
La historia de la hermana Theresa, la monja de Cabo Verde que dedica su vida a ayudar a los más pobres en Córdoba
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Agencia 24 NoticiasCuando llegó a la ciudad de Cruz del Eje con apenas un bolso y algunas pertenencias, la hermana Theresa Varela sintió que había encontrado su lugar en el mundo. En el norte cordobés la conocen simplemente como “hermana Theresa”, y desde hace casi tres décadas dedica su vida a acompañar a las comunidades más vulnerables.

Su historia recuerda, de algún modo, el llamado del Papa Francisco a “salir a las periferias”. Sin embargo, el camino que la llevó hasta allí comenzó muy lejos de Argentina.
Theresa nació el 30 de octubre de 1939 en Cabo Verde, donde creció en una familia numerosa junto a sus nueve hermanos. A los 19 años tomó una decisión que cambiaría su vida: ingresar a un convento de clausura.
La noticia generó un fuerte impacto en su familia. “Mi papá se enojó, mi hermano y mi primo rompieron mi pasaporte. Mi mamá lloraba, mi tía lloraba. Todos lloraban”, recuerda. Incluso tenía un novio con quien había imaginado formar una familia. Sin embargo, su vocación fue más fuerte y decidió seguir adelante con su camino religioso.
Un recorrido por el mundo
Antes de llegar a Argentina, la religiosa pasó por distintos países donde completó su formación. Vivió en Portugal, luego en Roma, más tarde en Estados Unidos, Colombia y Brasil.
Fue precisamente en Brasil donde dos experiencias marcaron profundamente su vocación. En un barrio pobre presenció cómo una madre arrastraba violentamente a su hijo porque no había conseguido dinero mendigando. Poco después vio a una niña llorar porque no tenía dinero para comprar un sachet de leche. Ese día decidió dedicar su vida a ayudar a los niños pobres.
En 1995 obtuvo permiso del Vaticano para abandonar la congregación y dedicarse a esa misión. Su siguiente destino fue Argentina. Primero llegó a Oncativo, aunque allí atravesó una etapa de dudas y búsqueda interior.
Finalmente, tras reunirse con el obispo Roberto Rodríguez Colomé, fue trasladada a San Marcos Sierras, cerca de Cruz del Eje. Tenía 56 años cuando llegó en 1997.
Los primeros pasos
Su primera vivienda fue un pequeño rancho típico del norte cordobés, con una sola habitación y un baño al que debía caminar unos cien metros para llegar. Sin vehículo ni recursos, recorría los barrios a pie después de sus oraciones matutinas.
En el barrio Los Sauces organizó el primer comedor comunitario, que se convertiría en el punto de partida de un proyecto mucho más grande.
El nacimiento de Misión Esperanza
Con el tiempo, Theresa creó la Fundación Misión Esperanza, desde donde impulsa iniciativas vinculadas a la salud, la alimentación y la educación.
La sede central del proyecto es Aldea Esperanza, ubicada sobre el kilómetro 7 de Cacique Tulián. Allí funciona una escuela del programa provincial de inclusión educativa, talleres de formación en enfermería y oficios, y una residencia para estudiantes de zonas rurales.
También organizan operativos sanitarios mensuales mediante un camión equipado que recorre distintas localidades del norte cordobés, llevando atención médica gratuita en pediatría, odontología, clínica general y enfermería. Las campañas incluso han llegado a La Rioja y Santiago del Estero.
Además, la fundación sostiene comedores en barrios como San Antonio, La Curva, La Rinconada, Los Altos y La Feria en Cruz del Eje, y en zonas rurales como San Nicolás y El Simbolar.
Gracias al trabajo de unos 60 voluntarios —entre médicos, docentes, enfermeros y cocineros— el proyecto asiste actualmente a unas 600 personas.
Una vida de servicio
A sus 86 años, Theresa mantiene intacta la energía que la impulsó a dejar su país natal. En su casa conserva recuerdos especiales: una gigantografía del Papa Francisco, una foto de un encuentro con Juan Pablo II y otra con Madre Teresa de Calcuta.
También recuerda con humor su relación con el exentrenador Carlos Bianchi y el humorista Jorge Guinzburg, quienes colaboraron con el proyecto a través de la fundación Por un Mundo Mejor. Gracias a ese apoyo se pudo construir la sede de Aldea Esperanza.
Fanática de Club Atlético River Plate, incluso conserva un diploma que la reconoce como “la mejor hincha de River”.
De cara a cumplir 87 años, asegura que no tiene cuentas pendientes. Su único deseo es seguir ayudando a los demás. Aunque guarda una ilusión personal: poder regresar una vez más a Cabo Verde para visitar a su hermana menor.
En su memoria aún resuenan las palabras que su madre le dijo cuando decidió partir: como el agua, debía aprender a rodear los obstáculos. Porque cuanto más fiel fuera a su compromiso, más desafíos encontraría en el camino.






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