El corazón cordobés tiene que ser un corazón "culiau"

POLÍTICA - LA COLUMNA DE JOSÉ ADEMAN RODRÍGUEZ 17 de abril de 2022 Por José Ademan RODRÍGUEZ
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Existe un tema cuartetero que habla de los colores, ese del ''amarío patito'' y ''verde boteia'' y que se rubrica con la pregunta obligatoria: ''Y el negro??!''... EL NEGRO ES UN CULIAU.

Y pensé que nadie mejor que Carlos Jiménez Rufino haría un ''corazón culiau''. Sería algo impresionista! Cercano al neorealismo cuartetero, un corazón más real, genuino, auténtico, cordobés, muy lejos del flechazo de Cupido y la cursilada del amor atravesado.

Otros (los vacunólogos), lo atraviesan con jeringas, para ''frenar'' la pandemia. O para combatir el tabaquismo lo queman introduciéndole cigarrillos.

El corazón culiau sería un golazo, por su forma retórica y ornamental, porque digan lo que digan, al cordobés se lo recordará siempre por el cuarteto, nos guste o no.

Además, creo en el gancho popular de Jiménez, que así como se atrevió a llevar al escenario lo del ‘negro es un culiau’, le lanzo el desafío a dedicarle ese tema al corazón.

Y conste que me disgustó que Jiménez practique sado-masoquismo durante su actuación, ultrajando a una mujer (metaforicamente, aclaro) en un espectáculo impresentable. Pero, como no soy inspector, ni gendarme de braguetas ajenas, lo voy a dejar pasar... sé que Jiménez tiene un fondo de ternura.

Hace más de veinte años, le presenté a mi hijo adoptivo, síndrome de Down, y se portó divinamente, alegrándole la noche. No se acordará, pero yo se lo agradezco, aunque tarde.

Mona, por favor, eternice el culiau. Sé de sus facultades creativas, total por decir culiau no pasa nada... Las palabras no son las sucias, sucios son los gobiernos que estafan al pueblo argentino, sucio es el hombre que con una mentira en los labios preña a una mujer y luego nace una verdad que es un hijo. Sé que usted puede querida mona. Será en el nombre de mi hijo el Kiko que está en el cielo.

Pobre corazón loco...

Si hasta el que inventó el bypass, René Favaloro, disparo con suma precisión a la moral de los gobernantes argentinos, pero en su propio miocardio, harto de promesas incumplidas. Pobre corazón loco...

Y vas con tic-tac, tic-tac, rítmico, inclaudicable, a pesar de los amores más contradictorios o como emblema de auroras de cobre y bronce o crepúsculos que se desangran en el horizonte...

Tú, impertérrito... sigues con tus diástoles-sístoles... te abres, te cierras... tic-tac, tic-tac. Te paso como a la luna, que luego que la pisaron, perdió la misteriosa aureola virginal, dejo de convertirse en la pálida inoportuna de instantes sentimentales... ahora es como una chafalonía de la vieja Selene.

Hay un marcado paralelismo entre el corazón y la luna, cual si ésta fuese una pestaña colgada del cielo en su fase de cuarto menguante.

La luna llena convoca demonios, aullidos de lobos, excita el amor, dispara brotes sicóticos, aumentando los índices de criminalidad con esotéricos mensajes. A mí me enternece la luna llena. Y lo sublime de escuchar ''la luz de la luna mojo sus pestañas, cuando se entornaron jurándome amor'' en la voz de Edmundo Rivero.

La plata es el símbolo de la luna, como el oro es el del sol. También con balas de plata, se mata los lobos.

Así se prohibió también la leyenda de Drácula, a quién para matarlo, le clavaban una estaca en el corazón. El dictador Nicolau Ceaucescu, le chupó toda la sangre al pueblo de Rumanía, en nombre del marxismo-leninismo. Típico de los comunistas, esto de esquilmar pueblos.

