Un acuerdo con impacto global: las implicancias económicas de la aprobación del pacto entre la UE y el Mercosur

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El acuerdo UE–Mercosur creará la mayor zona de libre comercio del mundo por población y PBI.
  • Prevé la eliminación de aranceles sobre el 90% del comercio bilateral, con plazos graduales.
  • El Mercosur podría potenciar exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras.
  • Europa busca asegurar abastecimiento y ampliar el acceso de su industria a Sudamérica.
  • Las estimaciones proyectan un fuerte incremento del comercio y de las exportaciones europeas.
  • Los beneficios económicos dependerán de la ratificación y de la implementación a mediano plazo.

La aprobación del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur por parte del Consejo Europeo marcó un punto de inflexión económico tras más de 25 años de negociaciones. Con el respaldo de 21 de los 27 Estados miembro, el entendimiento destrabó un proceso largamente demorado y reactivó un tratado que, de concretarse plenamente, dará lugar a la mayor zona de libre comercio del mundo, tanto por población como por volumen económico.

Desde una perspectiva estrictamente económica, el alcance del acuerdo es significativo. El mercado que integrarán ambos bloques reúne a unos 722 millones de habitantes y un Producto Bruto Interno conjunto estimado en 22 billones de dólares. En términos de comercio, el intercambio actual entre la UE y el Mercosur asciende a unos 88.000 millones de euros anuales en bienes y cerca de 34.000 millones en servicios, cifras que podrían ampliarse de manera sustancial una vez que entren en vigencia las desgravaciones arancelarias previstas.

El núcleo del acuerdo apunta a la eliminación progresiva de aranceles sobre aproximadamente el 90% del comercio bilateral. A diferencia de otros tratados firmados por la UE, los plazos de desgravación serán más extensos, lo que busca amortiguar el impacto sobre sectores sensibles y facilitar una adaptación gradual de las economías involucradas. Para el Mercosur, este esquema abre una oportunidad relevante para potenciar exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras, sectores en los que la región cuenta con claras ventajas comparativas.

En particular, el acceso preferencial al mercado europeo promete un impulso para productos agrícolas y alimentos procesados, así como para la exportación de energía y minerales críticos, insumos cada vez más demandados en la transición energética global. Para países como Argentina y Brasil, el acuerdo aparece como una herramienta para diversificar mercados, reducir la dependencia de destinos tradicionales y mejorar la previsibilidad de largo plazo para las inversiones orientadas a la exportación.

Del lado europeo, el impacto económico también es considerable. Además de garantizar el abastecimiento de alimentos y recursos estratégicos, la UE busca facilitar el ingreso de su producción industrial al mercado sudamericano. En un escenario internacional marcado por la competencia con Estados Unidos y China, el acuerdo con el Mercosur es visto como una forma de reposicionamiento comercial y geopolítico, consolidando cadenas de valor más estables y previsibles.

Estimaciones de fuentes europeas señalan que el bloque podría sumar cerca de 10.000 millones de dólares anuales en exportaciones adicionales, mientras que el crecimiento total del comercio bilateral podría rondar los 60.000 millones de dólares. Más allá de las cifras, el tratado establece un marco regulatorio amplio que incluye servicios, propiedad intelectual, compras públicas, comercio sostenible y mecanismos de solución de controversias, elementos clave para reducir riesgos y mejorar el clima de negocios.

Sin embargo, los efectos económicos no serán inmediatos. Una vez firmado, el acuerdo deberá ser ratificado por cada país del Mercosur y por los parlamentos nacionales de los Estados miembro de la UE. Ese proceso institucional puede extenderse durante meses o incluso años, lo que posterga la aplicación efectiva de los beneficios comerciales. Aun así, la aprobación política lograda esta semana envía una señal clara a los mercados sobre la voluntad de integración entre ambos bloques.

En el caso argentino, la expectativa oficial es que el acuerdo contribuya a una mayor inserción internacional y a la ampliación de las exportaciones, aunque se reconoce que los resultados concretos dependerán de la capacidad de adaptación de los sectores productivos y de la estabilidad macroeconómica. En ese sentido, el pacto con la UE aparece más como una plataforma de largo plazo que como una solución inmediata, pero su aprobación reubica al Mercosur en el mapa del comercio global.

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