Tristeza infinita: Talleres perdió otra final y sus hinchas no tienen consuelo

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De una manera injusta e increíble, Talleres se terminó quedando sin nada este domingo en la final de la Copa Argentina 2022.

 
Patronato de Paraná se terminó coronando campeón al vencerlo 1 a 0, en un cotejo que no mereció y que terminó ganando por un tanto de carambola convertido en el minuto 32 del segundo tiempo, a través de Thiago Banega.

Así, el elenco de Paraná quedó clasificado para la Copa Libertadores 2023.

El Matador perdió su segunda final al hilo de la competencia, en un dolor que será inmenso y que llevará días cicatrizar.

Para la “T” quedará mirar hacia adelante y empezar a planificar la próxima temporada, luego de una enorme decepción.

 
EL PARTIDO
Talleres tuvo la iniciativa desde la primera jugada intentando buscar rápidamente a Rodrigo Garro, el encargado de darle claridad a la ofensiva. Gandolfi apostó por Michael Santos de “9″, con un tridente detrás conformado por el talentoso zurdo en el centro, el colombiano Diego Valoyes y el juvenil Gonzalo Alvez como extremos.

La primera acción fue justamente un remate de Santos, de zurda, que se fue por arriba. Patronato, en tanto, salió dispuesto a aguantar esos primeros minutos.

 
 
A los 4 minutos fue Valoyes quien tuvo una opción clarísima: peinaron una pelota al corazón del área que le cayó a Garro y “Rodri” lo habilitó al colombiano, que remató desviado en posición favorable.

El Matador iba con todo en ese primer tramo del partido, convencido y dispuesto a llevarse a los de Paraná por delante. El gol parecía que llegaría pronto. O al menos esa era la idea de los de Gandolfi: abrir rápido el cotejo.

A los 11, otra vez la “T” se arrimó con real peligro y todo nació de los pies de Garro. El pampeano, desde una jugada preparada de pelota parada, habilitó a Alvez, quien metió un tremendo derechazo que el arquero Altamirano pudo rechazar cuando se le metía bien arriba.

 

El “Patrón” no lograba acomodarse ni tener la pelota para poder cruzar la mitad de cancha e incomodar a Alan Aguerre.

El elenco de barrio Jardín seguía estando “ahí” y desperdiciando situaciones muy favorables en ese comienzo furioso. Iban 17 minutos cuando Santos recibió de espaldas en el área, giró y su remate de derecha pasó por toda el área chica sin meterse en el arco ni nadie que la pudiera empujar.

Valoyes era un problema sin solución para el fondo de Patronato, que tenía muchas fisuras y era sostenido por su arquero Altamirano, gran figura ante River y Boca en las series anteriores. El guardameta cedido por Banfield también quería serlo ante la “T”.

El conjunto rojinegro recurría a las faltas para cortar el juego de su rival y antes de los 25 minutos ya tenía dos mediocampistas amonestados: Leys y Acevedo. Era toda una señal de impotencia por no poder controlar el trámite.

Justamente Leys se iría lesionado a los 29 e ingresaría Thiago Banega en los paranaenses, que debían reacomodar la zona de volantes antes de la media hora.

Recién en ese minuto por primera vez Aguerre tuvo que intervenir despejando con los puños un centro peligroso. Hasta ahí, todo había sido de Talleres.

 
Hasta el cierre del primer tiempo la historia se repitió, con un equipo de Gandolfi que no aprovechaba sus oportunidades. A los 38, Valoyes remató desde adentro del área, pero su potente zurdazo también salió desviado.

El dominio en esos 45 minutos fue abrumador. Pero para ganar hay que hacer goles y Talleres, hasta allí, no los podía hacer.

La sensación es que la “T” estaba haciendo un muy buen partido, enfocado y siendo intenso. Pero le faltaba la puntada final.

El complemento

Para el complemento la historia arrancaría similar y rápidamente Patronato tendría a sus dos zagueros amonestados: Ojeda y Quintana.

Ya a los seis minutos Enzo Díaz tuvo la apertura del marcador tras un centro de Garro, pero su cabezazo se fue arriba, dentro del área chica.

Los 30 mil hinchas del Matador empujaban y alentaban jugando su propio partido, como lo había pedido el presidente Andrés Fassi con su frase: “es el partido de la gente”.

Sava metió dos cambios más a los 10 minutos para darle aire a su 11 titular que tenía cuatro tarjetas amarillas (cinco si se cuenta a Leys, que ya se había retirado).

El cotejo iba ingresando poco a poco en su etapa decisiva y los de Paraná parecían cada minuto sentirse más cómodos con un empate que los depositaba en los penales. Justamente su arma predilecta y la que los había traído hasta la final.

A los 17, Catalán metió un cabezazo tras un córner que fue justo a las manos de Altamirano.

Mientras tanto, Gandolfi buscaba en el banco el revulsivo que le permitiera quebrar el partido y el marcador: mandaba a cancha a Matías Esquivel y Ulises Ortegoza.

Justo después, a los 20, Patronato tendría su opción más clara con un remate de Estigarribia muy bravo que Aguerre logró resolver. Así, los arqueros se iban volviendo trascendentales en la historia del partido.

 
La final pedía una aparición de jerarquía de un futbolista que pudiera romper el equilibrio. En ese interín, el juego del Matador pareció bajar de revoluciones y su rival lo aprovechó para animarse un poquito más. A esa altura del cotejo, los nervios también “jugaban” y aparecían imprecisiones.

Y, a los 32 minutos, Patronato se encontró, de rebote, con un gol increíble. Tras un cierre de “Rafa” Pérez, Banega tomó la pelota de mitad de cancha, avanzó y enganchó, y cuando fue a trabar la bola salió disparada para meterse por encima de Aguerre. De manera insólita, los de Paraná se ponían en ventaja cuando quedaban pocos minutos para el cierre.

 
En el cierre, Talleres lo buscó con toda su impotencia en el cuerpo y no podría. Patronato se refugió, aguantó y terminó festejando un triunfo increíble e imposible de describir. Casi sin hacer nada, se llevó todo.

Fuente: La Voz del Interior

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