
Juan Pablo Quinteros va por la Capital: la seguridad, la carta de Llaryora para disputar el voto urbano
CÓRDOBA Por Jorge Levin


La irrupción de Juan Pablo Quinteros como una de las caras visibles de la denominada Ley Antibúnker no parece ser un hecho aislado ni exclusivamente vinculado a la gestión de la seguridad. En la política, pocas veces las decisiones comunicacionales son casuales y todo indica que Martín Llaryora comenzó a construir el posicionamiento de quien podría convertirse en una de sus principales apuestas electorales para la ciudad de Córdoba.
La Capital continúa siendo el gran desafío del peronismo cordobés. Si bien el oficialismo provincial mantiene una estructura política sólida en el interior, la ciudad de Córdoba sigue siendo un territorio donde encuentra mayores niveles de resistencia, especialmente entre los sectores medios, la clase media alta y los votantes de mayores ingresos.
Y existe un tema que atraviesa a todos esos segmentos sociales: la inseguridad.
Por eso no resulta extraño que el gobernador haya elegido precisamente a su ministro de Seguridad para encabezar una de las iniciativas más fuertes en materia de lucha contra el narcotráfico urbano. La Ley Antibúnker no solamente representa una herramienta de gestión, sino también un activo político para quien deba salir a disputar el voto de una ciudad donde la demanda de mayor seguridad ocupa desde hace años el primer lugar entre las preocupaciones de los vecinos.
En ese contexto, Quinteros aparece como un funcionario con alto nivel de exposición pública, recorriendo operativos, encabezando conferencias y mostrando una imagen asociada al combate contra el delito. No parece una construcción improvisada.
La lectura política también tiene otro destinatario: La Libertad Avanza.
El crecimiento libertario en Córdoba encuentra uno de sus principales bastiones precisamente en la Capital, especialmente entre sectores independientes y clases medias que priorizan el orden, la seguridad y una fuerte presencia del Estado frente al delito. Allí es donde el llaryorismo pretende disputar terreno.
La estrategia parece clara: presentar un candidato cuya principal carta de presentación no sea la política tradicional, sino una gestión asociada al combate contra el narcotráfico y la recuperación del orden público.
Todavía falta tiempo para las definiciones electorales y oficialmente nadie habla de candidaturas. Sin embargo, en política los posicionamientos comienzan mucho antes que las campañas. Y cuando un funcionario empieza a concentrar protagonismo en uno de los temas que más preocupan al electorado, difícilmente sea producto de la casualidad.
Si la seguridad será el eje central de la próxima elección en la ciudad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros parece haber empezado a recorrer ese camino mucho antes que el resto.





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