
Por qué aumenta el colesterol en invierno y qué hacer para reducir el riesgo cardiovascular
SALUD Y NUTRICIÓN
Julia VOSCO

Durante el invierno, los niveles de colesterol tienden a aumentar en muchas personas, incluso en aquellas que mantienen una alimentación equilibrada y una rutina estable. Este fenómeno se relaciona con cambios fisiológicos del organismo y con modificaciones en los hábitos diarios propios de la temporada.
Según información difundida por la revista especializada en salud NexIn Health, los ataques cardíacos pueden incrementarse hasta un 30% durante los períodos de bajas temperaturas, especialmente en personas que ya presentan enfermedades cardiovasculares o factores de riesgo.
El frío genera distintas respuestas en el cuerpo: la sangre puede volverse más espesa, aumenta la tendencia a la vasoconstricción y pueden favorecerse procesos relacionados con la formación de coágulos y obstrucciones arteriales. Además, la menor exposición al sol durante el invierno reduce la producción de vitamina D, un nutriente vinculado al metabolismo de los lípidos.
Un estudio internacional realizado sobre 2,8 millones de adultos en Estados Unidos por el Centro Ciccarone de Johns Hopkins detectó que el colesterol LDL (“malo”) es más elevado durante el invierno que en el verano: un 3,5% más alto en hombres y un 1,7% más alto en mujeres.
Por qué aumenta el colesterol en invierno
La llegada del frío provoca una serie de adaptaciones en el organismo destinadas a conservar el calor corporal. Entre ellas se encuentran cambios en la circulación y en la composición de la sangre.
De acuerdo con los especialistas, los niveles de colesterol LDL pueden aumentar entre un 3% y un 4% durante el invierno, mientras que el colesterol HDL (“bueno”) puede disminuir. Este comportamiento puede aparecer incluso en personas que mantienen una dieta saludable durante todo el año.
Otro factor importante es la menor exposición a la luz solar. La reducción de vitamina D puede afectar la forma en que el organismo procesa y elimina los lípidos, favoreciendo la acumulación de colesterol en las arterias.
Además, el frío provoca vasoconstricción, aumenta la rigidez de los vasos sanguíneos y puede favorecer la aparición de eventos cardiovasculares en personas vulnerables.
Algunos especialistas señalan que los valores de colesterol total pueden aumentar entre 8 y 10 mg/dL durante el invierno, mientras que el riesgo de sufrir un infarto puede incrementarse de manera significativa en los meses más fríos.
Alimentación y sedentarismo: factores que aumentan el riesgo
Durante el invierno suelen modificarse los hábitos alimentarios. El consumo de comidas más calóricas, grasas saturadas y azúcares refinados aumenta, lo que puede impactar directamente en los niveles de colesterol.
Platos como sopas cremosas, carnes procesadas, productos con alto contenido de grasa y postres con lácteos suelen ocupar un lugar más frecuente en la dieta durante esta época.
Según los datos difundidos, en invierno algunas personas pueden consumir entre 200 y 300 calorías adicionales por día, principalmente provenientes de grasas y carbohidratos refinados.
A esto se suma la reducción de la actividad física. Los especialistas estiman que el ejercicio puede disminuir hasta un 40% durante los meses fríos, lo que favorece el aumento de peso y reduce los niveles de colesterol HDL, considerado protector para el corazón.
El sedentarismo también se intensifica por las reuniones sociales y celebraciones típicas de la temporada, donde suelen predominar alimentos con alto contenido de grasas y harinas refinadas.
Un estudio europeo realizado sobre 30.000 pacientes indicó que las personas con diabetes pueden experimentar aumentos aún mayores del colesterol LDL durante el invierno, con incrementos de hasta 15 mg/dL.
Cómo proteger el corazón durante el invierno
Ante estos cambios estacionales, los especialistas recomiendan reforzar los controles médicos y mantener hábitos saludables.
El seguimiento con profesionales de la salud es fundamental, especialmente en personas con antecedentes de infarto, hipertensión, diabetes u obesidad. En algunos casos, los médicos pueden ajustar tratamientos para controlar los niveles de colesterol.
Entre los medicamentos utilizados para reducir el colesterol se encuentran:
- Estatinas.
- Ezetimiba.
- Fibratos.
En cuanto a la alimentación, los expertos aconsejan incorporar alimentos asociados con una mejor salud cardiovascular, como:
- Avena y cebada, ricas en fibra soluble.
- Frutos secos y semillas.
- Vegetales de hoja verde.
- Pescados ricos en omega-3.
- Legumbres.
Las preparaciones invernales pueden adaptarse con opciones más saludables, como sopas de verduras con cereales integrales, pescados a la plancha y guisos de legumbres con bajo contenido de grasas.
También es importante mantener una hidratación adecuada y evitar el exceso de alimentos ultraprocesados.
La importancia del ejercicio y los pequeños hábitos
Aunque las bajas temperaturas pueden dificultar la actividad al aire libre, mantenerse activo durante el invierno ayuda a controlar el colesterol y protege la salud cardiovascular.
Algunas recomendaciones incluyen:
- Realizar ejercicio en espacios cerrados cuando el clima sea extremo.
- Levantarse y moverse cada hora durante períodos prolongados de sedentarismo.
- Usar escaleras en lugar de ascensores cuando sea posible.
- Mantener una rutina constante de actividad física.
Los especialistas también mencionan que algunos productos naturales pueden utilizarse como complemento, siempre con supervisión médica. Ningún tratamiento alternativo debe reemplazar la medicación indicada por un profesional de la salud.
El invierno no solo implica temperaturas más bajas: también representa una etapa en la que cuidar la alimentación, sostener la actividad física y controlar el colesterol resulta clave para reducir el riesgo cardiovascular.



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