Carlos Zimerman:"Tenemos una Corte renga con jueces muy cuestionados, algunos impresentables"

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—Carlos Zimerman, usted sostiene que el Poder Judicial atraviesa una crisis institucional. ¿Por qué?

—Porque el Poder Judicial de la Nación no puede seguir funcionando con apenas tres miembros en su máximo tribunal. No es un detalle técnico ni una discusión académica para juristas de café. Es un problema institucional grave. La Constitución es clarísima: la Corte Suprema debe estar integrada por cinco jueces. Todo lo demás es una deformación del sistema.

Hoy vivimos con una justicia renga. Y cuando la Justicia renguea, la República tambalea.

—¿Qué implica tener una Corte incompleta?

—Implica que cada fallo nace bajo sospecha. No importa si jurídicamente es correcto: políticamente queda herido. Las sentencias se discuten más por quién las firma que por lo que dicen. Eso es una tragedia institucional. En una democracia madura debería pasar exactamente lo contrario.

Con solo tres integrantes, el Máximo Tribunal perdió volumen político, peso moral y autoridad simbólica.

—Usted dijo que le generó inquietud coincidir con declaraciones de Ricardo Lorenzetti. ¿Por qué?

—Porque no estamos hablando de un actor neutral del sistema. Lorenzetti ha sido un juez muy denunciado y muy cuestionado. Y sin embargo, cuando afirma que “hay que reformar muy rápidamente el sistema de selección de jueces” y que los concursos duran seis años, dice una verdad incómoda.

Seis años para designar un juez es una eternidad institucional. Es una burla al sentido común. La politización del Consejo de la Magistratura convirtió la selección de magistrados en un pantano donde se hunden los expedientes y flotan las roscas.

—Pero lo más fuerte fue cuando habló de la falta de independencia del Poder Judicial.

—Eso es lo más grave de todo. Escuchar a un juez de la Corte Suprema decir que el Poder Judicial no es autónomo ni independiente debería encender todas las alarmas. Dice que no pueden manejar su presupuesto, que no pueden incorporar tecnología sin permiso político, que las decisiones importantes no las toman ellos.

Si un miembro del máximo tribunal admite eso públicamente, entonces estamos en problemas serios. Muy serios.

—¿Qué lectura política hace de esas declaraciones?

—La pregunta inevitable es: ¿qué hace Lorenzetti todavía en su cargo si reconoce que el sistema que integra no es independiente?

¿Está diciendo que las decisiones de la Corte son inválidas?
¿Que están condicionadas?
¿Que funcionan bajo tutela política?

Cualquiera de esas opciones es alarmante. No hay forma elegante de salir de esa confesión.

—¿Se puede reformar el país con una Corte incompleta?

—No. No se puede reformar nada con una Corte amputada.
No se puede exigir respeto por la ley cuando el órgano que debe interpretarla funciona con menos miembros de los que marca la Constitución.
No se puede hablar de seguridad jurídica con un tribunal rengo.

La Corte Suprema debe volver a ser lo que la Constitución quiso: un cuerpo completo, fuerte y legítimo. Cinco jueces. No tres. No parches. No atajos.

—¿Quién tiene hoy la responsabilidad política de encarar esa reforma?

—Hoy el presidente Javier Milei tiene un número en el Congreso que le permite abordar este tema de fondo. No es un asunto decorativo ni secundario: es una reforma estructural.

Si realmente quiere cambiar la Argentina, tiene que empezar por garantizar un Poder Judicial serio, completo e independiente. No alcanza con discursos contra la casta si se mantiene una Corte debilitada.

—Hay quienes se preguntan si los actuales jueces de la Corte deberían seguir en sus cargos. ¿Qué opina usted?

—La Constitución Nacional es muy clara sobre cómo se remueven los jueces de la Corte y cuáles son las causales de remoción. Eso hay que respetarlo. Nos guste o no, vivimos en un sistema republicano y las reglas están escritas.

Si fuera por mí, Lorenzetti tendría que hacerle compañía a la ex presidenta Cristina Kirchner en San José 1111. Pero mientras la política no quiera investigar seriamente, hay que respetar la Constitución Nacional y que siga en su cargo.

Estamos en democracia y hay que respetar lo que dicen las leyes al extremo, incluso cuando nos resultan incómodas o cuando el personaje en cuestión no nos simpatiza.

—Usted suele insistir en que la Argentina debe mostrar seriedad jurídica ante el mundo. ¿Qué papel juega la actual Corte en ese objetivo?

—Creo que debemos dar una imagen de seriedad jurídica al mundo para que vengan las inversiones. Con esta Corte, conformada como hoy está, eso resulta imposible. Es necesario que se designen en forma urgente los jueces vacantes. No se puede hablar de seguridad jurídica con un tribunal incompleto y cuestionado.

Por supuesto que me gustaría que los que hoy están renuncien. Pero ya lo dije: hay que respetar el camino de la Constitución. Las reglas son las reglas, incluso cuando no nos gustan. No se puede pedir institucionalidad saltándose la institucionalidad.

También soy claro en algo: creo que los que hoy están son impresentables, comenzando por Lorenzetti. Pero aun así, hay que respetar la Constitución, por más que nos duela.

Tener tipos como Lorenzetti en el máximo tribunal de justicia de la Nación son, quizás, los dolores de crecimiento de un país que muy pronto va a estar entre las naciones más prósperas del mundo. Eso no quita que hoy tengamos personajes nefastos ocupando lugares clave. La diferencia es que, si queremos ser un país serio, debemos cambiarlos por los mecanismos legales, no por el enojo ni por el atajo.

—Para cerrar, ¿cuál es su diagnóstico final?

—Sin justicia plena no hay República.
Y con una Corte renga no hay futuro institucional posible.

Reformar el Máximo Tribunal ya no es una opción política: es una urgencia democrática.
Así, como estamos ahora, no se puede seguir.

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