Llamosas, ante el examen más exigente de su carrera política

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Juan Manuel Llamosas transita un momento bisagra. Aunque su nombre lleva tiempo inscripto en la política provincial, 2026 aparece como uno de los desafíos más relevantes de su recorrido. No solo por el cargo que hoy ocupa como presidente provisorio de la Legislatura, sino porque ese lugar lo deposita, como nunca antes, en una cercanía directa con el gobernador Martín Llaryora y en una zona de influencia que hasta aquí había observado desde otro plano.

Si bien ya inició su camino como tercera autoridad provincial en la última sesión legislativa de 2025, los puntos más fuertes del examen se presentarán durante este período. Será el año en el que —afirman desde su entorno— “se deja de mirar el proceso desde afuera” para asumir responsabilidades de mayor espesor político, en un esquema que lo expone como pocas veces antes y que lo pondrá a prueba de manera permanente.

La llegada de Llamosas a ese sitial no es producto de una coyuntura aislada. A los ocho años como intendente de Río Cuarto se suman dos etapas que funcionaron como antesala: su paso por el Ejecutivo provincial como representante de los departamentos del sur y, luego, la vicepresidencia del Banco de Córdoba. Ese recorrido le permitió ampliar su mapa provincial, recorrer territorios, dialogar con sectores productivos y sumar una experiencia de gestión que ahora se proyecta sobre un ámbito distinto, más expuesto y con reglas propias. “Todo eso fue preparación”, admite el propio Llamosas al describir el proceso que lo trajo hasta este rol.

El cambio de escenario no es menor. La Legislatura que preside de manera provisoria es un recinto atravesado por mayorías ajustadas, proliferación de bloques y monobloques, y una dinámica donde el debate político y la rosca ocupan un lugar central. Dentro del oficialismo admiten que su designación responde más a la necesidad de ordenar y administrar equilibrios que a una lógica de acumulación de poder interno para fortalecer el bloque en un año que anticipa más discusiones de alto voltaje

El arranque de su era en el legislativo funcionó como una prueba temprana, todavía inexperto y en periodo de adaptación para el manejo de la agenda de un recinto tan particular. Como si fuera poco, diciembre dejó sobre la mesa proyectos sensibles —códigos de convivencia y tránsito, equidad previsional, presupuesto y sistema penitenciario— que exigieron negociación permanente y atención fina sobre un tablero frágil en el que el riocuartense todavía no está asentado. Frente a esto, Llamosas sobrellevó la instancia con la regla de escuchar mucho y hablar lo justo, a la espera de momentos de mayor acción, cuando se ponga a tono con la cotidianeidad de la Unicameral.

El desempeño de Llamosas se con el paso de las sesiones y con la preparación específica que excede a sus capacidades como gestor de la Municipalidad de Río Cuarto entre 2016 y 2024. Su papel en la segunda ciudad de la provincia y capital alterna aparece como un antecedente para entender su forma de pararse frente al conflicto, algo que surgirá durante su estadía en el Legislativo provincial. La experiencia de gestión local le otorgó una impronta que ahora intentará trasladar a un ámbito donde conviven intereses cruzados, identidades partidarias diversas y disputas de poder abiertas. 

En paralelo, Llamosas empieza a ocupar un lugar simbólico dentro del esquema provincial: el de una de las voces más visibles del interior y, particularmente, del sur cordobés. No se trata solo de una cuestión geográfica, sino de perspectiva política. En un esquema donde las referencias oficialistas sureñas con peso propio no abundan —con nombres como el ministro Sergio Busso, la legisladora Victoria Busso o el ministro Julián López—, su figura comienza a ser leída como parte del esquema de primera línea política, aunque sin ministerio ni área específica bajo su órbita. Su capital está en el rol institucional y en la confianza explícita del gobernador.

Desde allí, también empieza a cumplir una función política más visible: la de acompañar y defender el rumbo del Ejecutivo provincial, en vísperas de tiempos que traerán debates complejos y tensos. Es una tarea que lo posiciona como una voz complementaria dentro del llaryorismo, un exintendente que habla el mismo idioma que el gobernador y que, con eso a favor, puede abroquelar el apoyo de los jefes municipales de su región.

Cauto al hablar de proyección personal, Llamosas evita sobreactuar ambiciones. Sin embargo, el cargo lo coloca de hecho en una escena de primera línea y lo enfrenta al desafío de capitalizar esa herramienta de confianza con resultados. “No es un premio, es una responsabilidad”, suele marcar cuando se le pregunta por el lugar que ocupa. El 2026 aparece así como el año más exigente de su carrera: el momento en el que dejó atrás la etapa de preparación para empezar, definitivamente, a jugar en las grandes ligas de la política provincial. Su desempeño será la medida concreta de esa confianza y del lugar que efectivamente logre consolidar dentro de la estructura cordobesista. Un punto de inflexión para su futuro en el tablero después de 2027.

CON INFORMACION DE DIARIO ALFIL, SOBRE UNA NOTA DE MARCLÉ GABRIEL.

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