

En una escalada de alto impacto global, Estados Unidos inició una ofensiva militar para recuperar el control del estratégico Estrecho de Ormuz, tras el bloqueo impulsado por el régimen de Irán. La vía marítima, clave para el comercio energético, concentra cerca del 20% del petróleo que se consume en el mundo, lo que la convierte en un punto neurálgico para la estabilidad económica internacional.
La operación tiene como objetivo central garantizar la libre navegación y evitar un colapso en el suministro de energía, en un contexto de creciente tensión geopolítica y temor a un shock en los mercados internacionales.
Despliegue militar para neutralizar amenazas
El operativo incluye un contundente despliegue de capacidades militares estadounidenses, con la participación de aviones de ataque A-10, helicópteros Apache, unidades de marines y avanzados sistemas de vigilancia aérea.
Las fuerzas están concentradas en desarticular la ofensiva iraní en el área, enfocándose en la destrucción de lanchas rápidas, drones y sistemas de misiles que han sido utilizados para hostigar y atacar embarcaciones comerciales en la zona.
Golpes a la infraestructura militar iraní
De acuerdo a reportes militares, los ataques ya han destruido o dañado más de 120 embarcaciones iraníes, en lo que representa uno de los golpes más significativos a la capacidad naval del país en los últimos años.
Además, las operaciones incluyen la neutralización de minas navales y misiles de crucero desplegados en la costa, con el objetivo de reducir drásticamente la capacidad de Irán para sostener el bloqueo y amenazar el tránsito marítimo.
Una operación compleja y prolongada
A pesar de los avances iniciales, expertos advierten que la ofensiva podría extenderse en el tiempo debido a la complejidad del terreno y la capacidad de resistencia del régimen iraní.
Irán aún mantiene una estructura militar activa que incluye cientos de lanchas ocultas, misiles móviles en plataformas terrestres y una red de infraestructura subterránea fortificada, diseñada para resistir ataques prolongados.
La geografía del estrecho —de apenas 39 kilómetros en su punto más angosto— representa un desafío adicional para las fuerzas estadounidenses, que deben operar en un entorno altamente hostil y de maniobra limitada.
El desenlace de esta ofensiva no solo definirá el control de uno de los pasos marítimos más importantes del planeta, sino que también podría reconfigurar el equilibrio de poder en Medio Oriente y tener consecuencias directas en la economía global.


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