Tensión empresaria por una eventual regresión en la cuarentena ante las inversiones realizadas en protocolos

ECONOMÍA Por Heretz Nivel
La posibilidad de volver a la fase 1 del aislamiento puso en alerta a los empresarios, que el mes pasado implementaron costosos programas para retomar la actividad. El reclamo de los industriales por el alcance de los ATP y el acuerdo para recortar salarios.
TENSIÓN

La extensión de la cuarentena y el posible endurecimiento de sus condiciones, al punto de indicar una regresión a la primera etapa del aislamiento obligatorio, encendió nuevas alertas en el sector empresario. La medida que se evalúa en Casa Rosada aumenta la tensión -e incluso desconfianza- que empezó a teñir la relación del Gobierno con el sector privado desde que se conocieron las “ideas locas” de la diputada Fernanda Vallejos, cuyo corolario fue semanas más tarde la intervención a Vicentin. No son, en este caso, las consecuencias políticas sino las puramente económicas de un nuevo parate el principal motivo del malestar empresario, ante lo que perciben como la falta un plan concreto para amortiguar el impacto en el nivel de actividad.

Como ejemplo de la preocupación, en las empresas recuerdan que hace un mes, las grandes fábricas que lograron la autorización para la reapertura llegaron a invertir hasta USD 700.000 en los protocolos para volver a la actividad, lo que implicó no sólo la readecuación de las plantas sino también la capacitación de empleados en los nuevos modos de producción con distanciamiento social. En los casos de las pymes, según un relevamiento del Ministerio de Producción bonaerense a cargo de Augusto Costa, el desembolso promedio se ubicó en niveles muy inferiores, por debajo de los $150.000, cifra igualmente significativa cuando se trata de remontar un mes sin producción ni ventas.

En la gran mayoría de esos casos, aseguran, la implementación de esos requerimientos resultó efectiva. El nivel de contagios, al menos en la industria, tiene un registro mínimo y absolutamente manejable. De hecho, prácticamente ninguna de las plantas que volvió a funcionar tuvo que cerrar. Es el mensaje que desde la UIA repiten ante el ministro de Producción, Matías Kulfas, y su par de Trabajo, Claudio Moroni. “Ellos lo entienden perfectamente, pero la decisión se toma en la mesa política,entre Kicillof, Larreta y el Presidente. Volver a cerrar puede tener sentido en el comercio, que genera más circulación por la atención al público, pero no en la industria”, afirmaron en la central fabril.

La posibilidad de la marcha atrás en las fases de aislamiento provoca malhumor entre los directivos de las compañías y también mucha inquietud ya que significa volver al volumen de producción de abril, mes que registró una caída económica de 20% a 25% de acuerdo a las estimaciones privadas.

“Si vuelven a cerrar todo, va a ser insostenible. Empresas grandes pueden resistir pero la cadena de proveedores se complica cada vez más”, aseguraron en una automotriz radicada en el conurbano bonaerense, en la que evalúan los distintos escenarios. Es que en toda la industria no se les escapa la intención del Gobierno anunciada la semana pasada, de reducir la asistencia financiera a las empresas. “Con un enorme costo, estos meses se sobrellevaron con el aporte estatal para pagar sueldos y el acuerdo con gremios por el recorte a los salarios para los empleados suspendidos. Todo eso se tendría que renovar”, insistieron a Infobae en la UIA.

La preocupación en el sector privado no se limita exclusivamente a las empresas que pudieron reabrir sino también a aquellas que nunca frenaron su actividad por su carácter de esenciales, como las alimenticias. En estas compañías, cuya principal preocupación hoy es el aumento de costos que no pueden trasladar al público por los programas de precios impuestos por el Gobierno, están en alerta por una posible complejidad adicional que no tuvieron en la primera etapa del confinamiento: el transporte de los empleados. Trascendió anoche que se estudia interrumpir el transporte público entre la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, lo que implicaría en muchos casos que las propias empresas se hagan cargo del traslado de sus propios trabajadores, que hasta ahora recurrían a colectivos y trenes, con el correspondiente protocolo. “Sin duda es una complejidad más, que presionaría sobre los costos. Por eso para nosotros, incluso más allá de esta posibilidad, en este momento resulta esencial poder actualizar precios”, dijeron en una de las principales alimenticias del país.

La regresión en la fase de cuarentena llega en un momento sumamente complejo para todos los sectores. En algunos casos, el bajo nivel de actividad se combina con la restricción para acceder al mercado de dólares; en otros, el aumento de costos presiona y el único sector que funcionaba con cierta normalidad a pesar de sus reclamos, el campo, está hoy en estado de alerta por la repercusión que generó el caso Vicentin.

Con información de www.infobae.com sobre una nota de Virginia Porcella

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