
El dólar dejó de ser refugio: cuánto perdió el ahorrista que se dolarizó desde la llegada de Milei
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- El dólar perdió poder adquisitivo desde la asunción de Javier Milei, pese a subir en términos nominales.
- Quienes compraron divisas a fines de 2023 sufrieron caídas reales cercanas al 50%.
- La demanda minorista de dólares siguió alta, aunque la estrategia resultó poco rentable.
- Los instrumentos en pesos rindieron muy por encima del dólar durante 2024 y 2025.
- La política fiscal y monetaria redujo la presión cambiaria y cambió los incentivos.
- Los analistas recomiendan diversificar y no usar al dólar como única cobertura.
Desde la asunción de Javier Milei, a fines de 2023, el mercado cambiario argentino experimentó un giro poco habitual para la historia reciente. El dólar, tradicional resguardo frente a la inflación y las crisis recurrentes, dejó de cumplir ese rol casi automático. Por primera vez en muchos años, quienes se volcaron masivamente a la divisa estadounidense como forma de protección patrimonial terminaron viendo erosionado su poder de compra.
El punto de partida fue diciembre de 2023, cuando el dólar libre rondaba los $1.000. En ese contexto, marcado por la incertidumbre política y el cambio de signo en el gobierno, miles de ahorristas optaron por dolarizarse anticipando una devaluación brusca. Sin embargo, el rumbo adoptado por la nueva administración alteró ese libreto conocido. El ajuste fiscal, el recorte del gasto público y una política monetaria restrictiva lograron contener la emisión y, con ella, la presión cambiaria.
Durante 2024 y 2025, el tipo de cambio mostró una evolución moderada en términos nominales y quedó claramente rezagado frente a la inflación. El resultado fue un dólar “planchado” que, medido en términos reales, perdió valor. Aun así, la demanda minorista de divisas se mantuvo elevada: desde la salida del cepo, las compras privadas acumularon alrededor de 26.000 millones de dólares, según cifras oficiales. La pregunta inevitable es si esa estrategia resultó rentable.
Los datos muestran que quienes compraron dólares en el arranque del nuevo gobierno fueron los más perjudicados. Un ahorrista que adquirió 1.000 dólares a $1.000 por unidad desembolsó un millón de pesos. Hoy, al vender esos billetes a un tipo de cambio cercano a $1.430, obtendría $1.430.000. En términos nominales, la ganancia parece significativa. Pero al ajustar por la inflación acumulada desde entonces, el poder adquisitivo de esa inversión cayó cerca de un 50%. En otras palabras, esos dólares hoy compran la mitad de bienes y servicios que a fines de 2023.
El panorama mejora levemente para quienes se dolarizaron a lo largo de 2024, aunque sigue siendo negativo. En promedio, la pérdida real ronda el 21%, con picos superiores al 30% en los primeros meses del año. Incluso en 2025, el balance anual muestra un retroceso cercano al 5%, salvo para quienes compraron en un período muy acotado entre abril y junio, cuando el dólar logró empatar levemente a la inflación.
El contraste con las alternativas en pesos es elocuente. Instrumentos como plazos fijos, fondos money market, Lecaps o bonos ajustados por inflación ofrecieron rendimientos muy superiores. Por eso, en el ámbito financiero comenzó a instalarse la idea de que el dólar fue, paradójicamente, una de las peores inversiones del período.
Las razones de este fenómeno son múltiples. El uso del tipo de cambio como ancla inflacionaria, el superávit fiscal y la mejora en las expectativas macroeconómicas redujeron la demanda de cobertura cambiaria. A eso se sumó un escenario de tasas reales positivas en pesos, que incentivó a permanecer en moneda local.
Para los analistas, el error no fue comprar dólares, sino hacerlo de manera automática, sin leer el nuevo contexto. En un esquema de disciplina fiscal y control monetario, el billete verde dejó de ser el salvavidas de siempre. La experiencia reciente dejó una señal clara: el dólar ya no garantiza protección por sí solo y pasó a ser, en todo caso, una cobertura parcial dentro de una estrategia más diversificada.


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