
Bullrich endureció su discurso sobre Venezuela y respaldó la captura de Maduro
POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior

- Bullrich calificó a Maduro como un delincuente y jefe de una red narcocriminal
- Respaldó la detención de Estados Unidos y la definió como una acción policial
- Cuestionó duramente a la ONU y denunció una doble vara internacional
- Planteó la necesidad de un mundo libre de dictaduras y alertó sobre Irán en la región
- Citó a Perón para describir las posibles salidas del régimen venezolano
- Defendió el protocolo antipiquetes tras su presencia en el Obelisco
La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos volvió a reactivar el debate político en la Argentina sobre la situación en Venezuela y el rol de la comunidad internacional frente a los regímenes autoritarios. En ese contexto, Patricia Bullrich tomó una posición tajante. La senadora nacional de La Libertad Avanza y exministra de Seguridad Nacional calificó al mandatario venezolano como “un delincuente” y “jefe de una organización narcocriminal”, y sostuvo que su caída representa un paso necesario para terminar con una dictadura que, según afirmó, tiene proyección continental.
Bullrich no limitó su análisis a la figura de Maduro, sino que apuntó contra el sistema que lo sostiene. A su entender, el régimen venezolano no solo destruyó la economía formal del país, sino que consolidó un entramado criminal que se apoya en el narcotráfico, la represión y la ausencia de libertades básicas. Desde esa mirada, defendió la intervención estadounidense y buscó diferenciarla de una acción bélica tradicional. “No es una incursión militar, es una incursión policial”, explicó, al compararla con operativos internacionales como los que derivaron en el escándalo del FIFA Gate.
En ese sentido, Bullrich trazó un contraste directo con la situación argentina y la imposibilidad histórica de avanzar sobre los ciudadanos iraníes acusados por los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel. Para la legisladora, esa parálisis refleja las limitaciones de un sistema internacional que, en nombre de la diplomacia o el formalismo jurídico, termina garantizando impunidad. “Hay una doble vara según el dictador sea simpático o no para ciertos sectores del mundo”, advirtió.
Uno de los ejes más críticos de sus declaraciones estuvo dirigido a las Naciones Unidas. Bullrich cuestionó lo que definió como una postura “políticamente correcta” del organismo, basada en la inacción preventiva y la apelación a procesos judiciales posteriores. En ese marco, sostuvo que la ONU se alejó de su mandato original y recordó su creación como respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Para la senadora, permitir la consolidación de dictaduras equivale a repetir errores del pasado bajo nuevas formas.
El planteo de Bullrich fue más allá del caso venezolano y se inscribió en una discusión de fondo sobre el modelo de orden global. “Queremos vivir en un mundo libre de dictaduras”, afirmó, y sostuvo que estos regímenes no solo anulan derechos, sino que destruyen cualquier posibilidad de desarrollo pacífico de los pueblos. En esa línea, advirtió sobre la creciente influencia de Irán en América Latina, a la que definió como un factor adicional de inestabilidad y riesgo estratégico para la región.
Al analizar las posibles salidas al régimen chavista, Bullrich apeló a una cita de Juan Domingo Perón que sorprendió incluso a sus críticos. “Hay dos salidas: una es con sangre, otra es con tiempo”, recordó, para describir lo que considera un sistema cerrado, sin fisuras internas evidentes. Según su visión, la falta de reacción de las Fuerzas Armadas venezolanas y la inexistencia de una implosión política anticipan una transición prolongada y compleja, aun con Maduro fuera del poder.
En otro tramo de sus declaraciones, la senadora se refirió a su presencia en los festejos de venezolanos en el Obelisco porteño tras conocerse la detención del mandatario. Consultada por el protocolo antipiquetes que ella misma impulsó cuando era ministra, aclaró que ya no ocupa ese cargo, aunque remarcó que la normativa sigue vigente. Defendió el esquema de orden público y aseguró que permitió “liberar a Buenos Aires de ser una ciudad tomada” luego de dos décadas de conflictos permanentes en el espacio público.
Con un discurso sin matices, Bullrich volvió a ubicarse entre las voces más duras del oficialismo frente a los gobiernos autoritarios de la región. Su postura refuerza una línea política que reivindica la acción directa contra las dictaduras y cuestiona los límites del multilateralismo tradicional, en un escenario internacional cada vez más tensionado.






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