 

En Argentina, te llaman el bobo, por tu nobleza y buenismo, degradando como una mercancía, que falta de respeto. Como llamarle el ‘barba’ a Jesucristo a influencia de Maradona, creyendo que es el colmo de la originalidad; mientras le adoraba las barbas a un asesino como el Che Guevara a quien lo tenía tatuado.

Pobre corazón loco...

Y lo más vejatorio, el menoscabo más anti romántico fue que se pueda comer, de a trocitos, como el anticucho de los peruanos, donde se engarzan en una brochette.

No le cabe en el pecho, dicen de la gente buena y noble, y no por la cardiomegalia propia de muchos ciclistas y atletas.

Recibís todos los golpes emocionales, tanto para el carcajeo o las lágrimas, de felicidad o de pena, te van bloqueando los caminos, aplastando el cigarrillo que siempre es el último, el que despierta los ateromas de las coronarias para facilitar la acción de la ''asesina silenciosa'' con el tsunami de la hipertensión que espera agazapada con las zarpas escondidas para desprender el trombo.

Tic......... Tac................. Tic..................................................................

''No me quieras matar corazón'', dicen los románticos del bolero...

''Maldito corazón'', cantaban Los panchos...

''No me hablen de ella, porque es un pedazo de mi corazón'', decía Rodolfo Lezica.

''Si me hablarás corazón'', de Argentino Ledesma.

''Adiós corazón'', por Roberto Florio.

¡Todas letras de una desesperante cursilería! Así hemos escuchado a cantantes extraordinarios abordar estos ramplones temas cardiopaticos y así hemos escuchado a Nino Bravo, en ''Para darte mi corazón''; Alberto Cortés en ''A todo corazón''; Serrat con su ''Llueve en el corazón''; Frank Sinatra, la voz emblema de Nueva York con su ''Corazón joven'' junto a Doris Day; Carlos Gardel con su ''Corazón de papel'' y ''araca corazón'' y Montserrat Caballé aseguró que el corazón de Pavarotti era más grande que su voz.

Así como los tangueros tienen un politraumatismo umbrío-luminiscente de estilo valleinclanesco, como en su Sonata de Primavera, también en la literatura todo lo que se idealiza, lo espiritual, sin ir más lejos el amor, se relaciona equivocadamente con el corazón, cuando todo está en el entendimiento, en el raciocinio. Al final, el corazón sólo es una masa muscular cuya función es la de impulsar la sangre a la circulación mayor y menor, actuando como una bomba hidráulica. Decir así como así a un romántico que se trata de una bomba le puede causar consternación, le puede chocar, como seguro le chocó a Shakespeare, quien ponía en el corazón el punto más álgido de las emociones amorosas de Romeo y Julieta, o la daga de Otelo para callar su corazón pleno de celos. Repasando la filosofía, vemos que la localización de los sentimientos y de los pensamientos más superiores del mismo ser y, finalmente, del alma fue, para muchos prehipocráticos y prearistotélicos, el corazón. Pero ojo, corazones, que viene Aristóteles y concibe el cerebro como el centro de localización del alma humana, desterrándola de la roja carne muscular cardíaca. Galeno sitúa el espíritu vital en la rete mirabilis (red admirable), por debajo del cerebro.

 

A las imágenes brutales, desgarradoras, con hectolitros de hemoglobina, mutilación, horror y salvajismo de la televisión o el cine, el encargado de los efectos sonoros las acentúan hasta lo más desgarrador con el boom-boom de los latidos. No importa si la película va de amor, de suspenso o de guerra. Siempre el corazón presente como una bomba de relojería pronta a hacer explosión. No tendremos ni más amor ni más terror por más boom-boom que te pongan. Siendo más prosaico, ¿por qué a otros órganos como el hígado, los pulmones, el páncreas o los riñones no se les valora poéticamente como al corazón? Siempre, sea en las

