La construcción sigue en crisis y espera un nuevo ciclo de obras, inversión y crédito hipotecario
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- La construcción perdió entre 62.300 y 65.000 empleos registrados desde noviembre de 2023.
- El sector concentró aproximadamente un tercio de la destrucción total del empleo asalariado privado durante el período.
- La paralización de la obra pública y el freno de la inversión privada profundizaron la caída de la actividad.
- Las concesiones viales y las grandes inversiones energéticas y mineras aparecen como posibles motores de recuperación.
- La falta de crédito hipotecario continúa limitando la demanda de viviendas y la rentabilidad de nuevos proyectos.
- La recuperación dependerá de que los grandes proyectos anunciados se transformen en obras concretas y de que mejore el financiamiento.
La construcción continúa atravesando una de las etapas más complejas de las últimas décadas, con una fuerte pérdida de actividad y empleo desde fines de 2023. La paralización de buena parte de la obra pública nacional, el freno de numerosos proyectos privados y las dificultades para acceder al financiamiento provocaron un deterioro que todavía no logró revertirse pese a la recuperación registrada por otros sectores de la economía.
Los datos disponibles muestran la magnitud del impacto. Desde noviembre de 2023, la construcción perdió entre 62.300 y 65.000 puestos de trabajo asalariados registrados, una reducción superior al 14% del empleo formal de la actividad. La contracción adquiere mayor relevancia porque el sector explicó aproximadamente un tercio de la destrucción total de puestos privados registrados durante ese período.
El retroceso fue comparable, en términos absolutos, con el sufrido por la industria manufacturera, que perdió alrededor de 66.500 empleos. Sin embargo, la construcción tuvo un deterioro proporcionalmente mayor debido a su elevada intensidad en mano de obra y a su histórica dependencia de la inversión pública y del financiamiento para el desarrollo de nuevos emprendimientos.
La recuperación de la economía argentina tampoco logró distribuirse de manera uniforme. Mientras actividades vinculadas con la energía, la minería, el agro y las finanzas mostraron una evolución favorable después del piso alcanzado durante el primer trimestre de 2024, la construcción permaneció entre los sectores más rezagados. La menor inversión, las elevadas tasas de interés y la caída del poder adquisitivo limitaron tanto la ejecución de obras como el lanzamiento de nuevos proyectos inmobiliarios.
Frente a este escenario, el Gobierno apuesta a que las concesiones de infraestructura puedan convertirse en uno de los principales motores de la recuperación. Los nuevos procesos licitatorios vinculados con rutas y corredores viales apuntan a trasladar progresivamente hacia el sector privado parte del esfuerzo inversor que anteriormente recaía sobre el Estado.
El problema es que, hasta el momento, el avance de las licitaciones todavía no se tradujo en una cantidad significativa de obras iniciadas. Para que el impacto llegue efectivamente a las empresas constructoras y al empleo será necesario que los proyectos adjudicados pasen a la etapa de ejecución y comiencen a movilizar demanda de materiales, servicios y trabajadores.
El otro factor decisivo es el crédito hipotecario. La falta de financiamiento de largo plazo constituye una de las principales restricciones para el mercado inmobiliario argentino. Sin préstamos accesibles, la demanda de viviendas nuevas permanece limitada y los desarrolladores encuentran dificultades para justificar económicamente nuevos proyectos.
Desde la industria de materiales para la construcción también advierten que el problema no se reduce exclusivamente al costo de edificar. La relación entre el precio de venta de las propiedades y los costos de construcción resulta determinante para definir la rentabilidad de los emprendimientos. Si el valor de las unidades no acompaña el costo de levantar nuevos edificios, los proyectos pierden atractivo y la inversión se posterga.
A esto se suma la ausencia de grandes obras públicas nacionales, que durante otros períodos funcionaron como un importante generador de empleo. Aunque provincias y municipios mantienen determinados proyectos, su escala resulta insuficiente para compensar la retracción registrada a nivel nacional.
El horizonte de recuperación comienza a vincularse entonces con grandes inversiones en infraestructura asociadas a Vaca Muerta, la minería y otros proyectos alcanzados por el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones. Rutas, puentes, gasoductos, oleoductos, ferrocarriles y otras obras podrían generar una demanda significativa para constructoras y proveedores.
Sin embargo, buena parte de esas iniciativas todavía se encuentra en una etapa preliminar. El desafío será transformar los anuncios y proyectos en obras concretas. Para la construcción, la recuperación dependerá de que confluyan inversión en infraestructura, desarrollo de proyectos privados y un mercado hipotecario capaz de ampliar la demanda.
El escenario, por lo tanto, permite observar una expectativa de reactivación, pero no todavía un cambio definitivo de tendencia. La construcción puede encontrar nuevos motores de crecimiento en los próximos años, aunque el regreso del empleo y de los niveles de actividad perdidos requerirá que las inversiones previstas efectivamente comiencen a ejecutarse.



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