El mercado cripto entra en una nueva etapa: Bitcoin se consolida y Ethereum lidera la adopción

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El mercado cripto alcanzó 741 millones de usuarios en 2025 y entró en una fase de crecimiento estructural.
  • Bitcoin sigue siendo el activo central, pero su crecimiento se explica por la consolidación institucional.
  • La adopción de BTC está vinculada a ETFs, balances corporativos y decisiones de política económica.
  • Ethereum lidera la expansión, con un crecimiento interanual del 22,6% y fuerte adopción funcional.
  • La red se consolidó como infraestructura clave para DeFi, stablecoins y tokenización de activos.
  • El mercado dejó atrás el hype y avanza hacia una lógica de uso real y finanzas de largo plazo.

El mercado de criptomonedas atraviesa un cambio de fase que marca el fin de la adopción desordenada y el inicio de un crecimiento estructural. Los datos de 2025 confirman que el ecosistema dejó atrás la lógica puramente especulativa y comienza a ordenarse en torno a funciones concretas, con activos que cumplen roles diferenciados. Según el último informe de Crypto.com, la cantidad de usuarios globales de criptomonedas alcanzó los 741 millones, lo que representa un crecimiento interanual del 12%. La cifra es relevante, pero el verdadero giro se encuentra en la composición de ese avance.

Bitcoin continúa siendo el eje central del sistema. En 2025, el activo alcanzó aproximadamente 365 millones de holders, con un crecimiento anual del 8,3%, y concentra cerca de la mitad de los inversores cripto a nivel global. Sin embargo, su rol dentro del ecosistema ya no está asociado a la incorporación masiva de nuevos usuarios, sino a la consolidación institucional. Bitcoin dejó de ser la puerta de entrada al mundo cripto para convertirse en un activo macro, cada vez más integrado al sistema financiero tradicional.

Este proceso se vio reforzado por una serie de factores clave: la creación de una Reserva Estratégica de Bitcoin en Estados Unidos, el avance de los fondos cotizados (ETF) spot y la creciente incorporación de BTC en balances corporativos. En este nuevo escenario, Bitcoin no necesita expandirse aceleradamente en cantidad de usuarios para ganar relevancia. Su peso proviene de la profundidad del capital que atrae, de la liquidez que concentra y del respaldo institucional que lo posiciona como una reserva de valor digital de largo plazo.

El contraste aparece con Ethereum, que se consolidó como el principal motor de adopción del ecosistema. Durante 2025, la red mostró un crecimiento interanual del 22,6% y llevó su base de usuarios a unos 175 millones, casi triplicando el ritmo de expansión de Bitcoin. El dato refleja un desplazamiento claro en la dinámica del mercado: los nuevos participantes ya no llegan impulsados únicamente por la expectativa de precio, sino por el uso efectivo de la tecnología.

Ethereum se afianzó como la infraestructura financiera del mundo cripto. Sobre su red se apoyan las principales aplicaciones de finanzas descentralizadas, la emisión de stablecoins, los proyectos de tokenización de activos del mundo real y las estrategias de tesorería cripto de empresas que comienzan a incorporar activos digitales de forma estructural. A esto se sumaron mejoras técnicas clave, como las actualizaciones Pectra y Fusaka, que apuntaron a resolver problemas históricos de costos, escalabilidad y experiencia de usuario. Ese conjunto de factores explica por qué Ethereum captura la mayor parte del crecimiento marginal del mercado.

El informe también deja otra señal relevante: la adopción ya no responde al hype. Los picos de crecimiento coincidieron con eventos concretos, como cambios regulatorios, anuncios políticos y decisiones corporativas. El mercado cripto empieza a comportarse de manera similar a las plazas financieras tradicionales, con una selección cada vez más clara de activos según su función y narrativa. Se terminó la compra indiscriminada de “cripto” como categoría y comenzó una etapa de segmentación.

En este contexto, más que una rotación entre activos, se observa un cambio de régimen. Bitcoin aparece como el activo de consolidación patrimonial, con menor crecimiento en usuarios pero mayor integración al sistema financiero global. Ethereum, en cambio, concentra el impulso expansivo, apoyado en casos de uso reales y en su rol como base de la economía tokenizada. El ecosistema ya no crece solo por expectativa, sino porque empieza a cumplir funciones concretas dentro de la economía real.

Cuando la adopción se vuelve estructural, el mercado deja de parecerse a una moda tecnológica y comienza a jugar en la liga de las finanzas de largo plazo. La diferencia en la velocidad de crecimiento entre Bitcoin y Ethereum no refleja una debilidad del primero, sino la madurez de un sistema que empieza a ordenarse por utilidad, función y profundidad financiera.

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