



Por RICARDO ZIMERMAN
x: @RicGusZim1
Mauricio Macri encontró una manera elegante —o astuta— de volver a instalarse en el centro de la escena política sin anunciar absolutamente nada. Le alcanzó una frase. Apenas eso. “Voy a volver a cantar”, dijo, casi al pasar, frente a un puñado de periodistas. Y con esas cinco palabras consiguió lo que más necesita hoy un dirigente que pelea contra el peor enemigo de cualquier liderazgo: la irrelevancia.
La política argentina tiene una fascinación casi patológica con los regresos. Como si el sistema estuviera atrapado en un bucle permanente donde los protagonistas nunca terminan de irse del todo. Cristina Kirchner amagó durante años con retirarse y terminó condicionando gobiernos enteros. Sergio Massa reaparece cada vez que alguien lo da por liquidado. Y ahora Macri parece dispuesto a jugar otra vez con la idea de un retorno presidencial en 2027.
Pero hay algo más profundo detrás de esa frase aparentemente trivial. Porque cuando Macri dice que “va a volver a cantar”, en realidad está enviando varios mensajes al mismo tiempo. El primero es interno: el PRO todavía tiene dueño. El segundo es externo: Javier Milei no logró absorber completamente al universo macrista. Y el tercero, quizás el más incómodo para la Casa Rosada, es que el ex presidente cree que el experimento libertario todavía puede fracasar.
No hace falta que lo diga explícitamente. La sola insinuación alcanza para entender el clima que se respira en una parte importante del PRO. Hay dirigentes que acompañan al Gobierno, otros que sobreviven orbitando alrededor de Milei y algunos que empiezan a mirar el 2027 con una mezcla de ansiedad y cautela. Todos entienden algo elemental: si Milei logra estabilizar la economía y consolidar poder político, el macrismo corre el riesgo de convertirse en una pieza arqueológica. Pero si el Presidente tropieza, entonces aparece otra vez la vieja idea de “la experiencia”, “la gestión” y “el regreso responsable”.
Macri juega precisamente sobre esa ambigüedad.
Por eso también fue significativa su frase sobre Patricia Bullrich. “Ella es de La Libertad Avanza”, dijo, casi con frialdad administrativa. No fue una crítica explosiva ni una ruptura formal. Fue algo peor: una desvinculación emocional. Macri pareció hablar de Bullrich como alguien que ya cruzó definitivamente de vereda.
La escena tiene algo de ironía política. Bullrich fue la dirigente que heredó buena parte del capital simbólico del macrismo duro después de la derrota de 2019. Encarnó durante años el discurso de la confrontación frontal contra el kirchnerismo y terminó convertida en una de las funcionarias más poderosas de Milei. El problema para Macri es que el Presidente encontró en ella algo más útil que un aliado: encontró una dirigente capaz de hablarle al votante PRO sin necesidad del PRO.
Ahí aparece uno de los dilemas centrales del ex mandatario. ¿Cómo reconstruir identidad propia cuando gran parte de su electorado migra cómodamente hacia el oficialismo libertario? ¿Cómo diferenciarse de Milei sin quedar pegado al fracaso opositor? ¿Y cómo evitar que el PRO termine absorbido por una fuerza política que hoy parece tener más potencia electoral, más épica y más volumen digital?
La reunión realizada en la sede partidaria de la calle Balcarce, en el barrio porteño de San Telmo, tuvo justamente ese objetivo de fondo: mostrar que el PRO sigue vivo y que todavía conserva estructura nacional. El encuentro reunió a más de 70 legisladores y dirigentes de distintas provincias en medio de un momento delicado para el partido, atravesado por fugas hacia el oficialismo y tensiones internas sobre el vínculo con Milei.
La actividad fue organizada por Soledad Martínez, vicepresidenta nacional del PRO e intendenta de Vicente López, una de las dirigentes más cercanas a Macri. También participaron el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y Fernando De Andreis, histórico operador político del ex presidente. La foto buscó transmitir cohesión, aunque debajo de esa imagen persisten diferencias estratégicas profundas.
Más que una cumbre partidaria convencional, la reunión funcionó como una señal política hacia adentro y hacia afuera. Hacia adentro, para contener a dirigentes inquietos por el avance libertario. Hacia afuera, para recordarle al Gobierno que el PRO todavía puede convertirse en algo más que un simple aliado parlamentario.
Macri parece ubicarse en un punto intermedio: respaldar al Gobierno sin entregarle completamente su capital político. Aunque tampoco puede romper con Milei. Primero, porque comparte buena parte del rumbo económico. Segundo, porque su electorado acompaña mayoritariamente al Presidente. Y tercero, porque enfrentarse abiertamente al oficialismo podría acelerar la desintegración definitiva de su partido.
Entonces aparece este extraño equilibrio: apoyar al Gobierno mientras se deja abierta la puerta para reemplazarlo si las cosas salen mal.
En ese contexto también deben leerse sus declaraciones sobre el kirchnerismo. Cuando afirma que “están desarmados”, Macri no sólo describe a su adversario histórico. También intenta reinstalar la idea de que la verdadera disputa del futuro seguirá siendo entre dos modelos antagónicos. Es un intento de recuperar la lógica binaria que ordenó la política argentina durante más de una década y en la que él siempre supo moverse con comodidad.
Sin embargo, el problema es que Milei rompió precisamente esa estructura. El Presidente construyó poder destruyendo intermediaciones políticas tradicionales. Y eso incluye al kirchnerismo, pero también al macrismo.
La metáfora de “volver a cantar” también tiene algo melancólico. Como esos artistas que regresan a los escenarios buscando comprobar si el público todavía recuerda las canciones. Macri sabe que conserva influencia, estructura y capacidad de daño. Pero también percibe que el clima de época cambió.
El ex presidente apuesta a algo muy específico: que el desgaste natural del poder vuelva a abrirle una ventana hacia 2027. No necesariamente para él como candidato —aunque claramente ya no lo descarta— sino para el universo político que todavía representa.
El problema es que la política argentina suele ser despiadada con quienes intentan regresar apoyándose únicamente en el recuerdo de lo que fueron. Y Macri lo sabe mejor que nadie.





Michel presentó un proyecto para quitar beneficios fiscales a empresas chilenas por la ruta comercial con Malvinas


Una encuesta ubica a Milei mejor posicionado que Bullrich frente al peronismo

Diputados debate una ley para proteger la soberanía nacional


Alejandra Monteoliva puso en marcha el traslado de presos de Devoto a Marcos Paz

Bianco evitó respaldar una candidatura de Cristina Kirchner para 2027


Detrás de un crack inolvidable, una señora con mayúsculas

Caputo viaja a Tailandia con la mira puesta en el financiamiento de 2026 y 2027
















