Plazos fijos en retroceso: la inflación reaviva el interés por los depósitos UVA

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La baja de tasas reduce la rentabilidad de los plazos fijos tradicionales frente a la inflación
  • Los depósitos UVA resurgen como alternativa para proteger el ahorro en contextos inflacionarios
  • La mayor liquidez en pesos y la menor demanda de crédito explican la caída de tasas
  • La estabilidad del dólar influye en las decisiones de los ahorristas en moneda local
  • Las proyecciones indican que el UVA superará al plazo fijo tradicional en los próximos meses
  • El inversor enfrenta el dilema entre liquidez inmediata o mejores rendimientos a mayor plazo

El escenario financiero para los ahorristas atraviesa un cambio de tendencia que vuelve a poner en discusión las estrategias más conservadoras. En las últimas semanas, los plazos fijos tradicionales comenzaron a perder atractivo frente a una inflación que se mantiene por encima de lo esperado, lo que genera un desplazamiento progresivo hacia alternativas ajustadas por precios, como los depósitos UVA.

Durante marzo, las tasas ofrecidas por los bancos registraron una baja sostenida. Entidades que a comienzos de mes pagaban alrededor de 25% de tasa nominal anual redujeron ese rendimiento a niveles cercanos al 23%, mientras que el resto del sistema se mueve en una franja que va del 21% al 24%. Traducido a rendimientos mensuales, esto implica ganancias de entre 1,7% y 2%, cifras que quedan por debajo del ritmo inflacionario actual.

El dato no es menor si se considera que el índice de precios al consumidor se ubicó en torno al 2,9% en los primeros meses del año y que las proyecciones privadas para marzo rondan el 3%. Esta brecha entre tasa e inflación implica, en términos reales, una pérdida de poder adquisitivo para quienes mantienen sus ahorros en instrumentos a tasa fija.

En este contexto, los plazos fijos UVA, que ajustan su capital de acuerdo a la evolución de la inflación, vuelven a ganar protagonismo. A diferencia de los tradicionales, estos depósitos permiten resguardar el valor del dinero en escenarios de suba de precios, aunque con una condición clave: el capital debe permanecer inmovilizado durante al menos 90 días. Si el ahorrista decide retirar los fondos antes de ese plazo, la rentabilidad cae drásticamente.

La explicación detrás de la baja de tasas no está directamente vinculada a la inflación, sino a factores propios del sistema financiero. La mayor liquidez en pesos, combinada con una menor demanda de crédito, genera un excedente que reduce la necesidad de los bancos de captar depósitos ofreciendo tasas más elevadas. En otras palabras, hay más dinero disponible y menos presión por atraerlo.

A esto se suma un contexto de estabilidad cambiaria que también influye en las decisiones de los inversores. Históricamente, muchos ahorristas comparan el rendimiento en pesos con la evolución del dólar. Mientras la moneda estadounidense se mantenga relativamente estable, los instrumentos en moneda local conservan cierto atractivo, aun cuando pierdan contra la inflación.

Sin embargo, el deterioro de la rentabilidad real comienza a inclinar la balanza. Las estimaciones de distintas consultoras coinciden en que, al menos en el corto plazo, los depósitos UVA ofrecerán mejores resultados. Para marzo, se proyecta que estos instrumentos podrían rendir por encima del 3%, frente a menos del 2,5% de los plazos fijos tradicionales. La diferencia se mantendría en abril y mayo, aunque con una tendencia a achicarse hacia mitad de año.

El comportamiento del sistema financiero también refleja otros factores de fondo. La morosidad en los créditos viene en aumento, lo que lleva a las entidades a adoptar una postura más cautelosa a la hora de prestar dinero. Este fenómeno, combinado con políticas monetarias más flexibles, contribuye a un reacomodamiento general de las tasas.

Desde la perspectiva del ahorrista, el dilema es claro: optar por liquidez y menor plazo, aun a costa de perder frente a la inflación, o inmovilizar el capital durante tres meses para obtener una renta que acompañe la evolución de los precios. La elección dependerá, en gran medida, del horizonte financiero y de la tolerancia al riesgo de cada inversor.

En definitiva, la dinámica actual vuelve a poner en evidencia la sensibilidad del ahorro en pesos frente a los cambios macroeconómicos. Mientras la inflación se mantenga por encima de las tasas ofrecidas por los bancos, los instrumentos indexados seguirán ganando terreno. El plazo fijo tradicional, en tanto, queda relegado a un segundo plano, sostenido más por la estabilidad cambiaria que por su capacidad de generar rendimientos reales positivos.

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