Una intervención sorpresiva que reaviva tensiones federales en el extremo sur

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
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  • La intervención del Puerto de Ushuaia se realizó de madrugada y sin notificación formal previa.
  • El gobernador denunció que la orden fue comunicada mediante un mensaje de WhatsApp.
  • Más de 150 trabajadores quedaron excluidos tras la toma de control de las instalaciones.
  • El Gobierno nacional justificó la medida por presuntas irregularidades y falta de inversión.
  • La provincia negó las acusaciones y defendió el esquema de reinversión de los fondos.
  • La llegada de un avión extranjero sumó sospechas y aumentó la tensión política en la región.

La intervención del Gobierno nacional sobre el Puerto de Ushuaia abrió un nuevo foco de conflicto político e institucional entre la Casa Rosada y una de las provincias más sensibles del mapa estratégico argentino. El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, detalló una secuencia de hechos que, por su forma y por su trasfondo, generó fuerte impacto en el ámbito político y reavivó la disputa con los gobernadores patagónicos.

Según el mandatario provincial, la medida se ejecutó de manera intempestiva y sin los canales administrativos habituales. De acuerdo con su relato, personal de la Prefectura Naval arribó al puerto alrededor de la medianoche para tomar el control de las instalaciones. La intervención incluyó el retiro del personal que se encontraba trabajando y la confección de una lista reducida de empleados habilitados para continuar sus tareas. En los hechos, más de 150 trabajadores quedaron excluidos de manera inmediata, una decisión que encendió alarmas tanto en el plano laboral como en el institucional.

Uno de los puntos que más críticas despertó fue la modalidad de comunicación utilizada para formalizar la intervención. Melella sostuvo que las autoridades locales no contaban con una notificación oficial previa y que, ante el reclamo de documentación formal, la orden fue enviada a través de un mensaje de WhatsApp. Para el gobernador, ese procedimiento refleja improvisación y ausencia de racionalidad administrativa, además de un desconocimiento de los mecanismos legales que rigen la relación entre la Nación y las provincias.

Desde el Ejecutivo nacional, la intervención fue justificada en base a tres argumentos centrales: presuntas irregularidades en el manejo de fondos públicos, desvíos de recursos y un supuesto déficit de inversión que habría puesto en riesgo la seguridad operativa del puerto. Sin embargo, el gobierno fueguino rechaza de plano esas acusaciones. Melella aseguró que los ingresos del puerto se reinvirtieron íntegramente en su funcionamiento y que, lejos de un abandono, la terminal portuaria fue una de las pocas de la región que registró obras de infraestructura en los últimos años.

El cruce de versiones dejó al descubierto una disputa más profunda. Para la administración provincial, la intervención no solo carece de sustento técnico, sino que también vulnera la autonomía local y sienta un precedente delicado en materia de federalismo. En ese sentido, el caso de Ushuaia se suma a una serie de fricciones entre el Gobierno nacional y las provincias patagónicas, que vienen reclamando mayor previsibilidad y diálogo institucional.

La controversia se amplificó aún más por un episodio que ocurrió en paralelo a la intervención. En medio del operativo, un avión procedente de Estados Unidos aterrizó en la capital fueguina, lo que dio lugar a especulaciones sobre la presencia de una comitiva extranjera y los motivos de su visita. La falta de información oficial alimentó sospechas en torno a posibles intereses vinculados al Atlántico Sur, una región de alto valor estratégico por sus recursos naturales y su proyección geopolítica.

Aunque desde las autoridades nacionales no se brindaron precisiones sobre ese arribo, el episodio agregó un componente de incertidumbre a un escenario ya cargado de tensiones. Para sectores políticos y sociales de la provincia, la coincidencia temporal entre la intervención del puerto y la llegada de la aeronave no es un dato menor y refuerza la demanda de explicaciones claras.

Más allá de los hechos puntuales, el caso del Puerto de Ushuaia volvió a poner en discusión los límites de la intervención del Estado nacional en jurisdicciones provinciales y la necesidad de sostener reglas claras en la administración de infraestructuras estratégicas. En un contexto de ajuste fiscal y redefinición del rol del Estado, la forma en que se ejecutan estas decisiones resulta tan relevante como sus fundamentos.

El desenlace del conflicto aún es incierto. Mientras la provincia insiste en la falta de legalidad y racionalidad de la medida, el Gobierno nacional mantiene sus argumentos y avanza en el control del puerto. En el medio, quedan los trabajadores afectados y un clima político que vuelve a tensarse en una región clave para la proyección argentina en el sur.

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