
El empleo se convierte en la principal preocupación social en medio del deterioro laboral
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- El empleo superó a la inflación como principal preocupación social
- La desocupación creció y alcanza a cerca de 1,7 millones de personas
- Se perdieron alrededor de medio millón de empleos registrados en dos años
- Aumenta el cuentapropismo como reflejo de mayor precarización laboral
- La industria y la construcción lideran la caída del empleo formal
- El desafío económico pasa por generar trabajo estable y de calidad
El mapa de las preocupaciones sociales muestra un cambio significativo: el empleo desplazó a la inflación como el principal foco de inquietud. Distintas mediciones coinciden en este diagnóstico, reflejando un escenario en el que la pérdida de puestos de trabajo y la precarización laboral comienzan a pesar más que la suba de precios en la percepción de la población.
Los datos recientes confirman esta tendencia. La tasa de desocupación alcanzó el 7,5% en el último tramo de 2025, lo que implica un incremento tanto en la comparación interanual como respecto del trimestre previo. En términos absolutos, cerca de 1,7 millones de personas se encuentran sin empleo, una cifra que enciende alertas en un contexto de transición económica.
Este deterioro se vincula con una caída sostenida del empleo registrado. En los dos primeros años de gestión de Javier Milei, el sistema formal perdió alrededor de medio millón de trabajadores. La reducción, cercana al 4%, refleja una contracción que atraviesa tanto al sector privado como al público, aunque con particular intensidad en algunas actividades.
El fenómeno no se limita a una disminución de puestos de trabajo, sino que también evidencia una transformación en la calidad del empleo. Mientras caen las posiciones formales, crece el número de trabajadores independientes, en muchos casos bajo esquemas de menor protección social. Este desplazamiento hacia el cuentapropismo implica una pérdida de beneficios como estabilidad laboral, cobertura de salud integral o aportes previsionales completos.
Uno de los datos más contundentes surge del desplome en la cantidad de monotributistas sociales, un segmento que agrupa a trabajadores de bajos ingresos con acceso a un régimen subsidiado. En dos años, la reducción fue drástica, lo que sugiere un corrimiento hacia la informalidad de una porción significativa de ese universo laboral.
En paralelo, el empleo asalariado privado también muestra signos de debilidad. La industria manufacturera lidera las pérdidas en términos absolutos, seguida por la construcción, un sector particularmente afectado por la paralización de la obra pública. Estas caídas están asociadas a la retracción de la actividad económica, que impacta de manera directa en la generación de empleo.
Otros rubros, como el transporte, los servicios y las actividades vinculadas al mercado inmobiliario, también registraron retrocesos, aunque de menor magnitud. En conjunto, el panorama muestra una contracción generalizada, con pocas excepciones en sectores específicos como el agro o algunas actividades vinculadas a recursos naturales.
A nivel territorial, la tendencia es similar. La mayoría de las jurisdicciones presenta caídas en el empleo registrado, con descensos más pronunciados en regiones con menor diversificación productiva. Solo algunos distritos vinculados a la actividad energética lograron sostener o incrementar sus niveles de ocupación.
El crecimiento de los monotributistas y autónomos aparece como la contracara de esta dinámica. Sin embargo, lejos de interpretarse como una expansión saludable del empleo, los analistas lo vinculan con una migración forzada desde el trabajo formal hacia modalidades más precarias. Este fenómeno refleja las dificultades del mercado laboral para generar oportunidades estables en el contexto actual.
La persistencia de la inflación, aunque relegada en el ranking de preocupaciones, sigue condicionando el poder adquisitivo y la capacidad de consumo. En ese marco, la pérdida de empleo o su deterioro adquieren un impacto más profundo, al combinarse con un entorno económico todavía inestable.
El desafío hacia adelante será revertir esta tendencia sin afectar el proceso de estabilización macroeconómica. La generación de empleo de calidad aparece como una condición necesaria para consolidar cualquier mejora sostenida en los indicadores sociales.
En definitiva, el desplazamiento de la inflación como principal preocupación no implica una mejora en ese frente, sino la emergencia de un problema más urgente. El mercado laboral se convirtió en el nuevo termómetro de la situación económica, y su evolución será clave para definir el rumbo en los próximos meses.


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