De Loredo ya piensa en 2027 y la oposición sigue sin rumbo

CÓRDOBA Por Juan Palos

hoy

RESUMEN

  • Rodrigo de Loredo convirtió el acto de renovación de autoridades de la UCR cordobesa en el lanzamiento de su carrera hacia 2027.
  • El radical ratificó que pretende encabezar la oposición y presentó un ambicioso programa de reformas para Córdoba.
  • Al mismo tiempo, Luis Juez y Gabriel Bornoroni mantienen su propio armado político y la unidad opositora continúa sin resolverse.
  • De Loredo dice querer una gran alianza, pero su lanzamiento personal profundiza la disputa por quién debe conducirla.
  • Mientras la oposición se pelea por la candidatura, Martín Llaryora mira la pelea desde el poder.

La política cordobesa tiene una particularidad que parece repetirse elección tras elección: cuando el peronismo tiene problemas, la oposición encuentra la manera de complicarse sola.

Y esta vez el protagonista es Rodrigo de Loredo.

El acto de asunción de las nuevas autoridades radicales terminó funcionando como plataforma de lanzamiento de De Loredo hacia la gobernación de Córdoba en 2027. El exdiputado no se limitó a hablar del futuro de la UCR. Se presentó como quien pretende encabezar el proyecto opositor que enfrente al peronismo provincial.

Y acá aparece la primera contradicción.

De Loredo habla de construir una alternativa para terminar con el poder del PJ, pero al mismo tiempo vuelve a poner su candidatura personal en el centro de la escena, cuando la oposición todavía ni siquiera logró sentarse seriamente a definir cómo competirá.

La cuestión no es si tiene derecho a ser candidato. Por supuesto que lo tiene.

La cuestión es política.

¿Era necesario lanzar ahora una candidatura individual cuando todavía no está resuelto el mecanismo para construir una oposición unificada?

De Loredo quiere conducir

De Loredo aprovechó el acto radical para presentar dos manifiestos y desplegar un discurso con fuertes críticas al peronismo. Habló de una profunda reforma del Estado, reducción de cargos y áreas, cambios tributarios, modificaciones en educación y seguridad y eliminación de organismos que cuestiona por su funcionamiento.

Es decir, no fue un acto partidario más.

Fue el primer gran paso formal de su proyecto 2027.

Y eso modifica el tablero.

Porque del otro lado están Luis Juez y Gabriel Bornoroni, que tampoco parecen dispuestos a ceder gratuitamente el liderazgo de la oposición.

Juez, de hecho, viene hablando abiertamente de su intención de disputar la gobernación y acaba de lanzar una frase que no deja demasiado margen para las interpretaciones: “Yo quiero el sillón en el que estás sentado vos”, le dijo directamente a Llaryora.

Bornoroni, por su parte, viene construyendo su propio espacio dentro de La Libertad Avanza y buscando consolidar una estructura provincial.

Tres dirigentes. Tres proyectos. Una sola gobernación.

Y ahí está el problema.

El enemigo está enfrente

La pregunta que debería hacerse cualquier dirigente que quiera derrotar al peronismo cordobés es bastante sencilla:

¿qué conviene más, tener tres candidatos opositores o construir una alternativa capaz de concentrar el voto opositor?

No hace falta ser especialista en ciencia política para comprender que una oposición fragmentada puede terminar facilitando la tarea del oficialismo.

Y eso es justamente lo que vuelve polémico el movimiento de De Loredo.

Porque Llaryora no necesita que De Loredo quiera ayudarlo para que una oposición dividida pueda resultarle conveniente.

Son dos cosas completamente diferentes.

No hay evidencia que permita afirmar que De Loredo quiera beneficiar deliberadamente al gobernador. Al contrario, su discurso está construido alrededor de la necesidad de terminar con el ciclo peronista en Córdoba. Pero las consecuencias políticas de una estrategia no siempre coinciden con las intenciones de quien la ejecuta.

