
¿Dormir la siesta todos los días aumenta el riesgo de demencia? Qué encontró una investigación
NOTICIA DE INTERÉS Ismael YASNIKOWSKI

Dormir la siesta todos los días podría ser mucho más que un simple hábito de descanso. Una investigación de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, determinó que las personas mayores que duermen la siesta a diario presentan un riesgo estimado de demencia un 48 % mayor en comparación con quienes nunca o rara vez recurren a ese descanso diurno.
El trabajo, publicado en la revista científica The Journals of Gerontology y difundido por el medio alemán DW, dio seguimiento durante un máximo de diez años —hasta 2023— a 995 beneficiarios del programa Medicare de 65 años o más que al inicio de la observación, en 2013, no mostraban indicios de deterioro cognitivo.
Los científicos analizaron la frecuencia, la duración y el carácter voluntario o involuntario de las cabezadas. Al cabo del período, 417 participantes —alrededor del 42 % del total— fueron clasificados como casos de demencia posible o probable.
Quienes duermen la siesta a diario casi duplican la proporción de casos respecto a los que no lo hacen
Los datos, recogidos por el portal científico StudyFinds, revelaron diferencias marcadas entre los grupos. El 51 % de quienes descansaban con frecuencia durante el día recibió una clasificación de demencia posible o probable, frente al 42 % de los ocasionales y el 38 % de quienes nunca o rara vez optaban por ese hábito.
Para afinar los resultados, el equipo aplicó un análisis estadístico que contempló factores demográficos, condiciones de salud previas y patrones de sueño nocturno. Tras ese ajuste, la cifra se mantuvo contundente: dormir la siesta la mayoría de los días o a diario se asoció con un 48 % más de riesgo estimado de deterioro cognitivo. Los descansos ocasionales, en cambio, no arrojaron una conexión clara con la enfermedad.
Las siestas involuntarias elevan el riesgo un 39 %, mientras que las planificadas no muestran asociación
La frecuencia no fue el único factor determinante. El estudio también distinguió entre quienes programaban sus descansos y quienes se quedaban dormidos sin proponérselo. En este segundo grupo, la probabilidad estimada de demencia resultó un 39 % superior a la de quienes nunca o rara vez recurrían a esas pausas diurnas. Los reposos planificados, tras el ajuste por condiciones clínicas y rutinas de sueño, no exhibieron una relación significativa.
Los participantes que se dormían de forma involuntaria también presentaban más enfermedades crónicas, más síntomas de depresión y un mayor riesgo de apnea del sueño. Esos hallazgos abren la posibilidad de que las cabezadas no buscadas sean, en realidad, un reflejo de otros problemas de salud subyacentes y no un detonante directo del deterioro cerebral.
Fuente: Infobae

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