



RESUMEN
- Martín Llaryora juega su propia partida y su objetivo central es la reelección en Córdoba.
- La relación con Javier Milei combina diferencias públicas, acuerdos concretos y una creciente cuota de pragmatismo.
- En la Casa Rosada necesitan que Córdoba siga siendo un territorio electoralmente favorable al Presidente.
- La Libertad Avanza todavía analiza si competirá con candidato propio o si privilegiará un esquema de entendimiento con Llaryora.
- Luis Juez puede convertirse en la principal piedra en el zapato de cualquier acuerdo entre el gobernador y Milei.
- La gran incógnita es qué está dispuesto a ofrecer cada uno para evitar que Córdoba se convierta en un problema para 2027.
Hay una pregunta que empieza a repetirse cada vez con mayor insistencia en la política cordobesa: ¿Martín Llaryora puede terminar siendo el mejor socio de Javier Milei en Córdoba?
La respuesta, por ahora, no está escrita. Pero hay algo que sí parece bastante claro: Llaryora no juega para Milei, juega para Llaryora. Y si para conseguir su reelección necesita tener una relación aceitada con el Presidente, seguramente la tendrá. Si necesita enfrentarlo, lo enfrentará. Y si necesita acordar, acordará.
Eso es política.
Y en Córdoba, donde nadie regala nada, el pragmatismo parece estar ganándole la pulseada a la pureza ideológica.
Las especulaciones no nacen de la nada. En los últimos meses hubo reuniones, gestos y acercamientos entre funcionarios nacionales y hombres del gobernador. También aparecieron versiones sobre un eventual entendimiento entre la Casa Rosada y el mandatario cordobés. La propia prensa nacional viene señalando que el Gobierno debe resolver qué hacer en una provincia considerada clave para el proyecto de reelección presidencial.
Llaryora juega para Llaryora
No hay que buscarle demasiadas vueltas.
Llaryora quiere cuatro años más en el poder provincial.
Ese es su objetivo. Y para conseguirlo va a hablar con Milei, con gobernadores, con radicales, con empresarios, con quien tenga que hablar.
El gobernador sabe perfectamente que Córdoba tiene una particularidad: Milei conserva allí una fortaleza electoral importante, y enfrentarse frontalmente con el Presidente puede tener costos. Pero al mismo tiempo, Llaryora necesita mantener una identidad propia frente al electorado cordobés.
Por eso hace equilibrio.
Un día marca diferencias con la Casa Rosada y al siguiente aparecen funcionarios de ambos gobiernos compartiendo reuniones y elogios. En agosto, por ejemplo, Diego Santilli mantuvo contactos con funcionarios de Llaryora, mientras que desde sectores opositores volvieron a crecer las sospechas sobre un eventual acuerdo. El Gobierno, por su parte, insiste en que quiere construir una alternativa competitiva en Córdoba.
¿Contradicción?
No necesariamente.
Es política.
Milei tampoco está para romanticismos
Del otro lado está Javier Milei.
Y Milei tampoco parece dispuesto a inmolarse en nombre de una candidatura "pura" si eso pone en riesgo su proyecto nacional.
La Libertad Avanza es pragmática. Y si el objetivo central de Milei es gobernar cuatro años más, todas las herramientas políticas estarán sobre la mesa.
Esto no significa que vaya a entregar Córdoba a Llaryora. De hecho, desde el oficialismo nacional hay dirigentes que sostienen exactamente lo contrario: que perder la provincia más identificada históricamente con el voto antikirchnerista y favorable a Milei sería políticamente inconveniente.
Pero una cosa es querer ganar Córdoba y otra muy diferente es estar dispuesto a romper cualquier posibilidad de acuerdo con Llaryora.
Ahí está el verdadero juego.
Porque si Milei necesita votos de los gobernadores para determinadas reformas nacionales, si necesita aliados territoriales y si necesita llegar a 2027 con un escenario ordenado, Llaryora puede ser una pieza demasiado importante como para descartarla de antemano.
¿Y qué pasa con el candidato libertario?
Acá aparece el problema.
Porque La Libertad Avanza tiene dirigentes que quieren competir y que vienen trabajando para construir una estructura propia en Córdoba.
