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Más Urquiza y menos Alberdi

OPINIÓN 13/02/2024 Claudio Chaves*
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Comencemos por el punto central de la nota. Alberdi está de moda, lo ha instalado el Presidente y el grupo de intelectuales que lo rodean. A partir de esta presencia se hace uso del tucumano para defender o menguar los argumentos de Milei. Se citan frases sobre economía, finanzas, relaciones exteriores, inmigración, periodismo, constitucionalismo y cuanto sea útil y necesario a la oportunidad.

Sin embargo, ¿se halla el pensamiento profundo de Alberdi en estas frases recortadas? Otra pregunta, ¿vale una cita cualquiera, tomada al azar, para arrogarse la exégesis alberdiana? La mayoría de estos párrafos están descontextualizados, por lo tanto, es inconveniente proyectarlos al presente. De todos modos no está aquí el problema.

Alberdi debe ser abordado como actor histórico-político. Su extensa vida lo encontró en distintos espacios. Veremos algunos. Pero lo esencial en él y en la vida intelectual de aquellos años consiste en identificar su método de pensamiento, lo que en el mundo de la ciencia filosófica se denomina epistemología. No quiero abrumar al lector, se trata, en síntesis, de conocer el mecanismo mental instrumentado por Alberdi para entender y actuar sobre la realidad. Y esto último es central, fundamentalmente, para aquellos que reivindican a Alberdi y desconocen este dispositivo intelectual.

DOS LIBERALISMOS

En este asunto seré lo más conciso posible en virtud que el tema lo he desarrollado en algunos libros y en un debate con Armando Rivas aparecido en cuatro cartas en el diario La Prensa. El liberalismo clásico, el que profesa Milei, es el que dio origen a la Revolución Francesa. (Diderot, Montesquieu, Rousseau y fundamentalmente Condorcet) no creo que los haya leído, pero a través de otras lecturas se impregnó de ese liberalismo. Creen en el progreso a partir de ideas construidas al margen de la historia, las tradiciones, las costumbres, la geografía y la religión. Es un liberalismo que hace tabula rasa con el pasado y a golpes de “verdades” elaboradas en el intelecto las imponen desde afuera de la historia, a un pueblo, una sociedad, un país, higienizando hábitos y prácticas. Lo llamaremos Iluminismo.

Dos ejemplos: Napoleón al exportar la revolución francesa a toda Europa lo hacía convencido que sus principios y valores eran superiores a los que practicaban los pueblos invadidos. El caso de España fue fatal para él, y en Alemania, el daño fue mayor, pues ahí se gestó la reacción ideológica al Iluminismo, sin romper con el liberalismo. Ya lo veremos. El otro ejemplo, más cercano a nosotros, fue la invasión de EE.UU. a Irak ( Bush hijo) se realizó convencidos que las tropas impondrían por la fuerza la democracia. No pudo ser. Esta exterminación del iluminismo, la historia lo denominó jacobinismo, siendo su cara más cruel, Robespierre quien hacía de la virtud extrema y la fidelidad a la revolución, causa de vida o muerte. Terrorismo de Estado, el verdadero, pues por medio de escenas públicas de guillotina, se impusieron, por el miedo, las ideas de la libertad. El jacobinismo no fue patrimonio único del liberalismo; el nacionalismo y el marxismo llevaron adelante las mismas prácticas extremistas. Como por ejemplo Hitler y Fidel Castro, al difundir por la fuerza su revolución.

LA REACCIÓN ALEMANA. UN NUEVO LIBERALISMO: EL ROMANTICISMO.

