Con Argentina al frente, diez países frenaron en la CELAC una condena conjunta a Estados Unidos por la detención de Nicolás Maduro

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
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  • La CELAC no logró una declaración conjunta tras la detención de Nicolás Maduro por falta de consenso interno.
  • Argentina y otros nueve países bloquearon una condena a la intervención militar de Estados Unidos.
  • El encuentro evidenció una fractura regional que excede lo ideológico y atraviesa a varios países.
  • Un bloque de países prepara un comunicado propio en respaldo a la actuación estadounidense.
  • Cambios políticos internos, como en Chile y Honduras, profundizan las posiciones contrapuestas.
  • La crisis venezolana volvió a mostrar los límites de la CELAC para articular posturas comunes.

La reunión de urgencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), convocada por el presidente pro tempore del bloque, el mandatario colombiano Gustavo Petro, concluyó este domingo sin una declaración conjunta de condena a la detención del exdictador venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. El intento de consensuar una posición crítica frente a la intervención militar estadounidense fracasó ante el rechazo explícito de Argentina y otros nueve países, que bloquearon cualquier pronunciamiento unánime del foro regional.

El encuentro, realizado por videoconferencia, reunió a cancilleres y representantes de los 33 países miembros de la CELAC. La iniciativa impulsada por Petro buscaba fijar una postura común frente al operativo que derivó en la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flórez, actualmente detenidos en Nueva York a la espera de responder ante la Justicia estadounidense por acusaciones vinculadas al narcoterrorismo transnacional. Sin embargo, las profundas diferencias internas sobre la situación venezolana impidieron alcanzar un texto compartido.

Si bien la convocatoria contó con el respaldo político de gobiernos como los de Brasil, México y Colombia, el bloque no logró superar las objeciones planteadas por Argentina, Paraguay, Perú, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Ese grupo de países cuestionó la legitimidad del régimen venezolano y evitó convalidar una condena a la acción estadounidense, al considerar que el foco debía estar puesto en las violaciones sistemáticas a los derechos humanos cometidas por el chavismo.

El canciller argentino, Pablo Quirno, tuvo un rol central en la articulación de esa postura disidente. La señal política se reflejó también en el bajo nivel de representación diplomática que varios de esos países enviaron al encuentro, en contraste con la participación activa de gobiernos alineados con el eje del ALBA, como Cuba, Nicaragua y Honduras, que promovieron una condena explícita a Washington.

Antes de la reunión, un grupo de gobiernos de la región y de Europa había expresado críticas a los operativos militares ordenados por la administración de Donald Trump en Venezuela. No obstante, en paralelo, un bloque de diez países latinoamericanos comenzó a trabajar en un comunicado propio para respaldar la actuación de Estados Unidos, al considerar que permitió la detención del líder de un régimen señalado por organismos internacionales por graves y persistentes violaciones a los derechos humanos.

Lo ocurrido en la CELAC dejó al descubierto una fractura profunda en América Latina que trasciende lo estrictamente ideológico y se proyecta tanto a nivel regional como dentro de los propios países. En varios casos, la discusión sobre Venezuela expone transiciones políticas internas y cambios de orientación que complejizan la construcción de consensos duraderos.

Un ejemplo de esa dinámica se observa en Chile, donde el actual presidente Gabriel Boric se alineó con la postura crítica hacia Estados Unidos, mientras que su sucesor, José Antonio Kast, sostuvo públicamente que la detención de Maduro representa “una gran noticia para la región”, al atribuir al régimen venezolano la expulsión de millones de personas y la expansión del narcotráfico y el crimen organizado.

Una situación similar se registra en Honduras. La presidenta Xiomara Castro fue una de las voces más duras contra el arresto del exmandatario venezolano, pero el partido político del presidente electo Nasry “Tito” Asfura emitió una declaración de respaldo al operativo estadounidense, al que calificó como una señal en defensa de la dignidad humana y la libertad en el continente.

Las divisiones también se reflejaron recientemente en el Mercosur, donde el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva rechazó cualquier intervención militar extranjera, mientras que el mandatario argentino Javier Milei expresó un apoyo explícito a la estrategia de Estados Unidos para desplazar del poder al régimen chavista.

Durante la reunión de la CELAC, cancilleres de países aliados a Venezuela pronunciaron discursos encendidos contra la incursión militar estadounidense. Sin embargo, enfrentaron la oposición de aproximadamente un tercio de los miembros del foro, que insistieron en cuestionar la legitimidad del régimen bolivariano y en señalar el deterioro institucional y humanitario que atraviesa Venezuela desde hace más de una década. El resultado fue un nuevo capítulo de parálisis regional frente a uno de los conflictos políticos más sensibles del continente.

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