Juez aseguró que Milei jugará "a morir" en Córdoba, pero la realidad plantea otros interrogantes

CÓRDOBA Por Jorge Levin
JORGE LEVIN
Por Jorge Levin

El senador nacional Luis Juez concedió una extensa entrevista al diario La Voz del Interior, publicada este domingo, en la que dejó una serie de definiciones sobre el escenario político cordobés, la estrategia de La Libertad Avanza y el papel que, según él, tendrá el presidente Javier Milei en la próxima contienda electoral.

Durante el reportaje, Juez aseguró que "Diego Santilli nos asegura que Milei va a jugar a morir en Córdoba", una frase que rápidamente generó repercusión en el ámbito político, ya que deja entrever que la Casa Rosada tendría decidido involucrarse de lleno en una provincia considerada estratégica para el oficialismo nacional.

En la entrevista concedida al tradicional matutino cordobés, el senador también volvió a poner el foco en la necesidad de construir una alternativa al peronismo que gobierna la provincia y dejó abierta la puerta para los distintos armados políticos que comienzan a delinearse de cara al próximo proceso electoral.

Sin embargo, más allá de las expresiones de Juez, la política suele escribirse con hechos y no solamente con declaraciones.

La realidad muestra otra fotografía

Hoy es un hecho que la relación entre el gobernador Martín Llaryora y el presidente Javier Milei atraviesa uno de sus mejores momentos desde que ambos asumieron sus respectivas responsabilidades institucionales.

La sintonía entre la Nación y Córdoba es evidente. El Gobierno nacional necesita aprobar leyes fundamentales en el Congreso y, para lograrlo, requiere del acompañamiento de diputados y senadores cordobeses. En ese esquema, el respaldo del oficialismo provincial tiene un valor político enorme.

Pero del otro lado también hay un jugador experimentado.

Llaryora sabe perfectamente cuál es el peso de Córdoba en la política nacional y difícilmente entregue apoyo sin obtener algo a cambio. En política nadie regala nada. Cada voto tiene un precio político, cada acuerdo implica una negociación y cada gesto institucional responde a intereses concretos.

Por eso cuesta imaginar que Milei esté dispuesto a abrir un frente de conflicto innecesario en una provincia donde obtuvo uno de sus mayores respaldos electorales.

Córdoba fue determinante para su llegada a la Presidencia y continúa siendo uno de sus principales bastiones. Desgastarse en una pelea interna podría terminar poniendo en riesgo un capital político que hoy le resulta indispensable.

Los interrogantes que todavía nadie responde

Más allá del entusiasmo que puedan transmitir algunos dirigentes, el panorama político cordobés está lejos de estar definido.

La primera pregunta es si Gabriel Bornoroni representa verdaderamente el mejor candidato que puede ofrecer La Libertad Avanza para disputar el poder en la provincia.

La segunda incógnita pasa por Rodrigo de Loredo. ¿Aceptará integrar un frente amplio junto al espacio libertario o decidirá competir con identidad propia, fragmentando nuevamente el voto opositor?

Y la tercera, quizá la más importante, involucra al propio Luis Juez.

Hace pocos días volvió a admitir que no descarta ser candidato a intendente de la ciudad de Córdoba. Si finalmente toma ese camino, volverá a dejar pasar una oportunidad para competir por la Gobernación. Y el tiempo, en política, no es infinito. Tal vez esa sea su última oportunidad real de alcanzar el Centro Cívico.

Entre las promesas y la realidad

Las declaraciones de Juez reflejan el optimismo de un sector político respecto del compromiso que podría asumir Javier Milei en la campaña cordobesa.

Pero una cosa son las promesas y otra muy distinta la realidad.

Diego Santilli puede asegurar que el Presidente "va a jugar a morir" en Córdoba. Es una definición política, una señal hacia la dirigencia y hacia la militancia. Sin embargo, cuando llegue el momento de cerrar listas, definir candidaturas y priorizar intereses, será el propio Milei quien evaluará qué le conviene más.

Y hoy la realidad indica que conservar el enorme caudal de votos que posee en Córdoba, mantener una buena relación con Martín Llaryora y garantizar los votos de los legisladores cordobeses en el Congreso puede resultar mucho más valioso que involucrarse en una disputa que termine debilitando esa alianza de hecho.

La política argentina ha demostrado una y otra vez que las declaraciones grandilocuentes suelen chocar contra la conveniencia del momento.

Por eso, más que las promesas de campaña, habrá que observar los movimientos concretos. Porque al final del camino, la realidad suele tener la última palabra.

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