Yo tengo el orgullo de ser cursi

PARA LEER EN PANTUFLAS Por José Ademan RODRÍGUEZ
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jose ademanPor José Ademan RODRÍGUEZ

Se entiende por cursi algo que se nota falso o impostado con la pretensión de parecer más elegante o fino.

Yo tengo el orgullo de ser cursi.

Pero me pregunto: ¿Qué es lo cursi? Difícil cuestión esta. Expresar lo cursi, no se crean, no es tan fácil, por la dificultad que implica diferenciar lo simple de lo rebuscado.

Así como de lo que vulgarmente conocemos como grano se pueden hacer más de cien diferenciaciones clínicas, también lo cursi tiene sus perfiles y matices diferentes. Lo hay de baratija, de sincero sentimiento, de candor impoluto o espuria condición. ''Querido León, Espero que al recibo de la presente te encuentres bien de salud en compañía de los tuyos, quedando nosotros bien, gracias a Dios.''... ¿Se acuerdan? Casi todas las cartas comenzaban así, con almidonada cursilería pueblerina... Y yo soy un soñador convencido de que lo verdaderamente sentimental es cursi, como el “No te olvidaremos” de los epitafios, sin artificio literario.

No debe haber nada en el mundo, por ejemplo, más cursi - barato que las sonrisas de los políticos en los afiches de las campañas pre-eleccionarias. Tendrían que explicar de qué carajo se sonríen con lo preocupante que está la situación. Tal vez piensan en lo mucho que dejarán de hacer y lo poco que les costó prometer para llegar a la poltrona. O un ensayo para cuando se mueran, ya que todas las calaveras se ríen en lo irreversible del cajón, o quizás participen en un concurso de “Míster Simpatía” o anuncien una campaña de dentífrico, como el caso del presidente Sánchez, títere de separatistas regionales españoles y globalistas-mundialistas y ser euro-dependiente.

Ese cursi-perjurio de los presidentes… todos quebrantaron la fe jurada. Juraron "ante Dios, los santos Evangelios y la Constitución". Hasta hubo un artículo que publicó una vez La Nación en época de la última dictadura militar donde se leía: "Su Majestad la justicia honrase", a raíz de un acto en el que participaban Videla, los obispos, la Corte Suprema; genocidas activos o pasivos, por acción u omisión (que no sé si son correctos los términos, pues no domino bien la chamuyeta jurídica). Y ¿qué me dicen de los restaurantes caros que usan melodías acariciantes para suavizar la mala comida y la cuenta gravosa, lo cual es cursi - caro para el estómago.

Los pseudo - intelectuales temen decir que les gusta la música del Doctor Zhivago, o de Lilí o Casablanca porque es “facilonga”; son cursis que presumen de no serlo (el equivalente de la cursi-apariencia).

Cursis eran los cuatro que acompañaban a Estela Raval en sus canciones de Los Cinco Latinos, que serían personal adicional (o prescindible) con su ''chugua-chugua-chuguaaaaaa''. O lo cursi - chabacano de los programas de televisión de mayor rating de audiencia, que al sufrir un bajón apelan a bajar la línea del sujetador y subir la falda de las azafatas. ¿Y lo cursi - sentimentaloide del génesis del amor? Con las bobas palabrejas inconcretas de una declaración (nunca hubo nada nuevo en esos devaneos). “Te quiero. Yo tambien”... dicen todos los Tom Cruise de la nueva usanza. Y lo remanidamente estúpido de las flores con dedicatorias (¡menos mal que los besos no se pueden envolver con celofán!).

O el primer acercamiento con esos ojos de bovino afiebrado y pajerizada cara bermeja de besuqueo indelicado de él. Y la simulada pasión con ficticios ojos entornados de ella... ¿No es eso cursi? ¿Y lo que salva al amor? Dramáticos folletines y juramentos con llanto y moco de que "nunca más lo haré, te lo prometo, mi amor"; arrepentimientos que son sollozos de opereta. Los románticos lo llamarán expresión pura de afectos truncados, pero es todo recargado, ciego, irracional... cursi.

Ahora les da vergüenza decir que están de novios. Expresan que ''salen'' con fulana o fulano, cuando en realidad entran para coger. Y hablan de relación abierta; que están ''tonteando'' (eso ya es el franeleo). Y ya alcanzada la temperatura erotico-corporal de la calentura, dicen que se están ''conociendo'', que en realidad significa que están reculiando.

