
Trump lo hace de nuevo: quita sanciones a Rusia, mayor producción y fin de la guerra para bajar precio del petroleo
INTERNACIONALES
José ZIMERMAN

El mundo financiero ha vuelto a encontrar un eje de gravedad en la figura de Donald Trump. En un contexto donde los tambores de guerra en Medio Oriente amenazaban con llevar el barril de petróleo por encima de la barrera psicológica de los cien dólares, el mandatario estadounidense ha desplegado una estrategia de "pax energética" basada en la saturación del mercado y una narrativa de resolución inmediata del conflicto con Irán que, contra todo pronóstico, ha logrado domar la volatilidad de los mercados.
La clave de este respiro económico radica en una maniobra de doble pinza. Por un lado, la Casa Blanca ha procedido a una suspensión estratégica de sanciones petroleras, sobre todo a la Rusia de Vladimir Putin, permitiendo que el flujo de crudo inunde los puertos globales. Esta decisión, lejos de ser un gesto de debilidad, se presenta como una medida pragmática para evitar una recesión global provocada por los costos de la energía. Al inyectar certidumbre sobre la oferta, Trump ha forzado un retroceso en las cotizaciones internacionales, llevando al crudo Brent y al WTI a caídas superiores al 7% en jornadas críticas.
Pero no todo es logística; el factor psicológico ha sido determinante. Con su estilo directo y un tanto rudo, pero eficaz para los oídos de los inversores, el presidente ha asegurado que el conflicto en Medio Oriente está "prácticamente terminado". Esta retórica de clausura bélica ha modificado las expectativas de los inversores, quienes han pasado del pánico a la cautela constructiva. La promesa de un acuerdo comercial transatlántico, en el que la Unión Europea se compromete a adquirir masivamente energía estadounidense, refuerza la visión de un mercado que ya no depende exclusivamente de la inestabilidad del Golfo Pérsico.
Finalmente, la apuesta por la "dominancia energética" mediante la eliminación de trabas burocráticas ha permitido que la producción de Estados Unidos alcance récords históricos de 13,6 millones de barriles diarios. En este equilibrio de fuerzas, la administración ha logrado que la oferta propia actúe como un ancla frente a la inflación energética, devolviendo a las bolsas un optimismo que parecía extraviado entre los escombros de la geopolítica.
Trump lo hace de nuevo y este es, en definitiva, el triunfo de la realidad productiva sobre la especulación del miedo.



Recompensas, inteligencia y tensión: la nueva ofensiva de Washington contra Irán







Alberto Fernández redobla críticas: cuestionamientos a Adorni y al rumbo del Gobierno

Exportaciones en duda: señales mixtas detrás del optimismo oficial


El temblor global golpea a la Argentina mientras el dólar local se repliega


Passerini en el centro de una denuncia por millonaria defraudación al municipio










