El documental que publicó el Gobierno a 50 años del golpe de Estado

POLÍTICAAgencia de Noticias del InteriorAgencia de Noticias del Interior

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A medio siglo del Golpe de Estado en Argentina de 1976, el gobierno de Javier Milei volvió a encender una de las discusiones más sensibles de la vida democrática: cómo se cuenta el pasado reciente. Lo hizo con la publicación de un extenso video titulado “Las víctimas que quisieron esconder”, difundido desde los canales oficiales de la Casa Rosada.

El material no es un gesto menor ni inocente: es una toma de posición política clara sobre los años 70 y, sobre todo, sobre el modo en que se construyó la memoria en las últimas décadas.

Desde el inicio, el video apunta directamente contra el ciclo político inaugurado en 2003 bajo el kirchnerismo. Con una narrativa crítica, cuestiona lo que define como un “relato sesgado y revanchista”, construido —según el propio contenido— con fines políticos y económicos.

“La historia debe conocerse en su totalidad. Cuando se la presenta de forma parcial, deja de ser memoria y se convierte en un instrumento de manipulación.”

La pieza audiovisual, que supera la hora de duración, insiste en una idea central: la necesidad de visibilizar a todas las víctimas de la violencia política de los años 70, incluyendo tanto a quienes sufrieron el terrorismo de Estado como a quienes fueron alcanzados por la acción de organizaciones guerrilleras.

Ese enfoque se inscribe en lo que históricamente se conoció como la “teoría de los dos demonios”, una interpretación que busca equiparar responsabilidades entre el accionar de la dictadura militar y el de los grupos armados. Una mirada que ha sido ampliamente cuestionada por organismos de derechos humanos, pero que el oficialismo retoma como eje conceptual.

En esa línea, el relato oficial no sólo revisa el pasado, sino que también interpela el presente: cuestiona el consenso construido en torno a las políticas de memoria, verdad y justicia, y propone una relectura que busca disputar sentido en la sociedad.

Entre los testimonios incluidos, aparecen voces como la de Miriam Fernández —nieta recuperada— y la de Arturo Larrabure, hijo del militar secuestrado por el ERP en 1974. Ambos aportan relatos personales que refuerzan la idea de una memoria incompleta.

“Para sanar en este país tenemos que contar la historia verdadera.”

“Creo que es momento de llamar a la unión de los argentinos. Tenemos un país maravilloso y tenemos que aprovecharlo.”

Pero el punto más controversial no está solo en los testimonios, sino en el marco político que los contiene. El gobierno de Milei viene sosteniendo una postura crítica sobre las cifras de desaparecidos durante la dictadura, poniendo en duda el número de 30.000 y reivindicando los datos del informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, elaborado en 1984.

El propio Presidente ya había sido explícito al respecto en anteriores intervenciones públicas:

“No estoy de acuerdo con esta visión tuerta que nos quiso imponer el kirchnerismo. Quiero la memoria completa; una verdad contada a medias no es verdad, es una mentira.”

A 50 años del golpe, lejos de consolidarse como un punto de encuentro, la memoria vuelve a convertirse en un campo de disputa política. El video oficial no busca cerrar heridas: las reabre, las resignifica y las coloca en el centro del debate público.

Porque en la Argentina, el pasado nunca termina de pasar. Y cada intento por reinterpretarlo dice tanto de lo que fuimos como de lo que todavía estamos discutiendo ser.

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