La más suprema cursi-elección de la mujer o el hombre de su vida, donde jamás prevalece la virtud o la nobleza de espíritu, sino lo que ahora han dado en llamar estúpidamente “la química”, que no es otra cosa que lo que antes designábamos como “calentura”; así entronizan a un cretino o un héroe, a una con alma de putón verbenero o hermanita de caridad…

Jamás nadie sabe cuál es el motivo por el que nos aman o pudieran hacerlo. ¿Cómo se sabe con certeza por qué aman? ¿Por capricho, seguridad, talento, locura, piedad...? “Sí quiero” dijeron una vez, allá lejos, hace tiempo para llegar a la ancianidad reputeándose entre dientes con sonrisas otoñales de amarga resignación. Sí quiero ¿qué?; te quiero ¿qué? No se especifica bien; es algo disoluto, ambiguo, pueril. Te quiero... ¿para hacerte un hijo?, ¿para complacerte?, ¿o darte una parte de mi vida (que de últimas son los bienes)? ¿Por qué una persona ama a otra? ¿Cuál es la razón de necesitarse? ¿Es un piropo lo suficientemente peliculero y donjuanesco como para engancharte, o la intención de vivir juntos?

Al igual que el ósculo esponsorizado de las azafatas en el podio de los ciclistas o el champan regado por los pilotos ganadores en Fórmula-1, como si les echaran a los admiradores una humillante meada de diez pinchilas simultáneas desde lo alto de una tarima. ¡Imperdonable!, aunque después pretendan marcar elegancias con copas tulipán o Pompadour, vestidos de riguroso smoking ante la Carolina de Mónaco, presumiendo de finos sin serlo. Y la cursi - cursiva de los ilegibles jeroglíficos que ponen los doctores en las recetas para alardear de tener “letra de médico”, poniendo en riesgo la vida de un paciente si el farmacéutico no es, a la vez, perito calígrafo; en caso contrario, puede confundir la gimnasia con la magnesia y los pies de atleta con las patas de gallo. Quizás no estaría de más que recomendaran una crema para caídas que siempre va bien a los que viajan en avión.

En algunos pueblos de Argentina existían hasta hace poco, cursiladas impresentables de gente que pretendía socialmente cagar más alto de lo que le daba el culo (el estatus que le llaman). Ponían este aviso en el diario (podría ser médico o dentista):

''Comunicamos a nuestros señores clientes que el doctor Deza cerrará su consultorio por el mes de enero con motivo de su viaje a Europa. Que pasen ustedes un feliz año.''

Hay algo que no aguanto, los cantantes de estos concursos televisivos para destacar quién grita más alto cual atletas de laringe rompe tímpanos, como el caso de David Bisbal que entra corriendo al escenario con contorsiones y giros vertiginosos, como si festejara un gol y las cursis repetidas palabras al corazón de sus amiguetes: ''Te quiero, hermano...''.

Haciendo memoria

Recuerdo que nada me parecía más cursi y ridículo que el pelo revuelto de Boris Johnson o la peluca que como una fregona adorna la testa del fugado delincuente catalán, Carlos Puigdemont.

Ahhh... y las malformaciones estéticas de las mujeres de la TV al hacerse tan pronunciados los pómulos que parecen dos testículos puestos por un mal cirujano! O el caso de otras, que con tantos estiramientos (por lo que se les cae) les quedan los pelos del coño en el pecho. Ay, esas feministas...

Además, está el problema que tienen con los pechos, las minas; ya no son ni sugerentes ni deseables. No saben qué hacer con las tetas, se las ajustan para que sean tan turgentes como dos surtidores lácteos para un ejército de mamones.

Que bien de cuando se respetaba la naturaleza de los senos. Las había de tipo pomelo o pera. O las de las actrices italianas, como Gina o Sofía. Después, la del tipo naranja que caben justo en la boca del hombre y así juguetear con las areolas mamarias, o las más chiquitas, tipo limón, para engullirlas. Todo con un principio a tener en cuenta, que mano que no cubre todo su contorno, no es una teta, es una ubre.

Ahora, están las tetas lastimeras, que solo mueven a la piedad, tipo cebolla, que, de solo verlas, te dan ganas de llorar.

Y esa manía de tocarse el pelo hacía uno y otro lado, como parabrisas, hiperquinéticas, se bambolean, oscilan, como bustos de feria o como si se limpiaran el culo con papel de lija...