desgracias o las alegrías, se habla sólo del corazón. ¿Por qué no hacerles poesías a los otros? Sería fisiológicamente más justo, más democrático. O acaso, ante un fracaso amoroso, un cimbronazo sentimental, un tipo que no “rehaga” su vida y se entregue al alcohol, ¿qué órgano es el que más sufre? ¡El hígado, claro está!, y con una posible cirrosis. Y cuando uno se entrega a la pasión amorosa en un Fiat 600, puede quedar la secuela de una hernia discal y encima, a nivel de la carótida, la marca delatora de un hematoma moretón ciruela. Y si la práctica se hace de parado junto a un árbol, ¿qué corazón? ¡Los riñones…! Y en este plan de complejidades anatómico-orgánicas-amatorias, está el caso de la prostituta brasileña que llegó al corazón de Maradona a través del dedo gordo del pie, chupándoselo. ¡Qué embrollo esto del corazón y el amor! Se abusa del corazón en las metáforas.

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Del pusilánime se dice que es blando de corazón. El insensible, déspota o malparido es duro de corazón. Tengan cuidado del que te habla con el corazón en la mano, seguro es un hipocritón de cuidado; desconfíale. “Te lo digo de corazón”, Julio o Miguel, seguro les habrá dicho Isabel Preysler; ¡si lo habrá repetido Liz Taylor en los ochenta y pico de matrimonios que tiene en su haber! Del seductor se dice que es un rompecorazones, cuando en realidad lo que rompe es otra cosa. Tengo una corazonada, dice el que intuye algo por descubrir. Y se le hiela el corazón al atónito o sorprendido. Somos todo corazón, habrán pensado los militares argentinos del proceso mientras provocaban fibrilaciones y paros cardíacos con la picana eléctrica. Los yanquis crearon la orden del Corazón de Púrpura, que es la orden militar más antigua de los EEUU, fundada no precisamente para amar, como pueden serlo las simbologías místico-religiosas del Sagrado Corazón de Jesús o de María, aunque también la religión recarga en el corazón todo el sentido de la adoración, cuando no es eso lo que amamos, sino el conjunto de virtudes y valores espirituales de Madre e Hijo. Falla mucho el corazón en los últimos tiempos, porque lo usan muy poco para querer… De ahí tanto angor pectoris.

Pero es en nuestro tango y en las óperas donde se alcanzan los límites más ridículamente macabros. Hay un tango, ''A la luz del candil'', cuya letra dice: “Las pruebas de la infamia las traigo en la maleta, las trenzas de mi china y el corazón de él”. Eso sí, el corazón tiene forma y color que lo destacan estéticamente de otras vísceras. Posee curvas magníficas y agraciadas como la manzana, la fresa, un buen culito. Su color rubí lo pincela bello, mucho más que el rojo coágulo amarronado del hígado. El que no montaba tragedias con el corazón es el Zurdo, a quien por lo enano le llamaban corazón hediondo, al tenerlo cerca del trasero y lejos del amor. Tan bajo que siempre salía en el borde inferior de la foto: sólo asomaba su cabezota. Con él sí que el gordito Cupido tendría que haber apuntado bien el flechazo, pues se lo podría haber clavado donde no se debía.

Pero lo más horrible y cursi de las alegorías cardiopáticas, es el ''Corazón partío'' de Alejandro Sanz. Así como Luis Llach tiene voz de gata en celo, Alejandro Sanz la tiene como un lacerante desgarro ocotal o un pronunciado estreñimiento. Y por más que haya ganado quinicientos Grammys Latinos o americanos, se puede ir a la concha de la madre de su amiguete Miguel Bosé.

Para acabar, un tema dedicado a quien era todo él, puro corazón, y al ponerse melancólico, lo depositaba sobre sus rodillas. La letra es de Homero Expósito, y la voz magistral del mejor cantor de tango que cantaba contando historias llenado los silencios, y que hizo un arte con las indecisiones, puntos y comas en su fraseo: el polaco Roberto Goyeneche. El tema se llama ''Ese muchacho Troilo''.

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