
Verano cambiario inédito: por qué el dólar atraviesa su momento de mayor calma en años
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- El dólar se ubica en su nivel más bajo desde noviembre y atraviesa una calma inusual.
- Las tasas reales positivas en pesos impulsan el carry trade y reducen la demanda de divisas.
- El ingreso de dólares del agro, especialmente del trigo, fortalece la oferta en el mercado.
- El Banco Central acumula reservas con compras diarias y estrategias de esterilización.
- Instrumentos atados al dólar y emisiones de deuda aportan divisas adicionales.
- El desafío hacia adelante pasa más por la actividad económica que por el tipo de cambio.
El mercado cambiario atraviesa un escenario inusual para esta época del año. El precio del dólar se ubica en el nivel más bajo desde el 20 de noviembre y consolida lo que muchos analistas ya describen como un “verano cambiario” atípico, en contraste con una historia reciente marcada por tensiones, saltos bruscos y episodios de inestabilidad. La tranquilidad es tal que el Banco Central se convirtió en un comprador neto y sistemático de divisas, acumulando reservas y cumpliendo con las metas pactadas con los organismos internacionales.
Este comportamiento se da incluso en un contexto en el que la inflación mostró una leve aceleración. Aun así, el tipo de cambio oficial se movió a la baja, un fenómeno que los economistas explican por una estrategia activa de esterilización monetaria y administración de expectativas. La autoridad monetaria logró neutralizar la emisión asociada a la compra de dólares mediante el uso intensivo de instrumentos atados al tipo de cambio y operaciones en el mercado de futuros, evitando que el exceso de pesos se trasladara a mayores presiones cambiarias.
Detrás de esta calma confluyen factores domésticos e internacionales. Las tasas de interés reales positivas en pesos, una mayor oferta de divisas y un contexto externo más favorable explican buena parte del fenómeno. En el plano local, la política monetaria restrictiva aparece como una de las claves. El Gobierno parece haber priorizado la baja de la inflación por sobre la aceleración de la actividad, una decisión que contribuye a sostener un tipo de cambio estable, aunque a costa de un crecimiento más moderado.
Uno de los pilares centrales es el efecto del carry trade. Las tasas en moneda local se mantienen en niveles atractivos, mientras el dólar muestra una tendencia a la baja. Este diferencial incentiva a los inversores a desarmar posiciones dolarizadas para colocarse en instrumentos en pesos, con la expectativa de recomprar divisas más adelante. A esto se suma un factor previo: el adelantamiento de la dolarización de carteras que se produjo antes del proceso electoral del año pasado, lo que dejó un remanente de oferta que hoy contribuye a la estabilidad.
Otro elemento decisivo es el ingreso de dólares del sector agroexportador. Si bien la liquidación de la cosecha gruesa se concentra a partir de fines de marzo, durante el verano gana peso la comercialización de trigo. La campaña triguera muestra rendimientos excepcionales y proyecciones récord de producción, lo que se traduce en un flujo adicional de divisas que fortalece la oferta en el mercado cambiario.
En paralelo, el Banco Central viene comprando reservas de manera diaria desde comienzos de enero. En lo que va del mes ya acumuló más de 800 millones de dólares, llevando las reservas brutas a su nivel más alto desde 2021. Esta dinámica refuerza la confianza del mercado, aunque plantea un desafío: acumular divisas sin generar desequilibrios monetarios ni presiones inflacionarias. Por ahora, la estrategia de esterilización permitió sortear ese riesgo.
A este esquema se suma el uso de instrumentos financieros atados al dólar. Tanto el Banco Central como el Tesoro ofrecen coberturas cambiarias que canalizan la demanda de protección hacia títulos en pesos indexados, reduciendo la presión directa sobre el mercado de cambios. Es una apuesta que traslada riesgos hacia adelante, pero que hoy resulta más creíble que en otros momentos de la última década.
La colocación de deuda en dólares por parte de empresas y algunas provincias también aporta a la oferta de divisas. La reapertura del crédito corporativo y el regreso de emisiones en los mercados internacionales generan ingresos que ayudan a abastecer la demanda vinculada al turismo y las importaciones. A nivel global, además, el dólar muestra una tendencia de debilitamiento frente a otras monedas, lo que también juega a favor del peso.
Hacia adelante, los especialistas advierten que el desafío no será tanto sostener la calma cambiaria en el corto plazo, sino evaluar qué ocurrirá cuando se moderen estos factores transitorios. Las bandas de flotación ajustadas por inflación y el superávit fiscal ofrecen un ancla adicional, pero la atención comienza a desplazarse hacia la evolución de la actividad económica a lo largo de 2026.








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