Dólar bajo presión contenida: el Gobierno niega atraso cambiario en un escenario de abundancia de divisas

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El Gobierno descarta atraso cambiario pese a la apreciación real del peso
  • El dólar se mantiene estable por debajo de los $1.400 con inflación elevada
  • La oferta de divisas permite sostener la demanda sin presiones alcistas
  • El superávit comercial y el ingreso de capitales refuerzan el equilibrio
  • Las importaciones bajas ayudan al esquema pero reflejan debilidad económica
  • El foco del mercado se traslada al segundo semestre ante posibles cambios

La discusión sobre el nivel del tipo de cambio volvió a instalarse en la agenda económica luego de que el ministro de Economía, Luis Caputo, descartara de plano la existencia de atraso cambiario, aun cuando el dólar mayorista se mantiene por debajo de los $1.400 en un contexto de inflación que ronda el 3% mensual. La afirmación se produce en un momento en el que distintos analistas advierten sobre una apreciación real del peso y sus posibles efectos sobre la competitividad.

El propio funcionario reconoció que el índice de precios al consumidor de marzo mostró una aceleración respecto de meses anteriores, impulsada en parte por el encarecimiento de los combustibles asociado a tensiones internacionales. Sin embargo, sostuvo que la dinámica cambiaria responde a fundamentos sólidos y no a un atraso artificial.

En términos reales, el tipo de cambio actual se ubica en niveles relativamente bajos dentro del ciclo económico iniciado con la actual administración. De mantenerse esta tendencia, y con una inflación mensual que podría desacelerarse levemente, algunos cálculos indican que hacia mediados de año el valor del dólar podría acercarse a niveles equivalentes a los registrados antes de la devaluación inicial de fines de 2023.

El economista Salvador Vitelli aportó una serie de referencias históricas que permiten dimensionar el escenario actual. Según sus estimaciones, distintos episodios de tensión cambiaria de los últimos años —como la crisis de 2018, la volatilidad posterior a las primarias de 2019 o las corridas cambiarias de 2020 y 2023— implicarían hoy valores del dólar considerablemente superiores a los actuales si se ajustaran por inflación. Incluso el tipo de cambio previo a la última devaluación se ubicaría apenas por debajo de los niveles actuales, lo que refuerza la percepción de una apreciación relativa.

A pesar de estos indicadores, el mercado cambiario muestra una estabilidad poco habitual frente a una demanda privada sostenida. Entre diciembre y marzo, la compra de divisas para ahorro y turismo alcanzó niveles elevados, con un promedio mensual significativo que, en otros contextos, habría generado presiones alcistas. Sin embargo, el tipo de cambio se mantuvo contenido e incluso con leves bajas nominales.

La clave de este comportamiento radica en la oferta de divisas. Para 2026, las proyecciones apuntan a un superávit comercial robusto, impulsado por exportaciones que podrían acercarse a los 95.000 millones de dólares, mientras que las importaciones permanecerían en niveles relativamente bajos. A esto se suma el ingreso de dólares financieros a través de colocaciones de deuda corporativa y financiamiento externo, que refuerzan la disponibilidad en el mercado.

Este flujo permite atender simultáneamente las necesidades del sector público, que enfrenta vencimientos de deuda, y la demanda del sector privado, sin generar tensiones significativas en el tipo de cambio. En este esquema, el Banco Central ha mantenido una política de compras de divisas, acumulando reservas que luego son destinadas en gran medida al pago de compromisos externos.

No obstante, este equilibrio presenta matices. La acumulación neta de reservas es limitada, ya que buena parte de los dólares obtenidos se canalizan hacia el financiamiento del Tesoro. Además, una porción relevante de la estabilidad cambiaria se explica por un nivel de importaciones reducido, que responde tanto a restricciones previas como a una actividad económica aún débil.

En este punto, el bajo volumen de importaciones cumple un doble rol. Por un lado, contribuye a sostener el superávit comercial y a evitar presiones sobre el dólar. Por otro, refleja una economía que todavía no logra consolidar una recuperación sostenida, lo que introduce interrogantes sobre la calidad del equilibrio alcanzado.

Hacia adelante, el escenario base sugiere que la disponibilidad de divisas no será un problema inmediato, especialmente si se concreta una liquidación importante del sector agroexportador. Sin embargo, la atención del mercado comienza a desplazarse hacia el segundo semestre, cuando podrían emerger nuevas tensiones si cambian las condiciones actuales.

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