
Un frasco del siglo II reabre el debate sobre la medicina romana
CIENCIA Agencia de Noticias del Interior

- Investigadores identificaron heces humanas en un frasco romano del siglo II hallado en Pérgamo.
- El preparado incluía tomillo y aceite de oliva, ingredientes asociados a recetas médicas antiguas.
- El hallazgo confirma materialmente prácticas descritas por el médico Galeno.
- Los unguentaria de vidrio podrían haber sido reutilizados como recipientes de medicamentos.
- La investigación conecta la farmacología romana con debates actuales sobre transferencia fecal.
- El descubrimiento abre nuevas líneas de estudio sobre la medicina y la vida cotidiana en la Antigüedad.
Un equipo de investigadores en Turquía presentó lo que considera la primera evidencia arqueológica directa de que los romanos utilizaban heces humanas como parte de tratamientos médicos. El hallazgo, que confirma prácticas descritas en textos antiguos, surge del análisis de residuos hallados en un pequeño frasco de vidrio procedente de la antigua ciudad de Pérgamo y fechado en el siglo II.
El descubrimiento fue realizado por Cenker Atila, arqueólogo de la Universidad Sivas Cumhuriyet, mientras examinaba piezas del Museo de Bergama para una publicación académica sobre objetos de vidrio. En siete recipientes —conocidos como unguentaria, habitualmente asociados a perfumes o aceites— detectó restos orgánicos. Solo uno de ellos, sin embargo, arrojó resultados concluyentes tras un estudio químico detallado.
Al retirar la tapa de arcilla que sellaba el frasco y analizar las escamas marrones adheridas al interior, los investigadores identificaron una combinación de heces humanas, altas concentraciones de tomillo y aceite de oliva. Según explicó Atila, la composición coincide con descripciones de preparados médicos atribuidos a Galeno, uno de los médicos más influyentes de la Antigüedad.
Galeno, nacido en Pérgamo en el siglo II, desarrolló una vasta obra médica que marcó la práctica clínica en Europa y Medio Oriente durante más de un milenio. Sus escritos mencionan el uso de excrementos humanos y animales para tratar diversas afecciones, desde inflamaciones hasta problemas reproductivos. Hasta ahora, sin embargo, esa información provenía exclusivamente de fuentes escritas.
Para los investigadores, la relevancia del hallazgo radica precisamente en ese punto: por primera vez, un objeto arqueológico aporta respaldo material a lo que se conocía solo por tradición textual. La identificación del tomillo en la mezcla no resulta casual. En la Antigüedad se valoraban sus propiedades antibacterianas y aromáticas, lo que podría haber servido tanto para potenciar efectos terapéuticos como para atenuar el olor del preparado.
El uso de heces con fines médicos puede resultar chocante desde la sensibilidad contemporánea, pero los especialistas subrayan que en el mundo romano estas sustancias no eran consideradas necesariamente repulsivas. Formaban parte de una farmacología compleja en la que los ingredientes naturales —vegetales, minerales y animales— se combinaban según principios teóricos que buscaban restablecer el equilibrio corporal.
El hallazgo también invita a revisar la función de ciertos objetos funerarios o domésticos. Los unguentaria de vidrio suelen interpretarse como contenedores de perfumes o cosméticos, especialmente cuando aparecen en contextos funerarios. Sin embargo, este caso sugiere que algunos pudieron reutilizarse como frascos para medicamentos. Esa posibilidad abre nuevas preguntas sobre el uso cotidiano de estos recipientes y sobre el estatus social de quienes los poseían.
Especialistas en historia antigua consideran que el estudio aporta una pieza valiosa para conectar la tradición literaria con la evidencia material. Aunque la práctica descrita no resulta sorprendente a la luz de los textos clásicos, la confirmación física permite comprender mejor la dimensión concreta de la medicina romana y su aplicación real.
El trabajo también establece un puente inesperado con la medicina actual. La llamada “transferencia fecal”, utilizada hoy para tratar ciertas infecciones intestinales mediante el trasplante de microbiota de un donante sano, cuenta con aval regulatorio en algunos países. Si bien los fundamentos científicos modernos difieren radicalmente de las teorías médicas antiguas, la idea de que los desechos corporales podían tener propiedades terapéuticas no es completamente nueva.
El frasco hallado en Pérgamo, silencioso durante casi dos mil años, aporta así una ventana singular al pasado. Más allá del impacto que pueda generar su contenido, el objeto confirma que la medicina romana combinaba observación empírica, tradición intelectual y experimentación con recursos disponibles. El desafío ahora será contextualizar con mayor precisión el hallazgo y explorar si existen otros recipientes similares que aguarden, aún sin analizar, en colecciones arqueológicas.


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