

Las frutas y verduras congeladas pueden conservar un valor nutricional similar al de los productos frescos e incluso mantener mejor algunos antioxidantes. Sin embargo, elegir opciones con salsas, azúcares agregados o envases deteriorados puede reducir sus beneficios.
La congelación es una alternativa práctica para incorporar vegetales durante todo el año, pero no todos los productos del freezer son iguales. Según una guía publicada por Verywell Health y revisada por la dietista registrada Karina Tolentino, existen cinco errores frecuentes al momento de elegirlos.
La recomendación principal es revisar los ingredientes, controlar el estado del envase y priorizar las variedades sin agregados innecesarios.
1. Elegir verduras congeladas con salsas preparadas
Las verduras congeladas sin condimentos aportan fibra, vitaminas y minerales. Sin embargo, algunas presentaciones incluyen queso, crema, manteca o mezclas de especias con cantidades elevadas de sodio.
Entre los ejemplos se encuentran el maíz con manteca, la espinaca a la crema, el brócoli con salsa de queso y las chauchas al ajo con manteca. Estas preparaciones pueden sumar grasas saturadas, sodio y calorías que no están presentes en la verdura por sí sola.
Para controlar mejor la composición de las comidas, conviene elegir verduras congeladas simples y condimentarlas en casa. El ajo, las hierbas, las especias, el aceite de oliva y el jugo de limón son alternativas para agregar sabor sin depender de salsas industriales.
2. Comprar frutas congeladas con azúcar agregada
Aunque las frutas contienen azúcares naturales, algunas versiones congeladas incluyen azúcar o almíbar para intensificar su dulzor.
Esto puede ocurrir con frutillas, cerezas, duraznos, mangos y mezclas de frutos rojos. El agregado de azúcar aumenta el contenido de azúcares libres sin aportar beneficios nutricionales significativos.
La mejor opción es buscar productos cuya etiqueta indique que no contienen azúcar añadida. Las frutas congeladas sin otros ingredientes pueden incorporarse a licuados, yogures, avena y distintas preparaciones caseras.
3. No revisar la lista de ingredientes
La congelación permite conservar muchos alimentos durante períodos prolongados sin necesidad de incorporar ingredientes adicionales. Por eso, una bolsa de brócoli, arvejas o frutos rojos puede contener únicamente el alimento que figura en el envase.
Sin embargo, otras presentaciones incluyen crema, manteca, queso, sal, edulcorantes o mezclas de condimentos.
Leer la lista de ingredientes y la información nutricional permite detectar agregados innecesarios y comparar productos antes de comprarlos. Es recomendable prestar atención especialmente al contenido de sodio, grasas saturadas, calorías y azúcares agregados.
En términos generales, cuanto más simple sea la composición del producto, mayor será el control sobre los ingredientes que se incorporan durante la preparación.
4. Ignorar la cantidad de hielo y el estado del envase
El estado del paquete también puede dar pistas sobre las condiciones de conservación. Una bolsa rota, una acumulación importante de escarcha en su interior o frutas y verduras congeladas en un bloque compacto pueden indicar fluctuaciones de temperatura o una descongelación parcial seguida de una nueva congelación.
Estas situaciones pueden afectar la textura y el sabor de los alimentos. Además, si hubo una interrupción de la cadena de frío, es importante considerar los posibles riesgos para la seguridad alimentaria.
Al momento de comprar, conviene elegir envases bien sellados, sin roturas y con los alimentos completamente congelados. Una vez en casa, es importante guardarlos en el freezer lo antes posible y mantener una temperatura adecuada.
5. Creer que los productos frescos siempre son más nutritivos
La idea de que las frutas y verduras frescas son necesariamente más saludables que las congeladas no siempre coincide con la evidencia disponible.
Muchos vegetales destinados a la congelación se cosechan cuando alcanzan la madurez adecuada y se congelan poco después, un proceso que ayuda a conservar sus nutrientes. En cambio, los productos frescos pueden experimentar pérdidas de algunas vitaminas durante el transporte, la exhibición y el almacenamiento.
Además, algunas investigaciones citadas por Verywell Health señalan que determinadas frutas congeladas pueden conservar una actividad antioxidante superior a la de sus equivalentes frescos.
La elección depende de factores como la disponibilidad, el precio y el uso que se les quiera dar. Combinar productos frescos y congelados es una estrategia práctica para incorporar frutas y verduras durante todo el año.
Para aprovecharlos, las verduras pueden agregarse a las comidas durante la cocción, mientras que las frutas sirven para preparar licuados, acompañar yogures o avena y elaborar distintas recetas.
En definitiva, los congelados pueden ser una alternativa nutritiva y conveniente, siempre que se elijan productos de buena calidad, se revisen sus ingredientes y se mantenga una correcta cadena de frío.


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