
Llaryora evita quedar atrapado en el escándalo Adorni y apuesta a mostrarse como un gobernador de gestión
CÓRDOBA Por Jorge Levin

Mientras buena parte de la dirigencia política nacional discute el futuro del jefe de Gabinete Manuel Adorni y crecen las voces que reclaman su salida, incluso dentro de sectores cercanos al oficialismo libertario, el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, eligió otro camino. Lejos de sumarse a los pedidos de remoción o de involucrarse en una disputa que domina la agenda nacional, el mandatario cordobés decidió mantenerse al margen y concentrar su discurso en los problemas de la provincia.
La determinación no es casual ni improvisada. En el Centro Cívico aseguran que responde a una lectura precisa de los sondeos de opinión que llegan periódicamente al despacho del gobernador. Según sostienen cerca del mandatario, las encuestas muestran con claridad que los cordobeses valoran a Llaryora cuando se enfoca en gestionar y resolver problemas concretos, pero rechazan verlo inmerso en las tradicionales disputas de la política nacional.
"Las encuestas le marcan que la gente no lo quiere haciendo politiquería, lo quiere gestionando", repiten en el llaryorismo. Por eso, el gobernador evita pronunciarse sobre episodios que considera parte de la rosca política porteña y reserva sus críticas al Gobierno nacional para cuestiones vinculadas directamente con la administración pública o los intereses de Córdoba.
La postura marca una diferencia evidente con su antecesor, Juan Schiaretti, quien días atrás se expresó públicamente reclamando la salida de Adorni, alineándose con sectores del PRO y con la posición que impulsa Mauricio Macri. La decisión del ex gobernador volvió a mostrar que dentro del peronismo cordobés existen matices respecto de cómo relacionarse con la administración de Javier Milei.
En el entorno de Llaryora sostienen que involucrarse en una ofensiva contra Adorni no aportaría ningún beneficio político para la provincia. Por el contrario, consideran que los ciudadanos esperan que el gobernador concentre sus esfuerzos en gestionar, reclamar recursos y defender los intereses cordobeses.
La distancia también se evidenció respecto de otros referentes del espacio. Mientras la diputada Natalia de la Sota eligió confrontar abiertamente con funcionarios nacionales y construir un perfil más crítico frente a la Casa Rosada, el gobernador mantiene una estrategia diferente. Cerca suyo consideran que cada dirigente responde a electorados distintos y que la confrontación permanente no es el camino que hoy demanda la mayoría de los cordobeses.
Sin embargo, la decisión de no involucrarse en el caso Adorni no implica silencio frente a la Nación. Cuando entiende que están en juego cuestiones concretas para Córdoba, Llaryora eleva el tono de sus reclamos. Lo hizo recientemente al cuestionar la falta de presencia federal en la lucha contra el narcotráfico y al insistir con la necesidad de una mayor infraestructura penitenciaria federal para albergar a miles de detenidos por delitos que corresponden a la órbita nacional.
Desde el llaryorismo explican que esa es la línea que seguirá el gobernador: discutir gestión, recursos y responsabilidades institucionales, evitando quedar atrapado en debates que considera alejados de las preocupaciones cotidianas de la gente.
La estrategia también busca despejar especulaciones políticas de cara al futuro. Mientras algunos sectores insisten en teorías sobre posibles acuerdos entre el cordobesismo y La Libertad Avanza para las elecciones de 2027, desde ambos espacios se encargan de negar cualquier entendimiento. De hecho, durante una reciente reunión en la Casa Rosada con intendentes cordobeses, el ministro del Interior, Diego Santilli, dejó en claro que no existe ningún acuerdo electoral entre el gobierno nacional y Llaryora, ni explícito ni implícito.
Por ahora, el gobernador parece decidido a seguir al pie de la letra las recomendaciones de sus estrategas y consultores. Los números le indican que el camino más rentable es mostrarse como un administrador antes que como un dirigente de la pelea política diaria. Y, al menos por el momento, no parece dispuesto a apartarse de ese libreto.





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