
Hoy es “San Perón”: el paro de siempre contra un gobierno que no es el de siempre
OPINIÓN Por Carlos Zimerman

Por Carlos Zimerman
Hoy no es un día cualquiera. Para una parte de la Argentina corporativa es, otra vez, una fecha sagrada: el día del paro. El ritual conocido de los sectores que no toleran un gobierno que no les responde, que no les garantiza privilegios, que no les firma cheques en blanco.
La medida convocada por la CGT vuelve a exhibir una lógica que el país conoce demasiado bien: cuando el poder no es propio, se intenta paralizar la Nación. No es una huelga social; es una jugada política. No es por los trabajadores; es por los dirigentes.
El blanco es claro: el gobierno de Javier Milei, el primer presidente en décadas que no surge del peronismo ni negocia con las viejas estructuras sindicales. Y eso, para muchos, es imperdonable.
Desde temprano, los servicios se ven resentidos. No hay bancos, el transporte funciona de manera limitada, la administración pública está prácticamente paralizada y la actividad económica sufre un nuevo golpe. Otra jornada perdida para comerciantes, pymes y trabajadores que viven del día a día.
El argumento formal es la reforma laboral. El trasfondo real es otro: el miedo a perder poder.
Porque la reforma no apunta contra el trabajador, sino contra un sistema que convirtió al empleo en un laberinto legal, al juicio en una industria y al sindicato en un actor político permanente.
Los mismos que gobernaron durante décadas y dejaron un país con inflación crónica, pobreza estructural y desorden fiscal hoy se presentan como defensores de la justicia social. Los mismos que miraron para otro lado frente a la corrupción ahora hablan de derechos.
Hoy es, una vez más, el paro de los que no soportan no mandar.
De los que no aceptan que exista un gobierno que no les rinda pleitesía.
De los que creen que la calle es una herramienta para condicionar la democracia.
Mientras tanto, millones de argentinos quieren algo distinto: trabajar, producir, viajar, estudiar, abrir sus negocios y vivir sin que cada conflicto político se traduzca en un país detenido.
La Argentina del futuro no se construye con paros permanentes ni con extorsiones gremiales. Se construye con reglas claras, con instituciones fuertes y con una cultura del esfuerzo que durante años fue reemplazada por la cultura del apriete.
“Hoy es San Perón”, dirán algunos con ironía.
Pero también es un día más en el que se pone a prueba si el país quiere seguir atado al pasado o si está dispuesto a soportar la incomodidad del cambio.
El paro es el reflejo de un sistema que se resiste a desaparecer.
El Gobierno, con todos sus errores y desafíos, representa una ruptura con ese esquema.
La pregunta no es si hoy habrá paro. Eso ya está decidido.
La verdadera pregunta es cuánto tiempo más la Argentina va a permitir que los de siempre le marquen la agenda a un país que quiere avanzar.



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