Y una oposición dividida objetivamente le quita presión al oficialismo.

El antecedente que nadie debería olvidar

Córdoba ya conoce perfectamente esta película.

La historia reciente demuestra que las peleas internas, los personalismos y las candidaturas superpuestas pueden terminar convirtiéndose en un formidable salvavidas para el oficialismo.

Por eso resulta llamativo que, cuando todavía falta más de un año para la elección provincial, la discusión opositora esté concentrada en quién será candidato antes que en cómo se construirá la unidad.

De Loredo plantea que quiere una alianza con otros sectores opositores. Incluso ha hablado de la necesidad de sumar a Juez y Bornoroni.

Perfecto.

Pero entonces aparece la pregunta inevitable:

¿la alianza se construirá alrededor de un candidato ya lanzado o primero se construirá la alianza y después se definirá quién la encabeza?

No es un detalle.

Es la diferencia entre una coalición y una suma de ambiciones personales.

El ego también juega

En política nadie se presenta a una elección provincial por casualidad.

Quien quiere ser gobernador quiere ser gobernador.

Y eso es absolutamente legítimo.

El problema aparece cuando la ambición individual empieza a ocupar el espacio que debería ocupar una estrategia colectiva.

De Loredo siente que tiene argumentos para encabezar. Juez siente exactamente lo mismo. Bornoroni también construye su propio camino.

Todos tienen derecho.

Pero Córdoba tiene una sola gobernación.

Y mientras los tres sectores opositores discuten quién debe conducir, Martín Llaryora tiene algo que los otros todavía no tienen: el poder institucional de la provincia.

Ese es el dato que no debería perderse de vista.

Llaryora observa

Hoy hay una oposición que todavía no termina de encontrar un esquema común mientras el oficialismo mantiene su propia dinámica.

Entonces la pregunta no es si De Loredo puede ser candidato.

Puede.

La pregunta tampoco es si tiene derecho a pelear por la gobernación.

Lo tiene.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿su lanzamiento fortalece la construcción de una alternativa opositora o profundiza una división que todavía no fue resuelta?

Porque una cosa es decir que se quiere terminar con el peronismo cordobés.

Otra, bastante diferente, es conseguir que los que quieren terminar con el peronismo puedan caminar juntos.

Y hoy eso todavía no está resuelto.

Córdoba necesita algo más que candidatos

De Loredo tiene una oportunidad enorme para demostrar que su candidatura no es simplemente una aventura personal.

Tiene que demostrar que puede sentar en una misma mesa a Juez, Bornoroni y al resto de los sectores que pretenden disputar el poder provincial.

Porque si cada uno llega con su propia candidatura, su propio espacio, su propio discurso y su propia estructura, la elección puede transformarse en una competencia entre opositores antes que en una disputa contra el oficialismo.

Y ahí aparece nuevamente Llaryora.

No porque De Loredo trabaje para Llaryora.

No porque Juez trabaje para Llaryora.

No porque Bornoroni trabaje para Llaryora.

Sino porque cuando los que quieren cambiar el gobierno se enfrentan entre ellos, el que gobierna tiene menos motivos para preocuparse.

Ese es el verdadero peligro.

De Loredo acaba de lanzar su carrera hacia 2027.

Ahora habrá que ver si está dispuesto a construir una oposición o si pretende que la oposición se construya alrededor de él.

Porque Córdoba no necesita solamente un candidato que quiera ser gobernador.

Necesita saber si quienes quieren sacar al peronismo del poder están dispuestos a dejar de mirarse el ombligo y empezar a mirar el objetivo.

Y mientras tanto, en El Panal, alguien seguramente estará siguiendo esta interna con mucha atención.

Porque si la oposición consigue dividirse sola, Llaryora ni siquiera tendrá que hacer demasiado esfuerzo para que el juego siga a su favor.

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