
La crianza en la era digital: ¿Cuántas horas de pantalla pueden perjudicar a tu hijo?
NOTICIA DE INTERÉS Marian SANZOTTI

El uso de dispositivos tecnológicos en menores de cinco años se ha consolidado como un recurso habitual dentro de las rutinas del hogar, generando tensiones y preocupación en el ámbito familiar. Un estudio cualitativo elaborado por el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires en conjunto con la Universidad Austral reveló que la exposición temprana a celulares, tablets y televisión actúa como una "salvación" cotidiana para los cuidadores, aunque desencadena importantes dilemas éticos y sentimientos de culpa ante los posibles efectos en el neurodesarrollo infantil.
La investigación, basada en grupos focales con madres, padres y abuelos, destaca que la tecnología suele emplearse para gestionar momentos de sobrecarga, como lograr que los niños coman, se calmen o permitan la realización de tareas domésticas. Sin embargo, los participantes expresaron alarma por las consecuencias observadas en la conducta infantil, señalando alteraciones en el sueño, retrasos en el lenguaje, problemas de atención y menor tolerancia a la frustración. Los especialistas advierten que la utilización del celular como respuesta automática al llanto o al aburrimiento dificulta la construcción de mecanismos propios de autorregulación emocional.
El informe expone una clara brecha socioeconómica en las dinámicas de contención. En los sectores vulnerables, la falta de redes de apoyo y la sobrecarga monoparental intensifican el uso de pantallas, reduciendo el margen de los adultos para sostener límites firmes o proponer actividades alternativas. Paralelamente, el estudio distingue los hábitos según el soporte: mientras que la televisión se vincula a consumos familiares compartidos, los dispositivos móviles promueven un uso individual, fragmentado y expuesto a los algoritmos de plataformas digitales.
Estos hallazgos coinciden con las advertencias de la Sociedad Argentina de Pediatría, entidad que aconseja evitar las pantallas en menores de dos años y limitarlas a una hora diaria entre los dos y cinco años. Los profesionales de la salud subrayan que la sobreestimulación sensorial a edades tempranas desplaza el juego físico, la conversación cara a cara y el movimiento, favoreciendo el sedentarismo y afectando el aprendizaje. Ante este panorama, las familias reclaman herramientas concretas y consensos comunitarios para regular el consumo tecnológico sin que la crianza dependa del aislamiento digital.








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