Los alemanes rechazaron a Napoleón, a las ideas de la Revolución y al Iluminismo. Crearon el romanticismo y en el territorio de la historia y la filosofía: el historicismo. No creían en la imposición de valores y principios por fuera de las costumbres, las tradiciones y la historia. Al igual que el Iluminismo, creían en el progreso, pero no hecho a golpes de ideas revolucionarias, sino como un desencadenante natural del devenir histórico. Sencillo, no creían en la Revolución sino en la Evolución. ¿A qué viene todo esto? A que Alberdi era un liberal historicista y negado al iluminismo. No es el lugar para dar ejemplos, pero no puedo dejar pasar uno, escribía: “promover el progreso, sin precipitarlo; evitar los saltos y las soluciones violentas en el camino gradual de los adelantamientos, abstenerse de hacer cuando no se sabe hacer, o no se puede hacer, proteger las garantías públicas, sin descuidar las individualidades, cambiar, mudar corregir conservando.” Esta frase encierra la centralidad del pensamiento de Alberdi y del historicismo. Esto no tiene nada que ver con la consigna del gobierno actual: A Todo o Nada, similar en algún punto al kirchnerismo extremo.

A todo o nada es iluminismo puro, es jacobinismo, es tabula rasa y en este punto la acción política desplegada por el gobierno actual nada tiene que ver con Alberdi sino con mecanismos políticos afines a la izquierda y el nacionalismo radical.

ALBERDI Y URQUIZA

Cuando el caudillo entrerriano triunfó sobre Rosas se dispuso a organizar constitucionalmente el país. Absolutamente, lo contrario que había hecho el porteño. Las antípodas. Sin embargo, estaba convencido de que lo nuevo había que realizarlo con lo puesto, con lo que estaba. Aquí coincidía con Alberdi y lo separaba de Sarmiento. Dos pensadores liberales uno historicista y el otro iluminista. Sarmiento pedía desalojar del poder a los gobernadores rosistas, pues aseguraba que eran carcomas que roían del palo que están comiendo. Alberdi y Urquiza se dispusieron a realizarlo con ellos. No solo eso, Urquiza envió a provincias, para persuadir a los gobernadores sobre la voluntad de constituir el país, a un joven político que militaba en la Secretaría de Rosas, Bernardo de Yrigoyen. De haber querido Urquiza, con su ejército, podría haber desalojado del poder a los gobernadores, pero no lo hizo. No cedió a la tentación. Cierto que Buenos Aires se resistió y se mantuvo al margen, sin embargo, Urquiza le tendió una mano a los porteños al promover como su vice a Salvador María del Carril y luego de vencerlos nuevamente en Cepeda en 1859, firmó un acuerdo con ellos, el Pacto de San José de Flores, que Alberdi apoyó con énfasis: “Haber concluido un tratado de paz teniendo los medios de acabar al adversario con las armas, es un hecho que hace alto honor a su talento y a su corazón de patriota; porque siendo hermanos nuestros los vencidos, no hubiera sido feliz que asistiesen enlutados al seno de la vida común y solidaria.”

Hasta aquí político y filósofo marcharon juntos. Al poco tiempo, al conocer detalles del Pacto de San José de Flores los caminos se bifurcaron. Prevaleció la política de la unidad nacional implementada por Urquiza. El historicismo alberdiano no soportó tanto.

CONCLUSION

Cuando el ideólogo y el político se corporizan en una solo persona, fracasa la ideología y la política. En esta dura situación nos encontramos en el presente. La alternativa cultural al progresismo y a la izquierda, que tomó el poder en diciembre de 2023, se halla en un callejón donde la salida se achica dramáticamente. Una lástima. El jacobinismo iluminista debe ceder ante una realidad que se resiste a ser atropellada en vez de conducida. El Alberdi que Milei reivindica no existe. El liberalismo de Milei se asemeja al de Rivadavia y Mitre,

incluso al del Sarmiento cuando se cargó la vida de Peñaloza. Muy diferente al de Urquiza y Alberdi. Algo más ¿a que Roca pondera? Conoce Milei la carta de Roca a Juárez Celman: “En política no se debe herir inútilmente a nadie, ni lanzar palabras irreparables, porque no se sabe si el enemigo con quien hoy se combate será un amigo mañana.” Con cierta pena observo que la derecha en manos del Iluminismo es un camino sin salida.

 

 

* Para www.infobae.com

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