Bancos en ajuste: crece la morosidad, caen las sucursales y se recalienta la tensión con el gremio

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La morosidad alcanzó niveles máximos en dos décadas y afecta el negocio bancario
  • Casi 300 sucursales cerraron en dos años en todo el sistema financiero
  • La digitalización redujo la demanda de atención presencial en los bancos
  • Las entidades buscan recortar costos frente a un escenario económico adverso
  • El Banco Santander lidera el ajuste entre los principales bancos privados
  • El gremio bancario advierte sobre medidas ante despidos y cierres de sucursales

El sistema financiero argentino atraviesa una etapa de transformación marcada por el deterioro en la calidad del crédito, la aceleración de la digitalización y una creciente conflictividad laboral. En ese escenario, los bancos avanzan con un proceso sostenido de reducción de costos que incluye el cierre de sucursales y la reconfiguración de sus estructuras operativas.

Los números reflejan con claridad la magnitud del fenómeno. En los últimos dos años, la cantidad de sucursales bancarias en el país se redujo de manera significativa, pasando de más de 4.400 a poco más de 4.100 puntos de atención. Este ajuste implica la desaparición de casi 300 oficinas, en una tendencia que atraviesa a buena parte de las entidades, aunque con distinta intensidad según el caso.

Uno de los factores centrales detrás de este proceso es el fuerte incremento de la morosidad. La proporción de clientes que dejaron de cumplir con sus obligaciones financieras alcanzó niveles que no se registraban desde hace dos décadas. En enero, más del 10% de los usuarios presentaba atrasos en créditos o tarjetas, cuando un año antes esa cifra era considerablemente menor. En el segmento de préstamos personales, el deterioro es aún más marcado, con índices de incobrabilidad que superan el 13%.

Este escenario impacta directamente en los balances de los bancos, que se ven obligados a absorber pérdidas y a adoptar una postura más cautelosa en la concesión de nuevos créditos. A su vez, la combinación de mayor riesgo y menor demanda de financiamiento contribuye a un reacomodamiento general del negocio, en el que la eficiencia operativa se vuelve un objetivo prioritario.

La digitalización aparece como otro elemento clave en esta transformación. Actualmente, cerca del 90% de las operaciones se realizan a través de canales electrónicos, lo que reduce la necesidad de atención presencial. Este cambio en los hábitos de los clientes, acelerado durante la pandemia y consolidado en los últimos años, lleva a las entidades a redirigir sus inversiones hacia plataformas tecnológicas y a reducir la relevancia de las sucursales físicas.

Sin embargo, dentro del sector reconocen que la tecnología no es el único motor del ajuste. Las mayores exigencias regulatorias, la necesidad de inmovilizar liquidez y el impacto de la volatilidad financiera también influyen en las decisiones. La caída en la cotización de activos durante 2025, por ejemplo, generó pérdidas que obligaron a reforzar las estrategias de contención de gastos.

En este contexto, algunas entidades avanzaron con procesos de fusión que derivaron en cierres adicionales de oficinas por superposición territorial. La integración de estructuras, si bien apunta a mejorar la eficiencia, también acelera la reducción de la red física.

El caso del Banco Santander se convirtió en uno de los más visibles dentro de este proceso. La entidad lidera el recorte entre los grandes bancos privados, con una disminución significativa de su red en los últimos años. Esta estrategia responde a una política global orientada a reducir costos y potenciar la banca digital, replicada en distintos mercados donde opera el grupo.

Desde la conducción del banco sostienen que la caída en la asistencia a sucursales y el crecimiento de los canales online justifican la reconversión. Sin embargo, el impacto laboral de estas decisiones generó una fuerte reacción sindical. La Asociación Bancaria declaró el estado de alerta y anticipó posibles medidas de fuerza frente a lo que considera un proceso de ajuste que afecta puestos de trabajo.

El gremio, encabezado por Sergio Palazzo, cuestiona no solo los cierres de sucursales, sino también las condiciones en que se llevan adelante, denunciando presiones y situaciones conflictivas en distintos puntos del país. Además, advirtió que tomará acciones en aquellas entidades que continúen con políticas de reducción de personal.

La tensión se produce en un momento clave, a pocas semanas de nuevas negociaciones paritarias, lo que añade un componente adicional de incertidumbre. Mientras las entidades buscan adaptarse a un entorno económico complejo, el conflicto con el gremio introduce un factor de riesgo que podría escalar en el corto plazo.

En definitiva, el sistema bancario enfrenta un proceso de cambio estructural en el que convergen factores económicos, tecnológicos y laborales. La evolución de la morosidad, el ritmo de la digitalización y la capacidad de gestionar los conflictos serán determinantes para definir el alcance y la velocidad de esta transformación.

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