Y los cursis influencers? que marcan tendencias y lideran modas y costumbres, son solamente ''putitas'' iletrados, o hijos de famosos, sin ninguna significación de utilidad social o cultural. Son mimados por miles de seguidores y patrocinados por las marcas, así anda la sociedad...

Hace un tiempo vi la entrega de el más que cirdi "Balón de Oro". Todo un aparato ocupado por millonarios esclavos de la pelota que solo merecen el reconocimiento de nuestro asombro. Nunca nuestro amor u odio. ¡Gente grande! dejándose embaucar.

A los periodistas presentes, les sugeriría se abstengan de ser partícipes de farsas promocionales para vender ídolos por parte de los agentes e intermediarios solo con el objetivo de promocionar el Mundial de Qatar. ¡Niéguense a asistir (si no es con sentido crítico) a ese banquete de lobos, habiendo nacido corderos. ¡Eríjanse en señores de algo! No pretendan cohabitar espacios bajo las alas del águila, confórmense con orgullo del pedazo de tierra en que se apoya su lecho, su mesa, y la cuna de sus hijos... ¡Sean dignos de ellos! prescindiendo de alabar al papá de los tres monigotes vestidos de pajarita como un mero fanático!

No se olviden que ellos, los genios, pasan de ustedes, son como carpinteros pisando las virutas de su propia obra. Ustedes no se hundan en la genuflexión, sino desaparecerá la raza de los periodistas decentes. Y al final verán que todos somos vulgares, finitos, imperfectos, vulnerables y que la simple manera de vivir siempre estará por encima de ellos, los extraordinarios, los genios que estremecen de fanatismo un estadio de fútbol. Esos genios te harán correr sin voluntad debido a sus caprichos a lo largo de mil situaciones y mil valores contradictorios. Esos genios del balón que flotan en la masa humana sin adherírsele, pues sobrenadan en la superficie tal como las sustancias grasas, como si no tuvieran alma; son como seres abstractos, intangibles y encima de los más tacaños que conocí. Un jugador de fútbol es igual que un político, concurre a todos los asados sin poner ni para el carbón. Y rarísimas veces está a la altura de los fanáticos sinceros que le forman séquitos. Son millonarios y miserables. Solo satisfacen una enorme aberración y tienen estrella. El oficio de luminaria del fútbol es egoísta, deprimente y cruel...

Aún siguen ustedes los periodistas formulándoles las cursi-preguntas sobre si están contentos con el triunfo... siguen con las obviedades igual que los jugadores; podrían ser más originales. Si volviera a mí época, yo les hubiera preguntado a algún arquero de un adversario del Real Madrid, si no se dejaría hacer un gol en contra por una noche con Sara Carbonero (ex mujer de Casillas)...

Recuerdo una vez que presencié una respuesta de un responsable del equipo técnico de Talleres. El periodista, papel en mano, le preguntó cómo estaba el pie izquierdo, esa zurda mágica de Alderete (que estaba lesionado) y aquel le contestó: ''Sí, efectivamente, tiene una zurda mágica, señor periodista, pero también, tiene un tarro de bosta en la cabeza''. ¡Cómo me reí!

No hay como los cordobeses para el absurdo de los chistes inteligentes, superiores a los cursis de los pseudo intelectuales que siempre sacan a relucir al camarote de los hermanos Marx y no dejan de ser pelotudeces. Por ejemplo: va un negro a un bar y pide un sangüiche de cocodrilo, a lo que el mozo le responde con naturalidad: ''Lo lamento señor, se me acabó el pan''.

O este otro, en el área peatonal donde uno se estaba lustrando los zapatos; pasa un amigo, se detiene y le dice: ''Qué te pasa? te veo mal'', ''¿Porqué?'' pregunta el otro, ''Y ¡porqué te veo con un pie en el cajón!".

Siguiendo con mi recuerdo de esa noche aquerosa de la entrega del Balón de Oro, me dio pena cuando todo había concluido, ver a una periodista corriendo en pos de un mentiroso embaucador como Laporta, micrófono en mano, quien le cerró la puerta en las narices, quedando como una pobre mandada, como los paparazzis, cuando por un cierto sentido estético, tendrían que mantener una distancia y una ética que nunca debe abandonar un periodista de verdad.