Gabriel Bornoroni aparece como uno de los nombres centrales del armado libertario. Pero también está Luis Juez, que tiene aspiraciones concretas, y Rodrigo de Loredo, que tampoco parece dispuesto a mirar la elección desde la tribuna.
Y ahí puede comenzar el dolor de cabeza.
Porque si Milei acuerda con Llaryora un esquema de convivencia política, ¿qué hace con el candidato propio que viene trabajando desde hace meses?
Lo sacrifica.
¿A cambio de qué?
Esa es la pregunta.
No sabemos cuál podría ser la fórmula. Puede ser una alianza, una lista común, un acuerdo legislativo, una candidatura alternativa o cualquier otra arquitectura electoral que todavía no conocemos.
Pero en política hay algo que conviene no olvidar: los nombres son importantes hasta que dejan de serlo.
Y cuando está en juego el poder, los sellos, las candidaturas y hasta los candidatos pueden pasar a segundo plano.
La piedra en el zapato se llama Juez
Y aquí aparece Luis Juez.
Juez no parece dispuesto a esperar eternamente. Ya perdió tres elecciones para gobernador y mantiene públicamente su intención de volver a competir. En el propio espacio opositor cordobés se reconoce que su candidatura es uno de los obstáculos para ordenar una coalición alrededor de LLA.
Y Juez sabe algo que todos saben pero que pocos dicen en voz alta.
El tiempo también juega.
Tiene edad suficiente para entender que una nueva oportunidad no puede postergarse indefinidamente. Puede esperar cuatro años más, naturalmente, pero todo indica que no quiere hacerlo.
Y quienes están alrededor de Juez tampoco parecen interesados en aceptar una espera indefinida.
Quieren jugar ahora.
Por eso, si Juez decide jugar solo, puede complicar seriamente cualquier arquitectura electoral que intente construir Milei en Córdoba.
No porque necesariamente tenga garantizado un resultado, sino porque una candidatura separada puede fragmentar un espacio que necesita unidad para competir contra el peronismo cordobés.
La elección de 2023 dejó una enseñanza concreta: la división de los espacios opositores puede tener consecuencias electorales importantes. Juez estuvo muy cerca de Llaryora en aquella elección, en un escenario donde la oposición había logrado unificarse.
Córdoba no es una provincia más
Y Milei lo sabe.
Córdoba tiene un peso electoral considerable y, además, una relación política particular con el Presidente. La Casa Rosada no puede mirar para otro lado si la provincia se convierte en un campo de batalla interno entre Juez, Bornoroni, De Loredo, Llaryora y todos los que pretendan subirse al escenario.
Por eso habrá que mirar con mucha atención qué hace Milei con Juez.
Porque si existe un acuerdo con Llaryora, alguien tendrá que pagar el costo.
Y ese alguien podría ser un candidato libertario, podría ser otro dirigente de la oposición o podría ser el propio Juez si no acepta las condiciones.
Pero también puede ocurrir lo contrario: que Juez consiga convertirse en una pieza indispensable de la negociación.
Porque Córdoba es demasiado importante para Milei como para dejarla librada a una pelea de egos.
La política cordobesa entra en zona de definiciones
Por ahora, nadie puede afirmar que exista un pacto cerrado entre Milei y Llaryora. Las versiones circulan, los gestos alimentan las especulaciones y desde los distintos sectores aparecen desmentidas y lecturas interesadas.
Lo que sí existe es una coincidencia de intereses en algunos puntos.
Llaryora necesita conservar el poder en Córdoba. Milei necesita llegar fortalecido a 2027.
Y cuando dos dirigentes necesitan cosas diferentes pero pueden ayudarse mutuamente, la política suele encontrar caminos que los militantes más fanáticos jamás imaginarían.
Por eso, quizás la pregunta no sea si Llaryora jugará para Milei.
La pregunta correcta es otra:
¿Cuánto está dispuesto Milei a darle a Llaryora para que Llaryora lo ayude a llegar a 2027?
Y detrás de esa pregunta aparece otra todavía más interesante:
¿Qué precio tendrá Luis Juez para que no rompa el tablero?
Ahí puede estar la verdadera historia de Córdoba.
Porque en 2027 nadie va a jugar por amor.
Llaryora jugará por Llaryora. Milei jugará por Milei. Y Juez, si decide jugar, jugará por Juez.
El resto será negociación.
Y en política, como decía el viejo Perón, la única verdad es la realidad.



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