
Morosidad récord en el crédito: el endeudamiento de los hogares enciende señales de alarma
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

- La morosidad del sistema financiero alcanzó niveles récord en el último año
- El índice de cartera irregular superó el 10% del total de préstamos
- Los préstamos personales y tarjetas lideran el aumento del incumplimiento
- El crédito creció más rápido que los ingresos de los hogares
- Aumentan los atrasos en pagos básicos como servicios y educación
- Se debilitan las redes informales de financiamiento familiar
El crecimiento del crédito en Argentina, que en los últimos años se consolidó como uno de los principales motores del consumo, comienza a exhibir su costado más delicado. Los datos más recientes muestran un fuerte incremento en la morosidad, que alcanzó niveles récord y expone las dificultades de una parte significativa de los hogares para sostener sus compromisos financieros.
En un contexto donde el acceso al financiamiento se amplió de manera considerable, las familias acumulan actualmente un volumen de deuda superior a los $39 billones, con una marcada predominancia del crédito bancario. Este fenómeno refleja un cambio estructural respecto de años anteriores, cuando el endeudamiento informal tenía mayor peso. Sin embargo, la expansión del sistema financiero formal no vino acompañada, en todos los casos, de una mejora equivalente en la capacidad de pago.
El dato más relevante es el salto en la cartera irregular del sistema bancario. En el último año, el índice de mora se multiplicó de manera significativa, pasando de niveles relativamente bajos a superar el 10% del total de los préstamos. Esta evolución marca un quiebre en la tendencia previa y pone en evidencia un deterioro acelerado en la calidad del crédito.
El fenómeno es transversal a distintos productos financieros, aunque presenta diferencias en su intensidad. Los préstamos personales encabezan el deterioro, con tasas de incumplimiento que superan ampliamente los registros históricos recientes. Las tarjetas de crédito siguen una dinámica similar, lo que refleja las dificultades de los hogares para afrontar tanto deudas de consumo como obligaciones de corto plazo.
En contraste, los créditos hipotecarios muestran una mayor estabilidad, con niveles de mora significativamente más bajos. Este comportamiento se explica, en parte, por la existencia de garantías reales, que incentivan el cumplimiento de los pagos. Sin embargo, este segmento representa una porción menor del total del endeudamiento, por lo que su estabilidad no logra compensar el deterioro general.
El aumento de la morosidad se produce en un contexto donde el crédito creció con fuerza en los últimos dos años. La mayor disponibilidad de financiamiento, impulsada por cambios en la política económica y una mayor oferta bancaria, permitió que amplios sectores accedieran por primera vez a préstamos formales. No obstante, ese proceso también implicó una mayor exposición al riesgo financiero.
El desfasaje entre la evolución del crédito y la recuperación de los ingresos aparece como uno de los factores centrales detrás del problema. Aunque el financiamiento permitió sostener el consumo, muchos hogares enfrentan hoy dificultades para cumplir con sus obligaciones en un escenario donde el costo de vida continúa presionando sus presupuestos.
A esto se suma la situación de la deuda no bancaria, que si bien perdió participación relativa, sigue involucrando a millones de hogares. En este segmento, crecen los atrasos en pagos esenciales como servicios, expensas o cuotas educativas, lo que refleja un nivel de fragilidad aún mayor en los sectores más vulnerables.
Otro dato significativo es la reducción del peso de los préstamos entre familiares y amigos, históricamente un mecanismo de contención frente a dificultades económicas. Esta caída sugiere un agotamiento de las redes informales, lo que deja a muchas familias con menos alternativas para enfrentar situaciones de estrés financiero.
En este escenario, la morosidad récord no solo pone en cuestión la sostenibilidad del actual nivel de endeudamiento, sino que también plantea interrogantes sobre la evolución del consumo en los próximos meses. El crédito, que hasta ahora funcionó como un sostén, podría convertirse en un factor de vulnerabilidad si no se logra recomponer la capacidad de pago de los hogares.





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