Pasando a los jugadores de fútbol ''normales'', conocí algunos (pocos), como Sebastián Viberti quien, siendo técnico de Belgrano, en los años 1970, ante los insultos y la violenta negativa para que no entre al camarín, por parte de uno de sus jugadores, le ordenó que se retire con la autoridad que caracterizaba su fuerte personalidad. O el negrito Garay, defensa lateral, marcador de wingers, colega de copas y de tangos peñeros; el Mingo Ceballe de los Piratas del '68, que fue compañero de equipo mío en el pueblo ''El Arañado'' en su época de San Lorenzo, cuando hacía partidos extras; el gringo Dalombo, Anacleto Peano quien me auxilió con cincuenta pesos porque me quede seco en la ciudad de Rosario con 18 añitos, y él que jugaba en Newell's, me conocía de vista de la ciudad de Río Cuarto; el Pucho Arraigada con quien compartimos muchos asados en la casa del ''Padrino''; la Milonga Heredia padre; toda gente noble, simple, sin trapisondas morales ni miserias en que caen generalmente los jugadores profesionales hasta llegar a convertirse en seres indeseables para mi persona.

Y siempre la Wanora... soy tan cursi que todavía guardo su foto (porque fue el mejor jugador que vi en mi vida y la mejor persona) junto a la de Nicolino Locche.

Yo seguiré siendo cursi, siempre recordaré la primera vez que visité Nueva-York, me impregné de la ''voz'', la impostación sublime de Frank Sinatra, para decir esas dos palabras... O sentirme en Montmartre escuchándolo a Aznavour en ''La Bohemia'' y volar con Alberto Cortez en ''Castillos en el aire'' o volver a ser niño con ''Sueño de barrilete'' con Roberto Rufino... Y como la Edith Piaf ''Je ne regrette rien'' o sea no me arrepiento de nada: ni de los errores ni las equivocaciones y menos de mi cursilería.

Y ahora sí, pongo el final con el polaco Goyeneche en un verdadero himno para muchos. Para los locos, para los cursi, para los cajetudos y para todo aquel que piense que esta medio colifa. Pero este emblemático tango también es para aquellos  que piensan que son cuerdos, pero en el fondo son unos hermosos locos, como este humilde servidor, que no tiene problemas en decir que es un poco loco, un poco cursi y un poco lo que ustedes quieren que sea...

Las tardecitas de Buenos Aires tiene ese qué sé yo, ¿viste?
Salís de tu casa por Arenales, lo de siempre, en la calle y en vos
Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo
Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus
Medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel
Dos medias suelas clavadas en los pies y una banderita de taxi libre levantada en cada mano
Te reís, pero sólo vos me ves
Porque los maniquíes me guiñan, los semáforos me dan tres luces celestes
Y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares
Y así, medio volando y medio bailando
Me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita y te digo
Ya sé que estoy pianta'o, pianta'o, pianta'o
¿No ves que va la luna rodando por Callao?
Que un corso de astronautas y niños con un vals me baila alrededor
Bailá, vení, volá
Ya sé que estoy pianta'o, pianta'o, pianta'o
Yo miro Buenos Aires del nido de un gorrión
Y a vos te vi tan triste; vení, volá, sentí el loco berretín
Que tengo para vos
Loco, loco, loco
Cuando anochezca en tu porteña soledad
Por la ribera de tu sábana vendré
Con un poema y un trombón a desvelar tu corazón
Loco, loco, loco
Como un acróbata demente saltaré
Sobre el abismo de tu escote hasta sentir
Que enloquecí tu corazón de libertad, ya vas a ver
Ya vamos a llegar, querida mía. Subite a mi ilusión súper-sport
Y vamos a correr por las cornisas con una golondrina en el motor
De Vieytes nos aplauden: "¡Viva, viva!, los locos que inventaron el amor"
Y un ángel y un soldado y una niña nos dan un valsecito bailador
Nos sale a saludar la gente linda
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!
Provoco campanarios con la risa
Y al fin, te miro y canto a media voz
Quereme así, pianta'o, pianta'o, pianta'o
Trepáte a esta ternura de locos que hay en mí
Ponéte esta peluca de alondras y volá, volá conmigo ya
Vení, volá, vení
Quereme así, pianta'o, pianta'o, pianta'o
Abrite los amores que vamos a intentar
La mágica locura total de revivir
Vení, volá, vení
Trai-lai-lai-larará
¡Viva!, ¡viva!, ¡viva!
Loca ella y loco yo
Locos, locos, locos
Loca ella y loco yo
¡Viva, locos!, ¡viva, locos!
¡Viva!, ¡viva!, ¡viva, locos, locos!

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