El dólar como termómetro: la economía entra en 2026 con la urgencia de juntar reservas

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
607753
  • El foco de la política económica se desplaza de la inflación a la acumulación de reservas.
  • El dólar pasa a ser un termómetro de consistencia macro y sostenibilidad externa.
  • Las reservas netas siguen en niveles frágiles pese a la mejora reciente.
  • El balance cambiario mostró alivio, pero con señales aún transitorias.
  • La demanda de dólares continúa elevada, incluso con menor atesoramiento.
  • El riesgo país y el acceso al financiamiento serán claves para evitar tensiones cambiarias.

La economía argentina llega a 2026 con un cambio de prioridades que reordena las preguntas del mercado. Tras dos años en los que el eje estuvo puesto en bajar la inflación y disciplinar la nominalidad, el foco se desplaza ahora hacia una urgencia que condiciona toda la macroeconomía: acumular dólares y fortalecer el frente externo sin romper el frágil equilibrio alcanzado. En ese nuevo tablero, el dólar deja de ser solo un resultado de la política antiinflacionaria para transformarse en un indicador clave de consistencia macroeconómica.

El tipo de cambio ya no se mira únicamente por su nivel o por su cercanía al techo de la banda, sino por lo que revela sobre reservas, financiamiento, confianza y sostenibilidad del esquema. El arranque del año suma presión: la estacionalidad juega en contra, la oferta de divisas es menor hasta la cosecha y la demanda de dólares sigue elevada. Con esos ingredientes, cada rueda cambiaria se convierte en una señal anticipada de si el programa logra estabilizar el frente externo o si vuelve a recalentar tensiones conocidas.

En ese contexto, el debate central para 2026 se resume en una pregunta tan simple como incómoda: cómo acumular reservas sin disparar al dólar. Detrás de ese interrogante aparece otro, igual de determinante: qué anclas quedan disponibles cuando el tipo de cambio deja de ser el principal freno de la inflación.

Desde el análisis de GMA Capital, la acumulación de reservas pasa a ser el nuevo norte del programa económico, aun si eso implica resignar parte de la velocidad de la desinflación. El ancla muta desde un enfoque más nominal hacia uno de mayor consistencia externa, donde el stock de dólares vuelve a dominar la conversación. Si bien las reservas muestran una mejora respecto del punto de partida, las netas siguen en una zona sensible, lo que limita el margen para sostener un esquema cambiario creíble sin un colchón más robusto.

El Banco Central apunta a sumar hasta USD 10.000 millones mediante compras en el mercado oficial, con un tope operativo de hasta el 5% del volumen diario. El desafío es que ese objetivo depende de la disponibilidad de divisas en un período estacionalmente adverso y con un calendario exigente de vencimientos. En ese marco, el dólar se convierte en el reflejo inmediato de si el plan de recomposición externa avanza o choca con la restricción de dólares.

Desde Invecq aportan una lectura complementaria. El balance cambiario de noviembre mostró una mejora: la Cuenta Corriente volvió a ser deficitaria, pero con un rojo mucho menor al del mes previo. La corrección provino principalmente del comercio de bienes, que pasó a superávit, y de un menor déficit en servicios, en especial turismo. Sin embargo, los analistas advierten que el resultado sigue siendo frágil y condicionado por factores transitorios, como el adelantamiento de liquidaciones del sector agroexportador.

El frente exportador también dejó señales de cautela, con caídas interanuales en dos meses consecutivos, mientras que la contención de importaciones explicó buena parte del alivio reciente. Es una mejora que baja la tensión, pero no cambia el diagnóstico de fondo: la economía sigue dependiendo de un delicado equilibrio entre actividad, demanda de dólares y disponibilidad de reservas.

El esquema cambiario también se ajusta a esta nueva lógica. A partir de enero, las bandas se actualizan según la inflación con rezago, habilitando un tipo de cambio más alto para reducir la apreciación real y reforzar credibilidad. En paralelo, el Banco Central impulsa una remonetización gradual, que solo será sostenible si la demanda de pesos acompaña. De lo contrario, cualquier intento de acumular reservas puede trasladarse a presión sobre precios o sobre el propio dólar.

La demanda de divisas, en tanto, no afloja. Aunque se moderó el atesoramiento respecto de los picos recientes, el ritmo sigue siendo elevado y comparable con años sin cepo. A eso se suma el fuerte gasto en dólares con tarjeta y un mercado mayorista que se mueve cerca del techo de la banda, con intervenciones puntuales para contener la cotización.

En el trasfondo, el riesgo país aparece como la variable síntesis. Mantener su tendencia a la baja es clave para acceder a financiamiento, refinanciar vencimientos y evitar pagos en efectivo que drenen reservas. En un año con compromisos externos relevantes, la posibilidad de sostener la estabilidad cambiaria dependerá tanto del flujo de dólares como de la confianza en que el esquema económico puede sostenerse sin sobresaltos.

Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto