Rodrigo de Loredo, la piedra en el zapato que tira del saco para abajo

CÓRDOBA Por Jorge Levin

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JORGE LEVIN
Por Jorge Levin

RESUMEN

  1. La oposición cordobesa enfrenta el desafío de terminar con casi treinta años de predominio peronista y construir una alternativa competitiva.
  2. El objetivo también pasa por lograr un fuerte respaldo a Javier Milei, evitando que las internas opositoras fragmenten el voto.
  3. Rodrigo de Loredo mantiene su aspiración a la Gobernación, pero su candidatura es presentada como un posible factor de división dentro de la oposición.
  4. Luis Juez y Gabriel Bornoroni aparecen como protagonistas de una eventual definición, que debería surgir de mediciones, acuerdos y capacidad electoral.
  5. La clave será que todos los sectores opositores trabajen detrás de un candidato común, dejando de lado egos y candidaturas personales para evitar convertirse en una “mochila de plomo”.

La oposición cordobesa tiene una oportunidad que no debería desperdiciar.

Después de casi treinta años de gobiernos peronistas, el objetivo debería estar muy claro: construir una alternativa capaz de ganar la Gobernación y terminar con un ciclo político que lleva décadas en el poder.

Pero hay algo más.

La oposición cordobesa también tiene la posibilidad de darle a Javier Milei un triunfo contundente en una provincia que ha demostrado tener una importante presencia del voto libertario.

Para eso, sin embargo, hay que dejar de jugar a la rosca.

Porque la política cordobesa tiene una vieja enfermedad: los dirigentes muchas veces terminan enamorados de sus propias candidaturas antes que de los objetivos colectivos.

Y cuando eso sucede, empieza la división.

La piedra en el zapato, hoy, se llama Rodrigo de Loredo.

El exdiputado parece no haber comprendido que una cosa es tener derecho a ser candidato y otra muy distinta es tener posibilidades reales de ganar una elección.

De Loredo se aferra a su candidatura a gobernador y sostiene que está más firme que nunca.

Está bien.

Que compita si quiere.

Pero la oposición cordobesa también tiene derecho a preguntarse si esa candidatura suma o resta.

Porque si el objetivo es derrotar al peronismo, cada punto que se pierda por una candidatura personal puede terminar siendo decisivo.

Y no hace falta ser un genio de la política para entenderlo.

El radicalismo cordobés, además, ya no tiene la fuerza de otras épocas. Quedó reducido a una estructura que, para buena parte del electorado, representa una política vieja, demodé y con dirigentes que todavía parecen discutir con las reglas de la política del siglo pasado.

Pero tampoco hay que caer en el error de creer que el problema es solamente el radicalismo.

El verdadero problema es la dispersión de la oposición.

Si cada dirigente pretende ser candidato, si cada sector quiere conservar su pequeña parcela de poder y si todos creen que sin ellos no existe una alternativa, el resultado puede ser un verdadero regalo para el peronismo.

La oposición cordobesa necesita entender que primero está el objetivo y después las candidaturas.

Y hoy, guste o no guste, uno de los nombres que más aparece en la conversación electoral es Luis Juez.

También está Gabriel Bornoroni.

Entre esos nombres y otros que puedan demostrar competitividad debería construirse una alternativa. Una alternativa que se mida con encuestas, territorio, estructura y capacidad real de sumar al voto independiente.

Después, el que resulte elegido deberá contar con todos.

Y cuando decimos todos, es todos.

Radicales, libertarios, juecistas, dirigentes independientes y todos aquellos sectores que quieran terminar con el ciclo peronista.

Porque si la oposición cordobesa vuelve a cometer el pecado de dividirse, después no podrá echarle la culpa a nadie.

No será culpa del peronismo. Será responsabilidad de una oposición que no supo ponerse de acuerdo.

Y ahí es donde De Loredo debería preguntarse qué papel quiere jugar.

Porque insistir con una candidatura sin consenso puede terminar convirtiéndose en una mochila de plomo.

Y una oposición que necesita correr una maratón electoral no puede hacerlo cargando mochilas.

La política también exige generosidad.

A veces hay que encabezar.

A veces hay que acompañar.

Y a veces, aunque duela, hay que entender que el proyecto colectivo está por encima de la candidatura personal.

La oposición cordobesa tiene una oportunidad enorme.

Pero para aprovecharla necesita algo bastante sencillo: dejar de mirarse entre ellos y empezar a mirar al adversario electoral.

Porque mientras ellos discuten quién quiere ser candidato, el peronismo seguramente estará encantado.

Y hay algo que deberían recordar todos los dirigentes opositores: si quieren cambiar una historia de casi treinta años, no pueden empezar escribiendo el próximo capítulo con una interna entre ellos.

La oposición cordobesa necesita unidad, estrategia y decisión.

Y, sobre todo, necesita que nadie tire del saco para abajo.

Hoy, desde esta mirada, De Loredo lo está haciendo.

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