Se encienden las alarmas en China: caen el consumo y la inversión y crecen las dudas sobre la economía

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La economía china enfrenta nuevas señales de enfriamiento en un momento clave para las aspiraciones de crecimiento impulsadas por el presidente Xi Jinping. A pesar de los esfuerzos oficiales por fortalecer la demanda interna y estimular la inversión, los últimos indicadores muestran un deterioro que vuelve a generar incertidumbre sobre la capacidad del gigante asiático para sostener su expansión económica.

Los datos más recientes reflejan un retroceso en dos de los principales motores que Beijing busca potenciar. Por un lado, las ventas minoristas registraron una caída durante el último mes y entraron en terreno negativo por primera vez desde 2022. Por otro, la inversión acumulada durante los primeros cinco meses del año mostró una contracción del 4,1% en comparación con el mismo período de 2025, marcando uno de los peores desempeños desde los meses más críticos de la pandemia.

Especialistas en economía asiática advierten que la recuperación observada a comienzos de año perdió impulso y que el escenario actual refleja una desaceleración más pronunciada de la actividad. La situación plantea un desafío para las autoridades chinas, que desde hace años intentan reducir la dependencia de un modelo basado principalmente en la inversión y la construcción, sin encontrar todavía un reemplazo sólido que garantice un crecimiento sostenido.

Mientras tanto, las exportaciones continúan siendo uno de los principales pilares de la economía. Durante mayo registraron un aumento del 19%, consolidando el fuerte desempeño del comercio exterior. Sin embargo, este avance también alimenta tensiones con socios comerciales estratégicos, especialmente Estados Unidos y la Unión Europea, que han cuestionado en reiteradas ocasiones las políticas industriales y comerciales del país asiático.

El superávit comercial chino alcanzó cifras históricas durante el último año, superando los 1,2 billones de dólares, un dato que refuerza la dependencia de la demanda externa en medio de las dificultades para reactivar el mercado interno.

Uno de los factores que más preocupa a las autoridades es la persistente crisis inmobiliaria. El sector atraviesa su quinto año consecutivo de debilidad y continúa afectando la confianza de los consumidores. En mayo, los precios de las viviendas nuevas volvieron a descender, registrando una baja del 0,2% respecto al mes anterior en las principales ciudades del país.

Analistas económicos también señalan que la reducción en el impacto de los programas estatales de incentivo al consumo contribuyó al retroceso de las ventas minoristas. Estos planes habían impulsado especialmente la compra de electrodomésticos y vehículos mediante esquemas de renovación y subsidios.

Con el consumo debilitado, una inversión en retroceso y un mercado inmobiliario que no logra recuperarse, China enfrenta un escenario complejo que obliga al gobierno a buscar nuevas herramientas para evitar que la desaceleración económica se profundice en los próximos meses.

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