
Milei empieza a ganar la batalla más difícil: la inflación de mayo fue del 2,1%
OPINIÓN Por Jorge Levin

Durante años, millones de argentinos escucharon promesas de todo tipo. Planes económicos, controles de precios, acuerdos sectoriales, congelamientos y discursos que culpaban a empresarios, comerciantes o al contexto internacional. Sin embargo, mientras las explicaciones se multiplicaban, la inflación seguía destruyendo salarios, jubilaciones, ahorros y cualquier posibilidad de planificación para las familias argentinas.
Hoy, por primera vez en mucho tiempo, los números comienzan a mostrar una realidad diferente.
La inflación de mayo fue del 2,1%, según informó el INDEC, consolidando una tendencia de desaceleración que hasta hace pocos meses parecía imposible. Después de haber alcanzado el 3,4% en marzo, el índice descendió al 2,6% en abril y volvió a bajar durante mayo. La inflación acumulada en lo que va del año es del 14,7%, mientras que la variación interanual se ubicó en el 33,2%.
Pero más allá de las estadísticas, lo verdaderamente importante es que Argentina empieza a recuperar algo que había perdido hace décadas: previsibilidad.
La inflación es el impuesto más cruel porque golpea principalmente a quienes viven de un salario, una jubilación o un ingreso fijo. Durante los años del kirchnerismo, la emisión monetaria sin control se transformó en la herramienta elegida para financiar un gasto público que nunca encontraba límites. La máquina de imprimir billetes funcionaba a toda velocidad mientras el poder adquisitivo de los argentinos se derrumbaba mes tras mes.
El resultado fue una economía profundamente distorsionada, donde nadie sabía cuánto costaría un producto al día siguiente, donde las empresas no podían proyectar inversiones y donde los trabajadores estaban condenados a correr permanentemente detrás de los precios.
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier Milei decidió atacar el problema desde su raíz. Con equilibrio fiscal, reducción del déficit, disciplina monetaria y una fuerte señal de ordenamiento de las cuentas públicas, comenzó a desmontar uno de los mecanismos que durante años alimentó la inflación.
Por supuesto que el camino no estuvo exento de costos. El ajuste fue profundo y todavía existen sectores que atraviesan dificultades. La recuperación económica no avanza con la misma intensidad en todas las actividades y persisten desafíos importantes vinculados al consumo, la inversión y el empleo.
Sin embargo, los resultados empiezan a aparecer y ya no pueden ser ignorados.
La inflación de mayo no solamente se ubicó por debajo de muchas proyecciones privadas, sino que ratifica una tendencia descendente que se viene consolidando desde hace varios meses. Incluso el Banco Central, a través del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), proyecta que en los próximos meses la inflación podría perforar la barrera del 2% mensual.
Mientras tanto, el ministro de Economía, Luis Caputo, sostiene que es cuestión de tiempo para que la inflación argentina converja hacia niveles internacionales. Hace apenas un año semejante afirmación hubiera parecido una fantasía; hoy comienza a verse como una posibilidad concreta.
Lo más trascendente es que Argentina vuelve a ser un país más serio y previsible. La estabilidad cambiaria, el orden fiscal y la desaceleración de los precios generan condiciones indispensables para recuperar la inversión, fomentar el empleo privado y reconstruir la confianza.
Nadie puede afirmar que todos los problemas están resueltos. Los salarios todavía deben recuperar terreno, la actividad económica necesita consolidar su crecimiento y millones de argentinos continúan enfrentando dificultades cotidianas.
Pero también sería absurdo negar una realidad evidente: se terminó la larga noche del populismo inflacionario que llevó al país al borde de una hiperinflación.
La Argentina comienza a dejar atrás un modelo basado en el gasto sin control, la emisión permanente y la ilusión de que se podía crear riqueza imprimiendo dinero. Ese camino fracasó una y otra vez.
Hoy, por primera vez en mucho tiempo, el país discute cómo crecer y desarrollarse sobre bases más sólidas. La inflación ya no parece un monstruo imposible de derrotar.
Javier Milei todavía enfrenta enormes desafíos políticos, económicos y sociales. Pero si logra consolidar este proceso, habrá conseguido algo que durante décadas pareció inalcanzable: devolverle valor a la moneda, previsibilidad a la economía y esperanza a millones de argentinos.
RESUMEN
1. La inflación de mayo fue del 2,1%
El dato informado por el INDEC confirmó una nueva desaceleración y consolidó la tendencia descendente de los últimos meses.
2. La inflación dejó de acelerarse
Tras marcar 3,4% en marzo y 2,6% en abril, el índice volvió a bajar y fortalece las expectativas de estabilidad.
3. El equilibrio fiscal comienza a mostrar resultados
La política económica impulsada por Javier Milei apunta a eliminar las causas estructurales de la inflación.
4. Se terminó la emisión descontrolada
El abandono de las recetas populistas y de la financiación del gasto mediante emisión monetaria aparece como uno de los principales cambios de rumbo.
5. Argentina recupera previsibilidad
La estabilidad de precios permite a familias, trabajadores y empresas planificar con mayor certeza.
6. Todavía existen desafíos importantes
La recuperación económica sigue siendo desigual y muchos sectores aún enfrentan dificultades.
7. Milei gana su batalla más importante
Si la tendencia se mantiene, el Presidente podría consolidar uno de los mayores logros económicos de las últimas décadas: derrotar la inflación crónica.



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