdió más de la mitad de su poder de compra en 30 años, pero sigue siendo el principal refugio de los ahorristas argentinos

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El dólar perdió aproximadamente el 53% de su poder adquisitivo durante los últimos 30 años por efecto de la inflación estadounidense.
  • Las políticas monetarias expansivas aplicadas en distintas crisis aceleraron el deterioro del valor de la divisa.
  • Pese a esa pérdida, el dólar continúa siendo el principal refugio de ahorro para los argentinos frente a la devaluación del peso.
  • Los especialistas recomiendan combinar el resguardo en dólares con inversiones que permitan compensar la inflación internacional.
  • Entre las alternativas figuran obligaciones negociables, bonos y CEDEARs vinculados a activos del exterior.
  • La fuerte depreciación histórica del peso mantiene vigente el rol del dólar como principal herramienta de preservación patrimonial en la Argentina.

Aunque suele ser considerado la moneda más sólida del mundo y el principal refugio de valor para los argentinos, el dólar también enfrenta el impacto de la inflación. Diversos economistas coinciden en que, a lo largo de las últimas tres décadas, la divisa estadounidense perdió más de la mitad de su poder adquisitivo como consecuencia del aumento sostenido de los precios en Estados Unidos. Sin embargo, pese a ese deterioro, continúa siendo la opción preferida para el ahorro en la Argentina debido a la histórica depreciación del peso.

De acuerdo con distintos análisis económicos, el dólar perdió alrededor del 53% de su capacidad de compra en los últimos 30 años. Esto significa que un ahorrista que simplemente conservó billetes estadounidenses durante ese período puede adquirir hoy menos de la mitad de los bienes y servicios que podía comprar cuando comenzó a ahorrar.

Los especialistas explican que esta pérdida responde al comportamiento natural de una economía que mantiene niveles moderados de inflación de manera sostenida. Incluso si la Reserva Federal (Fed) hubiera logrado mantener permanentemente su objetivo del 2% anual, el efecto acumulativo de ese incremento de precios habría reducido de forma significativa el poder adquisitivo de la moneda con el paso del tiempo.

A ese fenómeno se sumaron episodios extraordinarios que aceleraron la inflación estadounidense. Entre ellos figuran la crisis financiera internacional de 2008 y, más recientemente, la pandemia de Covid-19, cuando la autoridad monetaria implementó fuertes programas de expansión monetaria y bajas tasas de interés para sostener la actividad económica. Esas políticas estuvieron acompañadas por importantes estímulos fiscales y por problemas en las cadenas globales de abastecimiento que impulsaron el aumento de los precios.

Economistas señalan que el abandono definitivo del patrón oro en 1971 marcó el inicio de una nueva etapa para el sistema monetario internacional, basada en monedas fiduciarias respaldadas por la confianza en los bancos centrales. Desde entonces, la expansión de la oferta monetaria se convirtió en una herramienta habitual para enfrentar crisis económicas, aunque también contribuyó a la pérdida gradual del poder de compra del dólar.

No obstante, esa realidad internacional convive con una situación completamente diferente en la Argentina. Mientras la inflación estadounidense se mantuvo en niveles relativamente bajos durante décadas, la economía argentina experimentó sucesivas crisis cambiarias, fuertes procesos inflacionarios y reiteradas devaluaciones del peso, consolidando al dólar como el principal activo de resguardo para las familias.

La diferencia queda reflejada en la evolución del tipo de cambio. A comienzos de este siglo, un dólar equivalía a un peso bajo el régimen de convertibilidad. En la actualidad, la cotización supera ampliamente los $1.500 por unidad, lo que evidencia la magnitud de la pérdida de valor de la moneda nacional frente a la divisa estadounidense.

Por esa razón, los analistas sostienen que el dólar continúa desempeñando un rol central como mecanismo de protección patrimonial para los argentinos. Más que una inversión destinada a generar rentabilidad, es considerado una herramienta para preservar el valor de los ahorros frente a la inflación local y las recurrentes depreciaciones del peso.

Sin embargo, los especialistas también advierten que conservar dólares físicos durante largos períodos implica aceptar la pérdida de poder adquisitivo que genera la inflación internacional. En consecuencia, recomiendan evaluar alternativas de inversión que permitan obtener rendimientos en moneda estadounidense y compensar parcialmente ese deterioro.

Entre las opciones más mencionadas aparecen las obligaciones negociables emitidas por empresas, los bonos soberanos y, para quienes tienen horizontes de inversión más prolongados, los Certificados de Depósito Argentinos (CEDEARs), que permiten acceder a acciones y fondos del exterior. La elección de cada instrumento depende del perfil de riesgo, del plazo de inversión y de los objetivos financieros de cada ahorrista.

Pese a la existencia de estas alternativas, los economistas consideran que numerosos pequeños inversores continúan optando por el dólar billete debido a su simplicidad, liquidez y facilidad de acceso, incluso fuera del sistema financiero formal. A ello se suma la limitada educación financiera y las dificultades que todavía enfrentan muchos argentinos para acceder a instrumentos internacionales de inversión.

En ese contexto, concluyen que el dólar sigue siendo el principal refugio de valor en la Argentina, aunque recuerdan que, como cualquier moneda, también pierde capacidad de compra con el paso del tiempo, lo que convierte a la inversión productiva y financiera en una herramienta cada vez más relevante para quienes buscan preservar el valor real de sus ahorros.

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