Ser millonario en dólares: una meta que deja de alejarse, pero sigue fuera del alcance en la Argentina

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El valor real del millón de dólares aumenta con el tiempo por la inflación global.
  • En la Argentina, los salarios no acompañaron ese proceso de forma sostenida.
  • En 2025, el objetivo equivale a unos $12,3 billones al tipo de cambio vigente.
  • El aumento en pesos se explica más por el dólar que por la inflación en dólares.
  • El esfuerzo necesario dejó de crecer y se redujo marginalmente respecto de 2024.
  • Sin crecimiento real de ingresos y productividad, la meta seguirá siendo simbólica.

Durante años, la idea de “ser millonario” funcionó como sinónimo de prosperidad, independencia financiera y ascenso social. Medida en dólares, esa condición —poseer un patrimonio neto superior al millón— fue históricamente presentada como un objetivo posible en economías estables y casi inalcanzable en contextos volátiles. En la Argentina, donde los cambios económicos se aceleran y los ciclos se comprimen, la pregunta ya no pasa por la definición del concepto, sino por su distancia real respecto de los ingresos y las oportunidades actuales.

El paso del tiempo también modificó el valor del propio millón de dólares. Ajustado por inflación estadounidense, el monto necesario para mantener el mismo poder adquisitivo no deja de crecer. El deterioro del valor del dinero es un fenómeno global: incluso en la principal potencia mundial, el dólar perdió gran parte de su capacidad de compra en las últimas décadas. Así, el “nuevo millón” es cada vez más exigente, aun en países con inflación moderada.

La diferencia central aparece al observar cómo se comportan los ingresos frente a ese proceso. En economías desarrolladas, los salarios tienden a acompañar, aunque sea parcialmente, la suba de precios. En la Argentina, en cambio, la persistencia de alta inflación, crisis recurrentes y fuertes devaluaciones impidió que los ingresos sostuvieran su poder adquisitivo de manera consistente. Ese desacople explica por qué la meta patrimonial, cuando se traduce a moneda local, se vuelve todavía más lejana.

En 2025, alcanzar el equivalente a un millón de dólares ajustado por inflación implica reunir alrededor de $12,3 billones al tipo de cambio vigente. Un año atrás, ese objetivo se ubicaba cerca de los $9,8 billones. El salto, cercano al 26% interanual en pesos, no responde tanto al encarecimiento del objetivo en dólares como a la evolución del tipo de cambio. Mientras el valor real del millón creció apenas unos puntos, el dólar se encareció con mayor fuerza en moneda local, ampliando la brecha.

Este movimiento se dio en un contexto distinto al de años anteriores. La unificación cambiaria y la eliminación de restricciones redujeron la dispersión de precios y aportaron mayor previsibilidad. La desaceleración inflacionaria permitió cierta recomposición nominal de los salarios, aunque todavía insuficiente para compensar el deterioro acumulado. El resultado es una situación ambigua: la estabilidad dejó de empeorar el panorama, pero aún no alcanza para modificarlo de fondo.

Medido en términos de esfuerzo, el cambio es leve pero significativo. Por primera vez en mucho tiempo, la cantidad de años necesarios para alcanzar ese objetivo patrimonial dejó de crecer y se redujo marginalmente. Con el salario promedio formal, un trabajador argentino necesitaría hoy más de cinco siglos de ingresos completos para llegar al “nuevo millón”. Aunque el número sigue siendo irreal para cualquier horizonte biológico, la mejora respecto del año previo marca un quiebre en la tendencia.

La comparación internacional ayuda a dimensionar el problema. En Estados Unidos, aun con salarios mucho más altos, el tiempo requerido también supera largamente una vida laboral. La diferencia es que allí la relación se mantiene estable, mientras que en la Argentina depende de shocks cambiarios y ajustes nominales. La reciente reducción del esfuerzo relativo no refleja una convergencia estructural, sino un efecto transitorio de mayor orden macroeconómico.

El desafío hacia adelante es transformar esa estabilidad en crecimiento sostenido. Sin mejoras duraderas en productividad, inversión e ingresos reales medidos en dólares, el millón seguirá siendo una referencia estadística antes que una posibilidad concreta. La economía argentina muestra señales de orden, pero todavía no logra convertirlas en prosperidad. La clave estará en que la estabilidad deje de ser un punto de llegada y se convierta, finalmente, en un punto de partida.

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