Llaryora busca oxigenar su gabinete con intendentes del interior que no podrán reelegir

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Marcos Torres, el intendente de Alta Gracia, en el radar del gobernador

El gobernador Martín Llaryora avanza en un rediseño político de su gabinete con un objetivo claro: fortalecer su gestión provincial de cara a 2027 y garantizar su reelección. En el Centro Cívico dan por descartado cualquier intento de proyección nacional y remarcan que el único horizonte del mandatario es Córdoba. En ese marco, comenzaron a circular nombres de intendentes peronistas que transitan su segundo mandato y no podrán renovar en sus municipios.

La estrategia apunta a sumar a dirigentes con territorio propio, conocimiento del interior provincial y capacidad de construcción política. Entre los primeros nombres que se mencionan aparece el de Marcos Torres, actual intendente de Alta Gracia y uno de los referentes jóvenes del justicialismo cordobés.

Con un estilo propio y un armado político con llegada a distintos sectores —especialmente entre sus pares del interior—, Torres lidera una de las ciudades más importantes fuera de la Capital. En los pasillos del llaryorismo lo observan como una pieza clave para reforzar un ministerio estratégico. El cargo que dejó vacante la actual vicepresidencia de la Legislatura Unicameral, tras la salida de Fernández, abrió especulaciones sobre un eventual regreso de Laura Jure a su banca. En ese escenario, Torres comenzó a sonar con fuerza para desembarcar en la cartera de Desarrollo Social.

Otro intendente que figura en la lista es Matías Torres Cena, dirigente del interior que, según reconocen en el Ejecutivo provincial, ya fue “sondeado” para evaluar su disponibilidad de dar el salto al Centro Cívico. Algunos apuntan a que podría ocupar un rol central en el Ministerio de Gobierno que conduce Calvo o incorporarse a áreas vinculadas a Seguridad.

También aparece Agustín González, quien transita su segundo mandato en Cruz Alta y cuenta con experiencia previa en la administración provincial. Este fin de semana encabezó el tradicional Festival de Jineteada y Folclore de su localidad, considerado el segundo más importante de Córdoba, con una convocatoria superior a las 40 mil personas, lo que volvió a posicionarlo como un dirigente con fuerte presencia territorial en el sudeste provincial.

González mantiene una buena relación con el intendente capitalino Daniel Passerini y diálogo fluido con Sergio Massa, aunque desde su entorno insisten en que se trata de “un dirigente del peronismo”. Un perfil que el oficialismo valora para consolidar una red de caciques territoriales rumbo a 2027.

En el mismo radar aparece Darío Chesta, otro jefe comunal con chances de incorporarse a una dirección o secretaría dentro del esquema provincial.

Entre los intendentes del PJ se repite una consigna que sintetiza el clima político actual: “Es Milei o nosotros todos juntos”. La idea de un peronismo unido en Córdoba empieza a tomar forma no solo en el discurso, sino también en la estructura de gobierno que Llaryora busca reconfigurar.

Con la mayoría de estos dirigentes entrando en el último tramo de sus gestiones municipales y con la apertura de sesiones legislativas prevista para el 1° de marzo, el gobernador acelera definiciones. El mensaje es claro: renovar el gabinete con figuras del interior, fortalecer el músculo territorial y construir desde ahora el andamiaje político para disputar con ventaja la elección provincial de 2027.

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