
Murió Carlos Alonso a los 97 años, una vida entre el arte, la memoria y Córdoba
CÓRDOBA
Agencia de Noticias del Interior

RESUMEN
- Carlos Alonso murió a los 97 años en su casa de Unquillo, Córdoba.
- Nacido en Tunuyán, Mendoza, fue uno de los grandes maestros del arte argentino del siglo XX.
- Se formó con artistas como Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi, Ramón Gómez Cornet y Lino Enea Spilimbergo.
- El exilio, la dictadura y la desaparición de su hija Paloma marcaron profundamente su vida y su obra.
- Aunque mendocino de nacimiento, Córdoba fue su patria de adopción, el lugar donde vivió desde 1981 y donde siguió pintando hasta sus últimos años.
La cultura argentina está de luto. Carlos Alonso, uno de los grandes nombres de la pintura, el dibujo y el grabado argentino, murió este lunes a los 97 años en su casa de Unquillo, Córdoba, provincia que había elegido como lugar de residencia y que terminó convirtiéndose en su segunda patria.
Su muerte se produjo el 21 de septiembre de 2026, justamente en el Día del Artista Plástico. Su familia informó el fallecimiento y señaló que será despedido en la intimidad. Con Alonso desaparece una figura central del arte argentino, pero queda una obra que atravesó buena parte de la historia política, social y cultural del país.
De Mendoza a Córdoba
Carlos Alonso nació el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza. Desde muy pequeño mostró una extraordinaria inclinación por el dibujo. Él mismo recordaba que, según su madre, dibujaba incluso antes de aprender a leer y escribir.
A los 14 años ingresó a la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvo como maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet. En 1950 se trasladó a Tucumán y entró en contacto con Lino Enea Spilimbergo, una figura decisiva para su formación.
Su carrera comenzó a consolidarse rápidamente. En 1949 realizó su primera exposición y en 1957 obtuvo un importante premio por sus ilustraciones para Don Quijote de la Mancha. También ilustró obras como Martín Fierro y trabajó sobre La Divina Comedia, de Dante.
Pero Alonso nunca fue solamente un ilustrador o un pintor de extraordinaria técnica. Su obra estuvo atravesada por una mirada crítica sobre la sociedad, la violencia, el poder, la desigualdad y la condición humana.
Una vida atravesada por la tragedia argentina
El golpe militar de 1976 modificó definitivamente su vida. Alonso debió exiliarse en Italia y, en 1977, sufrió uno de los golpes más devastadores: la desaparición de su hija Paloma, detenida durante la dictadura.
Ese dolor quedó incorporado a su obra y particularmente a Manos anónimas, una de sus producciones más reconocidas y una de las expresiones artísticas más contundentes sobre la violencia política de aquellos años.
El propio Alonso convirtió aquella tragedia personal en memoria artística. Su pintura no buscó solamente representar una época: buscó dejar testimonio de ella.
"Su obra y su legado permanecerán siempre", expresó su familia al comunicar su muerte.
Córdoba, su patria de adopción
Aunque Alonso fue mendocino de nacimiento, Córdoba fue su gran lugar de adopción.
Después de regresar del exilio en 1981, eligió instalarse en Unquillo, en las Sierras Chicas, donde encontró el paisaje, la luz y la tranquilidad que necesitaba para continuar trabajando. Allí permaneció durante décadas y desarrolló una parte fundamental de su producción.
No fue simplemente un artista que vivió en Córdoba. Carlos Alonso terminó formando parte de la identidad cultural cordobesa.
Participó además en la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo (MACU) y continuó vinculado activamente con la vida artística de la provincia. En 2025 presentó allí una de sus últimas exposiciones, dedicada precisamente a su relación con el paisaje cordobés.
Por eso, al conocerse su muerte, las instituciones culturales cordobesas lo despidieron como una figura propia. El Museo Genaro Pérez, el Museo Caraffa, el Museo Evita-Palacio Ferreyra, el Centro de Arte Contemporáneo Chateau y el MACU destacaron la dimensión de su legado.
El gobernador Martín Llaryora recordó también esa relación particular: "Mendocino de nacimiento, hizo de Córdoba su hogar", señaló en su despedida.
El maestro que siguió pintando
Alonso recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera. En 1984 obtuvo en la Bienal de La Habana el Premio Orozco, Rivera y Siqueiros; recibió el Konex de Platino y en 2018 obtuvo el Premio Nacional a la Trayectoria Artística. En 2019 el Museo Nacional de Bellas Artes realizó una gran retrospectiva de su obra.
Pero quizá uno de los datos que mejor explican su personalidad sea que nunca dejó realmente de trabajar.
Hasta muy avanzada edad continuó pintando, dibujando y pensando el arte. En sus últimos años, instalado en Unquillo, volvió una y otra vez al paisaje cordobés, demostrando que para él pintar no era simplemente una profesión, sino una manera de permanecer ligado al mundo.
Carlos Alonso murió en Córdoba, pero su obra pertenece a toda la Argentina. Nació en Mendoza, se formó entre Mendoza y Tucumán, recorrió Europa, conoció el exilio y cargó con algunas de las tragedias más dolorosas de nuestra historia. Finalmente eligió Córdoba para vivir, trabajar y quedarse.
Y así, aquel artista mendocino que llegó a las Sierras terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en un cordobés por adopción y en uno de los grandes maestros que la cultura argentina no olvidará.




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