
Vuelven a ganar terreno los instrumentos en pesos y se reabre la comparación entre Lecaps y plazos fijos
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- Los instrumentos en pesos muestran una mejora y atraen nuevamente a los inversores.
- Las Lecaps ofrecen TNA de hasta 40% en los vencimientos de corto y mediano plazo.
- Las tasas efectivas mensuales ya superan el último dato de inflación.
- Los plazos fijos bancarios siguen pagando rendimientos más bajos que el mercado.
- Las Lecaps aportan mayor liquidez, pero con precios sujetos a variaciones de tasa.
- En ambos casos, inflación y dólar siguen siendo el principal riesgo para el inversor.
El mercado financiero local atraviesa en las últimas semanas un proceso de reacomodamiento que empieza a modificar decisiones de inversión que parecían consolidadas hasta hace poco tiempo. Tras un período marcado por la sobredolarización de carteras, los instrumentos en pesos comenzaron a mostrar una mejora en sus rendimientos y despertaron nuevamente el interés de los inversores, que ahora evalúan alternativas en moneda local frente a un escenario de inflación que, al menos en el corto plazo, muestra señales de desaceleración.
En ese contexto, las tasas de interés tendieron a ordenarse luego de conocerse el último dato inflacionario. Con la excepción de la caución bursátil —que por momentos exhibe fuertes repuntes intradiarios producto de descalces puntuales de liquidez—, el resto de los rendimientos comenzó a estabilizarse, dando mayor previsibilidad al mercado. Este reordenamiento se refleja con claridad en las Letras Capitalizables del Tesoro (Lecaps), que se posicionan como uno de los instrumentos más atractivos del momento.
De acuerdo con los datos diarios del Instituto Argentino de Mercado de Capitales (IAMC), las Lecaps, identificadas por comenzar con la letra “S”, ofrecen tasas nominales anuales (TNA) de hasta 38% en el tramo más corto, con vencimiento en febrero. Al extender la duración hacia abril y mayo, período en el que el mercado espera que la inflación intente perforar el umbral del 2% mensual, los rendimientos trepan hasta el 40%. A partir de allí, las tasas comienzan a descender gradualmente en los vencimientos más largos, especialmente hacia noviembre.
Si se observa el rendimiento en términos de tasa efectiva mensual (TEM), la mayoría de las Lecaps ya se ubica por encima del último dato de inflación de diciembre. Este registro comienza a ser interpretado por los inversores más como un “techo” que como un piso, lo que refuerza el atractivo de los instrumentos en pesos. En líneas generales, las TEM se mueven en un rango de entre 2,8% y 3,2%, niveles que superan con holgura a los rendimientos tradicionales del sistema bancario.
En la vereda opuesta aparecen los plazos fijos. Según las tasas vigentes al jueves 22 de enero, los principales bancos del sistema ofrecen rendimientos que oscilan entre el 21% y el 27,5% de TNA. El Banco Nación paga un 26%, mientras que entidades privadas como Santander, Galicia o BBVA se ubican entre el 21% y el 23%. Aunque estas tasas mostraron una suba en los últimos días, continúan claramente por debajo de las alternativas que se negocian en el mercado de capitales.
La comparación entre Lecaps y plazos fijos vuelve así al centro del análisis. Las Lecaps son instrumentos en pesos emitidos por el Tesoro Nacional, con tasa fija capitalizable hasta el vencimiento y cotización en el mercado secundario. Esto les otorga una ventaja clave: pueden comprarse y venderse antes de su fecha final, lo que brinda mayor liquidez y flexibilidad. Su precio, sin embargo, varía según los movimientos de la tasa de interés, lo que introduce un componente de volatilidad que debe ser considerado.
El plazo fijo, en cambio, es un instrumento bancario tradicional en el que el inversor conoce desde el inicio cuánto cobrará al vencimiento. El capital queda inmovilizado por 30 días y no está sujeto a variaciones de precio, lo que reduce el riesgo de mercado, pero también limita la posibilidad de mejorar el rendimiento o de salir anticipadamente de la inversión. Históricamente, además, suele ofrecer tasas que corren por detrás de la inflación.
Ambos instrumentos comparten un riesgo central: si el dólar o la inflación avanzan por encima de la tasa pactada, la inversión pierde capacidad de generar ganancias reales. En ese marco, la reciente mejora de los rendimientos en pesos reabre el debate y obliga a los inversores a recalibrar estrategias en función de un escenario que, aunque más ordenado, sigue siendo frágil y altamente sensible a cambios macroeconómicos.







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