


Por Jorge Levin
En la previa del debate por la reforma laboral en la Cámara de Diputados, la diputada cordobesa Natalia de la Sota volvió a ubicarse en el centro de la escena con declaraciones de tono crítico hacia el oficialismo y hacia sectores de su propio espacio político.
“Nadie se anima a decirle que no a Javier Milei”, afirmó, cuestionando el clima político que rodea el tratamiento de la ley impulsada por el Gobierno nacional. En la misma línea, lanzó un tiro por elevación dirigido a la senadora Alejandra Vigo, al preguntarse públicamente:
“¿Por qué los senadores que se dicen justicialistas o defensores de la justicia social se han animado a votar esta ley?”.
Además, la diputada cuestionó el tratamiento exprés del proyecto y reclamó una estrategia productiva que tenga como eje a las pymes y a la industria nacional, con un discurso cargado de referencias a la justicia social y al rol del Estado en la protección del trabajo.
El problema del contraste
Sin embargo, puertas adentro del propio peronismo cordobés, sus declaraciones generan cada vez más ruido. No por lo que dice, sino por la distancia entre su discurso público y su modo de vida. Dirigentes y observadores políticos coinciden en señalar que Natalia de la Sota construye un personaje: un perfil crítico del poder económico y defensor de los sectores populares que no se condice con su realidad cotidiana ni con su recorrido político.
La imagen de diputada sensible a los problemas de la industria nacional y de los trabajadores contrasta con un estilo personal asociado a los privilegios de la política tradicional. Para muchos, se trata de un acting progresista, funcional al posicionamiento interno pero desconectado de la experiencia real de quienes viven la crisis económica desde abajo.
Críticas selectivas
Otro punto que no pasa desapercibido es la selectividad de sus cuestionamientos. Mientras apunta con dureza al presidente Javier Milei y a los legisladores que acompañan la reforma laboral, evita confrontar con claridad con las responsabilidades históricas del peronismo en el deterioro del mercado laboral y la caída del empleo formal.
Su frase sobre los senadores “justicialistas” suena más a reproche interno que a una autocrítica profunda. En ese sentido, algunos analistas interpretan sus declaraciones como parte de una estrategia personal para diferenciarse dentro del espacio opositor, sin romper del todo con la estructura que la contiene.
Un discurso que busca identidad
De la Sota intenta pararse en un lugar simbólico: el de la conciencia social dentro de un Congreso que discute reformas estructurales. Habla de pymes, industria nacional y justicia social, pero sin presentar aún un plan concreto que trascienda el plano retórico.
En un contexto donde el debate por la reforma laboral expone fracturas políticas y sindicales, sus intervenciones parecen apuntar más a construir identidad propia que a incidir realmente en el rumbo de la discusión.
Mientras tanto, crece una percepción incómoda: la diputada no vive como habla. Y esa distancia entre discurso y práctica comienza a erosionar la credibilidad de un mensaje que, de tanto repetirse, corre el riesgo de convertirse en pose antes que en propuesta.



La conducción del PJ en debate: Bianco expuso las tensiones internas del peronismo

Estados Unidos respalda a la Argentina ante la jueza Preska y rechaza sanciones por el caso YPF





















