El estrecho de Ormuz: el cerrojo geopolítico de Irán que resiste al paso del tiempo

ECONOMÍA Ramiro FORTIS

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Tras varios meses de conflicto en Oriente Medio, Teherán demostró que posee una herramienta de coerción tan efectiva como un arsenal atómico: el dominio de facto sobre el estrecho de Ormuz. A través de esta estrecha vía marítima circula habitualmente la quinta parte del petróleo y del gas natural licuado (GNL) del planeta, una posición geográfica privilegiada que otorga a la cúpula iraní un poder de negociación extraordinario frente a las potencias occidentales y sus vecinos árabes.

Pese a los esfuerzos de Estados Unidos y las monarquías del Golfo por restar relevancia al pasaje mediante rutas alternativas, el análisis de datos de transporte revela que la influencia de Irán tardará años en diluirse. Aunque naciones como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han elevado al máximo la capacidad de sus oleoductos continentales para desviar cerca de 6 millones de barriles diarios de crudo, todavía quedarán unos 10 millones de barriles sin una vía terrestre viable. Además, la infraestructura proyectada hacia el mar Rojo o Turquía enfrenta serios riesgos de seguridad por la acción de milicias aliadas a Teherán.

El panorama es aún más complejo para el transporte de derivados del petróleo y GNL. Qatar, el principal exportador de gas de la zona, carece por completo de tuberías alternativas, y la movilización de combustibles refinados mediante camiones resulta inviable a gran escala. A esto se suma la vulnerabilidad alimentaria y logística del Golfo, dado que los países árabes importan el 95% de sus cereales por vía marítima y sus principales puertos de contenedores se ubican en el interior de Ormuz.

Ante este escenario, la estrategia iraní apunta a institucionalizar un régimen de peajes marítimos sobre los buques que transitan por sus aguas. Aunque las estimaciones más extremas de ingresos resultan inverosímiles, analistas internacionales proyectan que este esquema de tarifas podría reportar a Teherán entre 2.000 y 3.000 millones de dólares anuales. Más allá del rédito financiero, el objetivo prioritario del régimen islámico consiste en consolidar su rol histórico como guardián estratégico del comercio regional, asegurando que su influencia en los flujos globales de energía perdure mucho más allá del cese de las hostilidades.

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