
Tras la reforma laboral, Llaryora se refugia en la gestión y le baja el tono a la ofensiva opositora
CÓRDOBA
Agencia de Noticias del Interior

Luego del debate por la reforma laboral en el Congreso, el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, decidió cerrar filas hacia adentro y desdramatizar los movimientos de la oposición, apostando a un mensaje claro: la elección se definirá por la gestión y no por las especulaciones políticas.
Desde el Centro Cívico fueron tajantes al rechazar versiones que indicaban una estrategia coordinada en la votación. “Hubo libertad de acción total para los diputados”, aseguraron fuentes del oficialismo provincial, descartando cualquier tipo de línea bajada desde el Ejecutivo cordobés. En ese marco, también negaron que la ausencia del exgobernador Juan Schiaretti haya sido parte de una maniobra política calculada.
La lectura que hace el llaryorismo es pragmática: la discusión parlamentaria por la reforma laboral no debe convertirse en un campo de batalla interno ni en un eje que condicione la agenda provincial. Por el contrario, el Gobierno busca correrse del ruido nacional y concentrarse en mostrar resultados concretos de gestión, con obras, administración ordenada y presencia territorial.
“Las elecciones no se van a definir por el armado de la oposición, sino por lo que podamos exhibir como gobierno”, repiten en el entorno del gobernador. La estrategia es clara: evitar quedar atrapados en disputas ideológicas y colocar en el centro del debate la capacidad de gestión, una bandera histórica del cordobesismo.
En ese sentido, Llaryora intenta mantener el equilibrio entre la relación con la Casa Rosada y la autonomía política de la provincia. La reforma laboral expuso matices dentro del espacio que conduce, pero en el oficialismo provincial buscan mostrar esas diferencias como un signo de pluralidad y no como una fractura.
Mientras tanto, los movimientos opositores son observados con cautela pero sin sobreactuaciones. En el Centro Cívico consideran que todavía no hay una construcción sólida que pueda disputar con fuerza el modelo de gobierno provincial, y que cualquier intento de polarización anticipada puede terminar beneficiando al oficialismo si logra sostener una gestión ordenada.
Con este escenario, Llaryora apuesta a un camino clásico pero efectivo: menos discurso electoral y más administración. En tiempos de incertidumbre política y económica, el gobernador elige pararse en el terreno donde se siente más cómodo: el de la gestión diaria, convencido de que allí se jugará la verdadera contienda.





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