Llaryora mueve sus fichas: el nuevo gabinete empieza a mostrar el rumbo político de Córdoba

CÓRDOBA Por Jorge Levin

llaryora-junto-a-manuel-calvo-TEVJJ3FYW5HL7O25V4UTOZNUEE

JORGE LEVIN
Por Jorge Levin

Martín Llaryora dejó en claro que la segunda mitad de su mandato será distinta de la primera. La reestructuración que comenzó a instrumentar en el gabinete provincial no responde únicamente a una cuestión administrativa: tiene un fuerte contenido político y representa el inicio de una nueva etapa en su gestión.

La decisión más significativa fue la creación de la Jefatura de Gabinete, un área que estará encabezada por Manuel Calvo, uno de los dirigentes de mayor confianza del gobernador. El nuevo cargo tendrá como misión coordinar las distintas áreas del Ejecutivo, acelerar la toma de decisiones y fortalecer la conducción política del Gobierno.

Pero el movimiento va mucho más allá de un simple cambio de nombres. En la práctica, Llaryora comenzó a reordenar el poder dentro del Centro Cívico, redistribuyendo responsabilidades y conformando el equipo con el que buscará atravesar los próximos años de gestión en un contexto económico y político particularmente desafiante.

El gobernador entiende que el escenario cambió. Las provincias debieron asumir mayores responsabilidades ante el retiro de la Nación de numerosas áreas, mientras las restricciones presupuestarias obligan a optimizar recursos y mejorar la eficiencia del Estado. Esa realidad exige un gabinete más ágil, con capacidad de respuesta y mayor coordinación política.

Al mismo tiempo, la reforma tiene una evidente lectura electoral. Aunque faltan meses para el inicio formal de la campaña, en Córdoba ya comenzaron los movimientos de cara a 2027. Llaryora necesita consolidar su liderazgo dentro del peronismo cordobés y preservar el proyecto político que inició Juan Schiaretti, en un escenario donde La Libertad Avanza busca consolidarse como una alternativa competitiva en la provincia.

La designación de Manuel Calvo como jefe de Gabinete también fortalece a uno de los dirigentes con mayor peso dentro del oficialismo provincial. Su experiencia política y su capacidad de negociación lo convierten en una pieza clave para articular la gestión, mantener el diálogo institucional con la Casa Rosada y ordenar el funcionamiento interno del Gobierno.

Mientras tanto, continúan las diferencias entre Córdoba y la administración de Javier Milei en cuestiones vinculadas a la distribución de recursos, el financiamiento de las provincias y la obra pública. Sin embargo, ambas administraciones mantienen abiertos los canales institucionales, conscientes de que la relación entre Nación y provincia seguirá siendo determinante para el desarrollo de numerosos proyectos.

La reorganización recién comienza y todavía quedan definiciones por conocerse. Sin embargo, el mensaje político ya fue enviado: Llaryora empezó a diseñar el gabinete con el que pretende afrontar la etapa más exigente de su mandato y, al mismo tiempo, sentar las bases del futuro del oficialismo cordobés.

Más que un simple recambio de funcionarios, se trata de una reconfiguración del poder. El gobernador empezó a mover sus fichas sabiendo que el tiempo político se acelera y que las decisiones que tome en los próximos meses serán determinantes tanto para la gestión como para el futuro electoral del peronismo en Córdoba.

Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto