
Cómo evitar el efecto rebote: las claves para que los fármacos contra la obesidad funcionen a largo plazo
SALUD Y NUTRICIÓN
Julia VOSCO

Los medicamentos agonistas del receptor de GLP-1 revolucionaron el tratamiento del sobrepeso y la obesidad al demostrar una eficacia sin precedentes para la pérdida de peso. Sin embargo, a medida que estos tratamientos se popularizan, surge una pregunta clave: ¿qué ocurre cuando el paciente deja de utilizarlos?
Una nueva investigación publicada en eClinicalMedicine aportó la evidencia más completa hasta el momento sobre la evolución de los pacientes después de suspender estos fármacos y confirmó una preocupación que ya había sido observada en estudios previos: la recuperación de gran parte del peso perdido tras abandonar el tratamiento.
El dato que preocupa a los especialistas
Los investigadores analizaron la información disponible y desarrollaron un modelo matemático capaz de proyectar la evolución del peso durante los años posteriores a la suspensión de la medicación.
Los resultados mostraron cifras contundentes:
- A las 52 semanas de dejar el tratamiento, los pacientes recuperan aproximadamente el 60% del peso perdido.
- La recuperación total podría alcanzar hasta el 75% del peso inicialmente bajado.
- El aumento de peso es más rápido durante los primeros meses y luego se desacelera progresivamente.
- Aun así, los pacientes suelen conservar una pérdida residual de entre el 4% y el 5% de su peso inicial.
Según explicó el doctor Federico Cuenca, cirujano bariátrico y miembro de la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO), estos resultados sugieren que algunos beneficios metabólicos pueden mantenerse en el tiempo, aunque de forma considerablemente reducida.
Por qué aparece el efecto rebote
Los especialistas señalan que uno de los principales problemas es que cerca de la mitad de los pacientes abandona el tratamiento durante el primer año, principalmente debido a los costos económicos o a los efectos adversos gastrointestinales.
Cuenca compara el funcionamiento de estos medicamentos con un mecanismo de control temporal del apetito.
“Cuando el fármaco desaparece, desaparece también la señal artificial de saciedad y el organismo vuelve a activar los mecanismos biológicos que favorecen la recuperación del peso”, explicó.
No obstante, el especialista aclaró que los agonistas de GLP-1 no funcionan únicamente como un efecto externo pasajero.
“Estos medicamentos pueden generar adaptaciones hormonales y cambios en la regulación cerebral del apetito, aunque de menor intensidad y duración que los observados tras una cirugía bariátrica”, sostuvo.
La comparación con la cirugía bariátrica
La doctora Susana Fuentes, médica diabetóloga y también integrante de la SACO, destacó que la cirugía bariátrica-metabólica produce modificaciones más profundas en el organismo.
Según explicó, mientras los medicamentos actúan mientras se administran, la cirugía modifica de manera estructural la comunicación entre el intestino y el cerebro, alterando hormonas relacionadas con el hambre, la saciedad y el metabolismo.
“La cirugía no solo ayuda a perder peso. También puede generar remisión prolongada de enfermedades como la diabetes tipo 2 y la hipertensión arterial mediante cambios fisiológicos duraderos”, señaló.
La especialista advirtió que muchos pacientes quedan expuestos a una rápida recuperación del peso cuando suspenden los medicamentos sin una estrategia de seguimiento adecuada.
Un tratamiento que debe entenderse como crónico
Uno de los puntos más debatidos actualmente es cuánto tiempo deberían utilizarse estos fármacos.
Las recomendaciones internacionales no son uniformes. Mientras algunos organismos establecen límites temporales para ciertos medicamentos, otros no fijan plazos máximos de tratamiento.
Para los especialistas, este escenario refleja una realidad que todavía no está completamente resuelta.
“La obesidad es una enfermedad crónica y tanto la cirugía como los tratamientos farmacológicos requieren seguimiento a largo plazo”, remarcó Fuentes.
Además, destacó que los pacientes deben comprender desde el inicio que no existe una solución definitiva basada exclusivamente en una medicación.
Las estrategias para evitar que el tratamiento sea un parche temporal
A partir de estos resultados, los investigadores proponen desarrollar nuevas estrategias para disminuir el efecto rebote, entre ellas la reducción gradual de la medicación en lugar de una suspensión abrupta.
Los expertos coinciden en que el verdadero desafío es construir programas de mantenimiento individualizados que incluyan cambios sostenibles en los hábitos de vida.
Según Cuenca, existen varios perfiles de pacientes que pueden beneficiarse especialmente de estos tratamientos:
Pacientes con mantenimiento a largo plazo
Personas con acceso sostenido al tratamiento y buena adherencia que pueden continuar utilizando el medicamento durante años o con dosis reducidas.
Pacientes que aprovechan el fármaco para cambiar hábitos
Aquellos que utilizan la disminución del apetito para incorporar conductas alimentarias saludables y actividad física de manera permanente.
Personas que no pueden someterse a cirugía
Pacientes con contraindicaciones quirúrgicas, edad avanzada o condiciones médicas que aumentan el riesgo operatorio.
Programas de retiro progresivo
Pacientes que siguen protocolos médicos de reducción gradual de la medicación para minimizar la recuperación del peso.
Uso complementario a la cirugía
Personas que utilizan los medicamentos antes de una cirugía bariátrica para disminuir riesgos o después de la intervención ante una eventual recuperación de peso.
El mensaje final de los especialistas
Los expertos coinciden en que el debate no debe centrarse en elegir entre medicamentos o cirugía, sino en diseñar tratamientos adaptados a cada paciente.
“El objetivo no es encontrar una solución mágica, sino construir estrategias integrales que permitan mantener los resultados en el tiempo”, concluyen.
La evidencia disponible muestra que los fármacos antiobesidad pueden ser herramientas muy eficaces, pero también deja una enseñanza clara: sin un plan de mantenimiento y cambios sostenidos en el estilo de vida, el riesgo de recuperar gran parte del peso perdido sigue siendo elevado.




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